Es sintomático que, si uno googlea Upstream Color, una de las primeras opciones sea Upstream Color explained . Y es que la segunda película de Shane Carruth es una experiencia que necesita encore. Al salir de la sala debería haber un texto curatorial como los que hay en las paredes de los museos. ¿Qué diablos acabamos de ver?

Eso no es necesariamente un defecto. Nuestra cultura pasa por una etapa de pensamiento concreto. Toda obra creativa debe ser explicada. La sutileza no está de moda. Como alguna vez reflexionó David Foster Wallace, la pregunta retórica murió en nuestros días.

¿Qué significa vivir en la era en la que todo debe tener sentido? Que una película rayana en videoarte como Upstream Color se transforme en México en algo titulado Los colores del destino y sea promovida como una historia romántica ligeramente sci-fi. No lo es. Es... ¿qué es?

El mérito de Upstream Color no es que sea extraña, sino que, a pesar del viaje lisérgico, logre ser muy intrigante. Su cualidad es ser hipnótica.

Sólo recuerdo haber tenido una experiencia igual de desconcertante: la primera vez que vi Blue Velvet de David Lynch (Shane Carruth no es, de ningún modo, tan talentoso como Lynch. Las cintas de Lynch no sólo son extrañas e hipnóticas, también son pavorosas, poéticas, delirantes, como recordar completo un sueño).

¿De qué trata esto?

Antes de que aventure alguna teoría, lo conducente es que les cuente de que trata. Éste es uno de esos casos en los que your guess is as good as mine.

Kris (Amy Seimetz, un descubrimiento) es secuestrada en un antro. El secuestrador es un personaje oscuro y sin nombre que le inocula un parásito cuyo objetivo es robarle la voluntad. Sin que Kris tenga modo de resistirse, el ladrón le quita todo: su dinero y su identidad. Además, la mantiene días sin comer y sin dormir para hacer más poderoso el influjo del parásito. Una de las actividades que la pone hacer para mantenerla despierta es a copiar el Walden de Henry David Thoreau.

Cuando Kris es liberada no tiene conciencia de lo que le acaba de pasar, salvo que ver moverse bajo su piel unos gusanos (el parásito) que trata de retirarse con un cuchillo. Esa escena es como un intento de suicidio: el único modo de sobrevivir a lo que te destruye por dentro es matarte con él.

Sin embargo, Kris falla. No puede liberarse. De nuevo un personaje oscuro y sin nombre entra en su vida. Es un granjero que la atrae a su granja. El granjero libera a Kris extrayendo los gusanos e inoculándolos en una cerda.

La granja está llena de cerdos inoculados con el bicho. ¿Alter egos de las víctimas del ladrón? Sí. El granjero sabe todo del parásito: su origen, sus efectos y cómo vencerlo. Una vez que libera a alguien, el vínculo entre persona y cerdo es tan fuerte que lo que el puerco haga determina el destino de la persona. Así Kris conoce a Jeff (Shane Carruth): primero como puercos y luego como humanos.

Si todo esto suena a que es demasiado, no saben nada: lo que he contado es sólo el principio. Kris y Jeff se enamoraran, sin estar realmente conscientes de las circunstancias que los unen. Hay varias citas directas del Walden de Thoreau (una cicatriz mental de su secuestro) y una serie de sucesos que unen todavía más a Kris con su alter ego porcino. Hay cosas que no quiero contar porque revelar toda la trama es innecesario.

Una teoría

Si han llegado hasta aquí, quizá estén interesados en mi interpretación de todo esto. Creo que todo es una metáfora de nuestra relación con el poder.

Creo que la clave es el Walden y toda la obra de Thoreau. Thoreau, un pensador estadounidense libertario del siglo XIX, escribió Walden, la vida en los bosques, una memoria de la temporada que pasó viviendo en una cabaña aislada, tratando de vivir lo más auténticamente posible.

Además, Thoreau es uno de los grandes objetores de conciencia de la historia. Si el Estado hace algo inmoral, es responsabilidad de los ciudadanos levantarse (Thoreau se opuso radicalmente a la invasión de EU a México. Lo encarcelaron).

El ladrón es un poder totalitario que roba la conciencia de la gente. El granjero es una figura espiritual: un falso profeta que, con supuestas buenas intenciones, controla el libre albedrío de sus adeptos.

Kris y Jeff deben luchar para la liberar su conciencia, como predicaba Thoreau. Deben hacerse cargo de su espíritu.

La película tiene muchas sutilezas y detalles que cuesta trabajo capturar. Dicho de otro modo: mi interpretación es simplona, pedestre. Vean Upstream Color precisamente porque no se entiende a la primera. Necesitamos más historias que no se acaben de entender nunca.