Lectura 6:00 min
David Troice mide el tiempo con luz en Isla Project Space
David Troice presenta La luz y el tiempo, su más reciente exposición individual, con curaduría de Alejandro Sordo. La muestra reúne esculturas, obras ópticas y artefactos experimentales que exploran la relación entre la luz, el movimiento y la percepción del espectador. Podrá visitarse hasta el 31 de octubre en ISLA Project Space, en la Ciudad de México.

Exposición La Luz y el tiempo.
El acero, la hoja de oro, la madera balsa y el papel fotográfico conviven en La luz y el tiempo, la exposición individual de David Troice, inaugurada el 8 de octubre en ISLA Project Space, ubicado en Bucareli 120, en el Centro de la Ciudad de México.
La muestra reúne sus característicos origamis en acero con hoja de oro, una versión de menor formato de Widmanstätten, nueve obras ópticas tituladas Sistemas de interferencia y dos artefactos experimentales: Máquina para guardar luz y Máquina de inscripción lumínica, concebidos como un homenaje a la flama y a su importancia en la evolución humana.
Te puede interesar
Aunque los materiales y las técnicas son distintos, las piezas comparten una característica: su apariencia cambia según la posición del espectador, la luz y el tiempo que dedica a observarlas.

David Troice, artista.
—¿Cómo describirías la evolución de tu proceso creativo desde las primeras piezas de origami en acero hasta obras como Widmanstätten?
—David Troice: La describiría como una búsqueda de mi razón de existir en el universo. Andrey Tarkovsky escribe en Sculpting in Time: "El fin del arte es preparar a una persona para la muerte, para arar y rastrillar su alma, volviéndola capaz de volverse hacia el bien", y eso es mi proceso creativo in a nutshell.
El artista encuentra en ISLA un espacio afín a su manera de trabajar. Le interesan particularmente los ambientes industriales, con pisos de concreto y paredes sencillas, porque le recuerdan que la vida, como el proceso creativo, permanece en constante construcción.
Esa condición se refleja en la variedad de materiales utilizados: fibra de vidrio, resina, acero, madera balsa, hoja de oro, pintura, impresión UV y procesos experimentales de revelado fotográfico. Troice no considera que deba existir una limitación material cuando se trata de expresar una idea.
Para Alejandro Sordo, curador de la exposición, esta diversidad no representa una ruptura con la trayectoria anterior del artista, sino una profundización de su lenguaje. La describe como "una nueva vuelta completa de la espiral", en la que los recursos formales adquieren una dimensión más compleja. Reconoce en Troice algo de ingeniero de materiales, pero también a un creador que piensa con las manos y encuentra en el taller una forma de investigación.
—¿Cuál es el hilo curatorial de la muestra y cómo se articula la experiencia del visitante?
—Alejandro Sordo: El hilo es el tiempo y la luz. Me interesa pensar la exposición como una experiencia en la que la obra no se agota en su presencia física, sino que se activa en el tiempo que el espectador permanece frente a ella. La luz no aparece solo como tema, sino como materia, como acontecimiento y como testimonio. La obra cambia según la posición del cuerpo, la mirada, la duración y la disposición interior del visitante.
La participación del público resulta especialmente importante en las obras ópticas. En los Sistemas de interferencia, las líneas del vidrio modifican lo que percibimos al desplazarnos frente a las piezas. Algo semejante ocurre con Caged Cloud I, una estructura colgante de madera balsa cuya sombra proyectada sobre la pared forma parte de la experiencia visual.
En los cuartos del fondo, los dos artefactos experimentales proponen otra manera de acercarse a la luz. A partir de una flama, Troice establece una relación entre el fuego, la física y la fotografía, y vuelve visible aquello que normalmente pasa inadvertido.
—En esta muestra, ¿qué papel juegan la trama invisible, la geometría y el tiempo? ¿Cómo se materializan en las piezas?
—David Troice: Cada una de las obras revela información distinta dependiendo de dónde estés parado y desde qué lugar las observes. Pasa con la sombra que proyecta Caged Cloud I, la obra colgante de madera balsa, sobre la pared, y con la información que aparece en las obras enmarcadas, los Sistemas de interferencia, al interferir con las líneas del vidrio. Los artefactos que están en los cuartos del fondo muestran una perspectiva distinta de una simple flama y magnifican la magia detrás de la luz.
Esta relación entre la intención del artista y lo que finalmente sucede en la obra también atraviesa su proceso creativo. Troice explica que algunas piezas parten de una idea precisa y llegan al resultado previsto. Otras, en cambio, toman un rumbo inesperado durante su realización. Es entonces cuando considera que la propia obra comienza a guiarlo.
Sordo sitúa esta investigación dentro de una conversación más amplia sobre el arte óptico, cinético y lumínico, cuyas exploraciones tuvieron una presencia importante en México y América Latina durante las décadas de 1960 y 1970. Desde su perspectiva, Troice retoma algunas de esas inquietudes y las desarrolla mediante otros materiales, tecnologías y preguntas sobre la experiencia humana.
Más allá de sus referencias históricas, al curador le interesa que cada visitante construya su propia lectura. No propone un recorrido cerrado ni una interpretación definitiva, sino una experiencia que dependa de la atención y la sensibilidad de quien observa.

Muestra individual de Troice en ISLA Project Space.
En este sentido, la trayectoria de Troice muestra un desplazamiento interesante: de la obra que se contempla a la obra que ocurre. El acero doblado de sus primeras etapas sigue presente, pero ahora comparte protagonismo con fenómenos que no permanecen fijos, como las sombras, los reflejos y las interferencias visuales.
Para concluir, lo que considero más interesante de la propuesta no es tanto el número de materiales o técnicas reunidas, sino la manera en que consigue relacionarlos con una misma inquietud.
La diversidad puede enriquecer una exposición, aunque también corre el riesgo de dispersar su discurso. Lo importante es que cada recurso tenga una razón de estar ahí.
En La luz y el tiempo, las piezas más interesantes son precisamente aquellas en las que el efecto visual no se queda en un ejercicio técnico, sino que modifica nuestra manera de observar. La obra deja de ser algo que simplemente está frente a nosotros y se convierte en algo que sucede mientras la miramos.
El mirar también requiere tiempo, y cambiar de posición puede ser suficiente para descubrir algo que antes no habíamos visto.


