Javier Marías es un escritor serio, miembro de la Real Academia de la Lengua, un escritor reconocido. A Marías no le interesa llegar a ser un candidato al Nobel, de hecho le da risa si se lo preguntan. No le parece siquiera posible porque, él dice, los suecos no lo conocen. Es hoy día un escritor famoso que da videoconferencias desde Madrid a todo Latinoamérica. Pero es un escritor que se queja del llamado de la fama y que sigue haciendo literatura. Es un escritor que va a contracorriente, como él mismo lo expresa:

"Quizá voy un poco a contracorriente con las sociedades europeas actuales que tienen unrechazo generalizado por la muerte, incluso prefieren olvidarse de ese tema y esto me parece atroz porque la muerte es parte de la vida. Por eso, en mis novelas, es constante la presencia de personas desaparecidas", dice el escritor desde Madrid.

Sonriente, fresco y muy dispuesto, atendió por hora y media a las preguntas que los medios de comunicación latinoamericanos le formularon en el marco del lanzamiento editorial de su nueva novela, Los enamoramientos (Alfaguara, 2011), una novela en la que pervive su obsesión por la muerte y en la cual conserva el estilo en primera persona. Pero ahora en la voz de una mujer, un reto mayor al que Marías tuvo que decir porque dijo: "no podía ser de otra manera".

Del título se desprende el tema más inmediato: el enamoramiento que, a veces, no siempre, desemboca en el amor. Como todo escritor curioso del mundo, que puede maravillarse con aquello que puede ser considerado lo más natural y obvio del mundo, Marías vio en la promesa del amor un aspecto a explorar vitalmente a partir de la escritura.

"A los enamorados les gusta, yo incluido, pensar en la predestinación de las relaciones como que si te enamoras de alguien es porque estaba en tu destino. Y por eso tienen un gusto por rastrear en el pasado los hilos sin los cuales no hubieses sido posibles los encuentros futuros. Pero esto a mi me parece un poco falso. Yo creo que el enamoramiento es un azar. A veces nos enamoramos más bien de quién nos queda disponible, quién queda libre. Los emparejamientos, incluso los más auténticos, son resultado de una especie de rifa", dice el escritor.

En la conferencia, Marías vertió sus ideas de un modo pausado. No hubo impostura en sus dichos. Pero sí mucha pasión y honestidad. Habló de sus pautas de escritura. El sigue escribiendo a máquina. Se quejó de la vida de un escritor contemporáneo: "hoy en día, el escritor le dedica más tiempo a la promoción de sus libros que a la escritura". Y en ese sendero, aprovechó para dar un consejo a los escritores en ciernes: "no busquen convertirse en escritores, pónganse a escribir literatura."

También vio con simpatía el movimiento de los Indignados porque es un movimiento "muy cívico, muy pacífico" pero, dijo, el problema es que lo que exigen no tiene una fácil concreción. "Espero que no termine en algo floklórico", agregó.

Y habló sobre la novela: "ese género que no es resumible como los relatos. Las novelas dependen de las palabras con que han sido escritas". Y cuando dice palabras uno entiende oraciones, emociones, habilidad verbal. Se entiende que Marías habla de literatura, no solo de historias contadas sobre el papel y manufacturadas como un producto mercable.

"La novela no es una herramienta de conocimiento, sino de reconocimiento", expresó al tiempo que recordó a Faulkner. para él aquello que es capaz de iluminar la literatura es como lo que logra alumbrar un fósforo a mitad dela noche y a mitad del campo: ese instante que dura encendido el fósforo en realidad no permite ver mejor pero sí permite ver cuánta oscuridad hay alrededor. Eso es la literatura, dijo finalmente.