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29,000 estudiantes aprenden a comer mejor desde la cocina

UNICEF impulsa talleres en 81 escuelas de Ciudad de México y Mérida para que niñas y niños aprendan a comer sano desde la cocina, con ingredientes frescos, locales y accesibles.
Aprender a comer también pasa por saber qué hacer con los ingredientes. Medir, amasar, exprimir una fruta o preparar una receta son habilidades que acercan a las infancias a la alimentación saludable desde la experiencia. Esa es la apuesta de Nutrimóvil, una iniciativa que ha llevado talleres de cocina a casi 29,000 estudiantes de Ciudad de México y Mérida.
Lanzado en 2025 como parte de la alianza entre UNICEF y Novo Nordisk, el proyecto reporta 571 actividades en 81 escuelas. Su propuesta lleva la educación alimentaria a una tarea concreta: preparar recetas balanceadas con productos locales y frescos, y desarrollar confianza para participar en la cocina.
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El contexto explica la relevancia de esta intervención. De acuerdo con las cifras incluidas en el informe de la iniciativa, 36.5% de las niñas y los niños de cinco a 11 años y 40.4% de los adolescentes de 12 a 19 años presentan sobrepeso u obesidad en México. El boletín no precisa el año de referencia de estos indicadores.
Sin embargo, conocer qué conviene comer es apenas una parte del desafío. La disponibilidad de ingredientes, el presupuesto familiar, el tiempo para cocinar y las condiciones de la escuela también influyen en lo que termina en el plato. El programa reconoce estas barreras y propone preparaciones con alimentos locales, de temporada y accesibles.
De conocer el plato a saber prepararlo
Antes de definir las recetas y los materiales, la iniciativa realizó 24 grupos focales en ambas ciudades, además de entrevistas con personas adultas del entorno escolar. Escuchar a estudiantes, familias y docentes permitió identificar dificultades para preparar y consumir alimentos frescos; después, las actividades se ajustaron mediante pruebas piloto.

niñas y niños aprendan a comer sano desde la cocina
Los talleres distribuyen las tareas según la etapa escolar. En primero y segundo de primaria, las niñas y los niños mezclan, miden, amasan, exprimen y pelan con las manos. En tercero y cuarto incorporan acciones como picar, rebanar y rallar, con utensilios adecuados para su edad y bajo supervisión.
Las recetas sirven para explicar cómo integrar frutas y verduras hasta ocupar la mitad del plato, incorporar leguminosas o semillas, elegir cereales integrales y preferir agua simple frente a bebidas azucaradas. La intención es que esas decisiones puedan entenderse y practicarse durante la preparación de los alimentos.
La evaluación realizada en Mérida registró un aumento de 43.6% en conocimientos sobre cómo integrar un plato saludable entre participantes de primero y segundo grado. En tercero y cuarto, el conocimiento sobre la importancia de consumir leguminosas diariamente creció 30.7%; también se reportaron mejoras en la confianza para pelar frutas y verduras.
Estos resultados corresponden a aprendizajes y confianza para realizar tareas culinarias. El documento no presenta mediciones de cambios sostenidos en el consumo de alimentos ni de reducción del sobrepeso y la obesidad entre quienes participaron, una distinción necesaria para dimensionar el alcance de la intervención.
Para extender la experiencia al hogar, UNICEF desarrolló el recetario Cocinando Aventuras, con preparaciones saludables, nutritivas y económicas, así como actividades para distintas edades. El material invita a explorar sabores y texturas y a compartir tareas en familia, siempre con acompañamiento adulto.
“Garantizar una alimentación adecuada para niñas, niños y adolescentes exige escuchar sus experiencias y traducir la evidencia en mejores decisiones públicas”, señaló Cecilia de Bustos, jefa de Salud y Nutrición de UNICEF México, busca generar información que contribuya a la prevención de la obesidad infantil.
Llevar una receta del aula a la mesa familiar requiere que sus ingredientes estén disponibles, que alcancen para el presupuesto y que haya tiempo para prepararlos. La educación alimentaria encuentra ahí su siguiente desafío: lograr que lo aprendido al mezclar, cortar y cocinar pueda convertirse en una práctica cotidiana.



