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Ricardo Piglia: más caldo que albóndigas
La nueva novela del escritor argentino es un thriller en el que la trama es lo de menos, aunque usted no lo crea.

Hay detalles muy cómicos de la literatura que no tienen que ver con la literatura, o la tocan apenas tangencialmente. Uno de esos detalles divertidos son las contraportadas de los libros: un género de escritura en sí mismo; mezcla de marketing, crítica, narración de suspenso, confesión íntima, reflexión del zeitgeist (porque para todos los redactores de contraportadas, toda obra es actualísima y descifra algo del aire de los tiempos) y composición de alumno de secundaria.
Una contraportada bien hecha, se sabe, anima al lector a comprar el libro. Es como una botana o la fumada gratis de metanfetamina que nos ofrece un émulo de Walter White; es sólo un teaser, una provocación, un ¿quieres más? . La institución de la contraportada y de su compañera interior, la solapa, es una de las más firmes del mundo editorial.
Dicho eso, qué chistosa es la contraportada de El camino de Ida, la nueva novela de Ricardo Piglia. Cuenta absolutamente toda la trama. Todos los giros, todo el misterio, quién mata a quién, en fin.
Hablemos de posmodernismo. ¿Será que al equipo editorial de Anagrama se coló un terrorista literario con la misión de arruinar libros de autores estrella? ¿Ahora dejan que los becarios hagan las sinopsis?
La verdad: El camino de Ida es un thriller donde la trama es lo que menos importa. Piglia nos propone varios misterios, pero no son del orden de quién es el asesino y quién la verdadera víctima. No, los misterios aquí son filosóficos. Estamos ante una novela negra de posgrado.
LA TRAMA
El escritor argentino Emilio Renzi, personaje habitual de Piglia, viaja a una universidad Ivy League en el este de Estados Unidos como profesor invitado. En ese mundo cerebral y endogámico, Renzi se reencuentra con la doctora Ida Brown, mujer brillantísima y guapa, la dama alfa del departamento de humanidades. Como cabría esperarse, Renzi e Ida se enredan en las sábanas en encuentros sexuales tan deliciosos y depravados como secretos.
La primera parte de la novela es como la fantasía de un estudiante de doctorado o de un catedrático: discusiones inteligentes, mucho sexo y amistades estrambóticas en el campus, como Orión, el vagabundo poeta, o Nina, la profesora rusa retirada experta en Tolstoi.
Piglia, profesor universitario él mismo (y en la universidad de Princeton, así que la inspiración autobiográfica es clara), nos presenta a este conjunto de personajes ilustrados entre los cuales las más interesantes son las mujeres, en especial Ida, la Ida del título de la novela.
Ida es una omnívora sexual que frecuenta clubes swingers, cuartos oscuros y es afecta a los juegos sadomasoquistas, en los que el pobre Renzi se involucra con toda su culpa latinoamericana. Su vida intelectual es igual de rica y atrevida: llena de rivalidades, sin miedo a debates incómodos y con muchos triunfos en el cinturón.
Ida Brown es la femme fatale de esta novela negra, una Lauren Bacall más leída. Pero súbitamente se transforma en la víctima cuando aparece muerta en su auto, en un accidente que nadie cree del todo. Hay señales de que pudo haber sido un homicidio: todos saben que Ida tenía muchos enemigos. ¿Quién la mató?
Si alguien no cree que en el mundo de las ideas la gente no es violenta es porque es un ingenuo. Renzi cree que la muerte de Ida forma parte de una serie de asesinatos de catedráticos sucedidos durante los últimos 20 años en diferentes universidades estadounidenses. El autor de los crímenes parece ser el mismo: un terrorista solitario que detesta a la tecnocracia y ataca con bombas hechas de materiales reciclados. Los medios los llaman así, el Recycler.
Renzi no es Humphrey Bogart, así que delega su pesquisa sobre el curtido Parker, un detective privado de Nueva York con secretaria insolente y todo: un adorable cliché. Y es Parker el encargado de contar el resto de la historia porque los detectives ya no resolvemos los casos pero sí somos los encargados de relatarlos .
Y EL UNABOMBER DINAMITA ?LA TRAMA
No hace falta saber mucho para reconocer pronto que el Recycler es una versión apenas ficticia de Ted Kaczinsky, también conocido como el Unabomber, aquel asesino serial que fuera detenido en 1995 luego de que matara a tres personas relacionadas con el aparato tecnológico-intelectual de Estados Unidos.
Kaczinsky fue, de joven, una de las mentes matemáticas más brillantes del mundo. Después de cumplir 30 años dedicó sus esfuerzos a vivir fuera del entramado social, que consideraba corrupto, y se retiró a una cabaña de Montana en la que vivió como un eremita durante tres décadas.
Aparentemente vivía en paz, pero en realidad su misión era otra: destruir la era tecnológica con ataques a personas específicas. Detuvo su violencia cuando el New York Times y el Washington Post le publicaron un largo manifiesto con sus ideas. El texto tuvo gran éxito entre la élite académica y entre los estudiantes universitarios radicales ganó el mayor número de adeptos. Cuando lo detuvieron, Kaczinsky rechazó tajante la defensa por locura. Muchos secundaron el rechazo: es que Kaczinsky hablaba no como un profeta sino como un profesor.
Todo esto lo narra Piglia en largas páginas. Parecen una digresión, pero pronto nos damos cuenta de que han suplantado a la trama. El Recycler se roba la pantalla.
El camino de Ida deja de ser una novela para convertirse en una clase de teoría política contemporánea, sobre todo la lección es sobre anarquismo, anarcoprimitivismo y ecologismo militante en la vertiente de Henry David Thoreau, Jacques Ellul y Lewis Mumford.
El ensayo resulta fascinante. Qué increíble debe ser Piglia como maestro; pero quizá peco de simple cuando pienso que me hubiera gustado más que no se olvidara de su trama original. El misterio del campus se queda en misterio (o misterio revelado a medias).
Es digamos un Mcguffin, un mero pretexto para explorar al personaje del Recycler y hacer una crítica a la sociedad tecnificada. Emilio Renzi regresa a Argentina envuelto en la melancolía de la inteligencia y el amor frustrado.
El que escribió la contraportada de El camino de Ida dio pie con bola: en una novela en la que la trama es personaje secundario, no hay spoiler que merezca la pena. Lea a Piglia con la Wikipedia a la mano y deléitese con las ideas, ya que no se puede con la historia.
concepcion.moreno@eleconomista.mx