Era uno de los secretos mejor guardados de Japón, pero la globalización es imparable, también para el té matcha. En el país del Sol Naciente se ha bebido este tipo de té desde el siglo XII, y anteriormente también se consumía en China, donde se establecieron los elementos clave de su producción, ya en el siglo VIII. Fueron los monjes chinos zen los que empezaron a moler las hojas en un mortero para luego mezclar el polvo con agua caliente. El batido de las hojas de té verde se convirtió en una pieza clave del ritual diario zen budista.

En Japón lo introdujo un monje japonés, Myoan Eisai, que lo descubrió en China a finales de la década de 1180, y viajó a su país con unas pocas semillas de esta planta. El matcha es el elixir de los inmortales , decía. A la vez que introdujo el budismo zen en Japón, promovió el consumo de matcha, que él consideraba una bebida importante para la meditación. Al final, los chinos cambiaron y prefirieron beber otros tés (oolong, pu-erh, negro), mientras que los japoneses se engancharon al té verde, convirtiendo el disfrute de esta bebida en todo un ceremonial.

Los monasterios zen en Japón adoptaron el movimiento matcha cuando los monjes comprobaron que los largos periodos de meditación se hacían más llevaderos cuando tomaban este tipo de té. Pronto traspasó los muros del silencio y empezó a formar parte de la vida cultural y artística de los nipones. Hacia finales del siglo XVI, gozaba de una gran popularidad en el país. Y fue en Kioto donde arrancó de verdad la producción de este tipo de té. A su favor tenía el clima, ya que es una región con pocas heladas y un viento suave pero constante. Hoy día, tal y como se señalan Louise Cheadle y Nick Kilby, fundadores de la empresa Teapigs y autores del libro El libro del té matcha (Libros Cúpula), la zona del sureste de Kioto es la más reconocida en cuanto a la calidad del producto que allí se recoge.

A Europa este tipo de té llegó en el siglo XVI, de la mano de los comerciantes holandeses que fueron a hacer negocios al país del Sol Naciente. Sin embargo, el Viejo Continente, al igual que China, eligió consumir otro tipo de tés. Dicen los expertos que es el alimento del siglo XXI, siguiendo las costumbres de los japoneses que han incorporado el té verde matcha a sus hábitos alimenticios, tanto en bebidas como en gastronomía. Se trata de un té fuerte, elaborado exclusivamente de hojas de té verde, la camellia sinensis, con un alto contenido en flavonoides naturales.

Una de las razones por las que es tan beneficioso para la salud es porque los arbustos se cultivan a la sombra, lo que aumenta su contenido en clorofila, que es lo que le confiere el color verde tan intenso. Las hojas se recolectan a mano y los tallos y los nervios se retiran, para proceder a molerlo hasta obtener un polvo muy fino.

Sigue siendo uno de los tesoros de Japón, aunque cada vez se consume más en todo el mundo, pero no solo como bebida sino como ingrediente en la alta cocina. Y va camino de convertirse en un producto de consumo masivo: sirva como ejemplo que Kit Kat y Oreo ya elaboran galletas y chocolates con té matcha.

erp