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Un sublime descubrimiento
Presenta editorial Adriana Hidalgo el libro "Descubrimientos", de la escritora brasileña nacida en Ucrania.

La brasileña Clarice Lispector (1920-1977) es ampliamente recordada por su sutil manera de expresar con un lenguaje sencillo y cercano los dilemas más profundos del hombre.
El día de hoy, la editorial Adriana Hidalgo presentó uno de esos libros que entrañan un sinnúmero de milagros vueltos literatura: Descubrimientos, de la escritora brasileña nacida en Ucrania, una serie de pequeños textos que se pueden ubicar entre la crónica y el comentario a pie de vida.
No es casualidad que para la crítica en general, el público especializado y los profesores e investigadores de literatura, Clarice Lispector pese a su sencillez, y tal vez por ella, es una de las voces más incisivas y contundentes del siglo XX.
Hija de padres rusos de origen judío que emigraron a Brasil buscando una vida mejor en 1922, sobrevivó a la pobreza y cargó en vida con la temprana muerte de su madre, y renegó constantemente de una vida que le parecía insoportable: luego de casarse con el diplomático Maury Gurgel-Valente vivió entre 1944 y 1959 fuera de Brasil, con lo cual sentía llevar una vida artificial, en la que no encajaba; rebelde asistía con enfado a los viajes y a los convites sociales en honor a su esposo.
Además de narrativa escribió crónica pero una crónica no perodística a pesar de que sus textos del género se publicaron semanalmente en el Jornal do Brasil, entre 1967 y 1973, crónicas que integra el corpus del libro Descubrimientos.
En uno de los primeros textos que componen este libro, "Una alegre entrevista", en la que recuerda a una joven periodista que conoce en una charla amena y a quien recibió a pesar de que no le gustaba conceder entrevistas, Lispector dice: "por más femenina que fuera la mujer, esta no era una escritora, y sí un escritor. El escritor no tiene sexo o, mejor, tiene los dos, en dosis bien diferentes, claro". Lispector es una de esos escritores a quienes no les basta con fabular y contar bien una historia, sino que a partir de metáforas, de juegos del lenguaje y de un pensamiento movible y ágil puede atravesar los moldes de lo congnoscible.
Las crónicas de Lispector se parecen más a los relatos de viajes, a las recetas de cocina o a los consejos de alcoba, sabiduría de andar por casa, como llamaría a ese tipo de pensamiento profundo el filósofo español Rúpert de Ventós. Pero sabiduría de la existencia, no precisamente existencialista, aunque esta corriente filosófica no le quedó demasiado lejos en sus intenciones. Filosofía del sentir, cartografía lúdica de la emotividad.
Como en su primera novela, Cerca del corazón salvaje (1943), en las crónicas que comprenden este libro se nos revela (por eso el lector curioso podrá llenarse de joyas, de descubrimientos, al dar la vuelta a cada página) a una mujer con un talento superior que desde lo más cotidiano apunta a lo sublime y bello de la vida, crónicas además escritas con un tono personalísimo porque como ella cuenta que le dijo un amigo: "en la crónica no hay escapatoria" para hablar desde lo personal. En este libro se nos obsequia una literatura sanadora, no como las baratijas (que más bien son caras porque no valen cada centavo) que engrosan cada día las listas de novedades y de los más vendidos. Con este libro se ofrece una oportunidad al lector: la oportunidad de descubrir a una escritora fundamental y no a otra de tantas facilonas.