África es el continente más antiguo y el que menos conocemos. Somos tan torpes y racistas que ni siquiera hablamos de los países que lo conforman, sino que decimos “África”, “los africanos”, como si todos fueran lo mismo. Hace años escuché de boca de un curador keniano la siguiente frase: “En Occidente sólo piensan en el afropesimismo cuando piensan en África”.

El afropesimismo, me explicó, es esa sensación que solemos tener de que las dictaduras, la hambruna y la pobreza nunca se aliviará en esos lares y lo único que podemos hacer es cantar “We are the world” y darle dinero a Bono.

No pensamos en las historias que dan cuenta de la realidad africana, de los cuentos que nos permiten entender. Eso necesitamos: comprendernos.

Una policiaca desde Kenia

Ngūgī Wa Thiong’o es uno de los autores más originales que pueden leerse hoy en día. Nacido en 1938 en Kenia, Thiong’o comenzó su carrera escribiendo aclamados libros en inglés. Ahora escribe en kikuyu, su lengua materna, el idioma de los bantúes kenianos.

Petals of blood (Penguin Classics) es, en apariencia, sólo una novela detectivesca, muy al estilo de lo que les leemos a los nórdicos.

Los miembros del consejo directivo de una empresa trasnacional son asesinados. Eso desencadena una investigación que, poco a poco, va revelando un país donde la injusticia y la corrupción es lo de todos los días.

La novela de Thiong’o sigue a los cuatro sospechosos del crimen y lo que se dibuja es una sociedad harta y desilusionada por la aparente democracia en la que viven.

Publicada en 1977, Petals of blood le trajo persecución y cárcel a su autor. Su final es hermoso y trae esperanza para todos los países que buscan salir de la pobreza financiera y sobre todo moral.

La infancia de un Nobel

Wole Soyinka (Nigeria, 1934) es bien conocido en el mundo como dramaturgo, poeta y ensayista. Ganador del premio Nobel de Literatura en 1986, Soyinka es un profesor amable, aunque cuando vino a México al Hay Festival hizo todo lo posible para huir de la prensa. No obstante, su literatura habla de una persona accesible. Soyinka es curioso y divertido.

Como botón de muestra, sus memorias de infancia: Aké (Vintage). Es un libro adorable. Por un truco de magia sólo conocido por él, Wole Soyinka se mete a la piel de su ser de 10 años de edad y deja arder la memoria.

La Segunda Guerra Mundial es un acontecimiento entretenido en Aké, la tribu en la que creció el pequeño Soyinka.

Tal parece que el autor no olvida nada: puede narrar bellamente un pasaje de un viaje en bus al mercado local y recordar quién bajó en dónde. Parece una nadería, pero leyéndolo todo cobra sentido. Wole Soyinka es, como dice el crítico John Leonard, un niño que creció en el jardín de las muchas culturas.