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La colección del MODO se pone de colores
La muestra contempla obras de maestros pictóricos mexicanos como el Dr. Atl, Siqueiros, Chucho Reyes y Rufino Tamayo.

Achiote, palo de Campeche, grana cochinilla, pericón, añil. Esos fueron los productos primigenios de los que derivaron los pigmentos naturales, empleados sobre todo en artes textiles y de alfarería desde el México prehispánico, que dieron carácter a un nacionalismo cromático que persiste hasta nuestros días.
Esos materiales y sus pigmentos son, también, los que inician el discurso de la exposición México a color, la cual ofrece una relectura de la vasta colección en posesión del Museo del Objeto del Objeto (MODO), ahora a partir de su riqueza cromática, y que a partir de este viernes está abierta para todo el público en el recinto de la colonia Roma.
El reto fue significativo para los curadores invitados, Ana Elena Mallet y Mariano Meza Marroquín. Había que hurgar en los aproximadamente 140,000 objetos catalogados del acervo y hacer una selección pensada, ya no por la complicidad de la función de cada pieza ni por la época o el estilo, sino que había que buscar hermanarlos por su color.
A esta selección se unieron piezas de arte de otras colecciones, creaciones de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Jesús (Chucho) Reyes, Gerardo Murillo (Dr. Atl), Rufino Tamayo y Adolfo Best Maugard, así como algunos de los materiales de trabajo de estos maestros, entre ellos botes de solventes o frascos con pigmentos.
El resultado fue un surtido rico de 1,347 objetos en exhibición distribuidos en nueve núcleos temáticos: “El arte popular, el génesis de una identidad a partir del color”; “Los pigmentos una tradición”; “El artista, el color y la materia”; “El método Best Maugard”; “Un País de Color y Formas”; “Un país industrializado, un país de color”; “Arquitectura mexicana y color”; “Rosa Mexicano” y, por último, “Intervenciones contemporáneas”.
“Hemos aprendido a trabajar con materiales de distintos tamaños y formatos, a darles su jerarquía y valor. A pesar de que son más de 1,000 objetos, lo cual implica muchísima gestión, la exposición no se siente apretada. Le hemos dado espacio a cada una de las piezas. El grupo de museógrafos del MODO ha aprendido a jerarquizar y a trabajar con esos materiales que suelen ser complejos (...) Cuando llegué al museo hace nueve años había unos 7,000 objetos; hoy hay unos 140,000. Lo interesante no nada más es acumular sino profesionalizar las colecciones. Creo que esta manera de poner en escena la colección habla de la profesionalización, no nada más del equipo del museo, sino del manejo de la colección. Y se notará en la exposición”, refirió Ana Elena Mallet para El Economista.
Los colores y sus objetos
En los distintos niveles del MODO hay maridaje de colores, desde piezas textiles y de alfarería que han sido teñidas con las técnicas tradicionales antes mencionadas, hasta colecciones de lápices de colores que evocan a la infancia de múltiples generaciones: Mapita y Prismacolor. De igual manera se exhiben varios ejemplares de paletas de pintor, todavía con vestigios del trabajo de su anterior dueño: pinceles, gises, variaciones de frascos de tinta china o para sellos de goma y latas de pintura industrial.
Hay coloridos y florales carteles de estilo art nouveau, correspondientes a las primeras décadas del siglo XX, series de latas, cajas, vasos, ropa, utensilios de cocina, objetos de ornamentación, objetos deportivos, prendedores, latas de refresco.
Hay antiquísimas placas que anuncian los Jabones del Tío Nacho, que empatan en color con una lata con motivos navideños o un bolso para mujer de Coca-Cola o una caja en rojo y blanco que lleva impreso: “Compre su tira de Cafiaspirina. Calma el dolor, baja la fiebre, levanta el ánimo”. O en la familia de los colores amarillos, una pelota de tenis hace juego con un antiguo afiche del refresco Mi Champan, donde se explica es: “Orgullo de Tehuacán”, elaborado en Puebla, Puebla, según se indica en el anuncio. Y en los azules, un cartel que, curiosamente, dice: “Todos los pájaros cantan, mudan y crían con El Ideal, alimento para canarios, aves y demás pájaros (sic)”, está hermanado con la tapa de una lata de crema Teatrical, en azules más bien pastel.
En el apartado “El artista, el color y la materia” conviven varias piezas de arte venidas de otras colecciones, a través de las cuales se explica cómo varios artistas mexicanos de principios del siglo XX consideraron la posibilidad de experimentar con nuevos materiales pictóricos sintéticos como los polímeros. Entre las obras mencionadas está un paisaje sin título de Gerardo Murillo (Dr. Atl), de 1951, que es una combinación entre óleo y lo que el paisajista llamaba “Atl Color”, que no era otra cosa que tintes secos o resina sobre papel. También es posible apreciar la obra en paroxina sobre masonite “Naturaleza en torbellino” que David Alfaro Siqueiros pintó en 1961. Y qué decir de las tres piezas expuestas de Jesús (Chucho) Reyes: una en anilina sobre papel estraza, sin fecha, titulada “Se levanta la cortina...”; la escultura de un icónico “Gallo” elaborada en papel maché, alambre y pintura acrílica, o el habilidoso gouache sobre papel de china titulado “Caballo blanco” (ca. 1975). Tampoco están para pasar por alto las litografías de Rufino Tamayo: “Chacal” (1973) y “Sandías” (1972), además de la icónica mixografía “Galaxia”, de 1977.
En el apartado de “Rosa mexicano” se exhibe el emblemático vestido de tono fucsia o buganvilia con el que el diseñador Ramón Valdiosera dio paso al mito internacional del rosa mexicano, a partir del uso del achiote como colorante.
El texto de sala explica que Valdiosera en 1949 presentó en Nueva York un desfile en el que predominaba dicho tono de rosa. Al final del mismo, la prensa internacional lo cuestionó sobre el origen del mismo. Y éste respondió que ese rosa intenso era intrínseco de la cultura mexicana en los juguetes populares, los trajes indígenas, los dulces típicos y la arquitectura. Para complementar tal declaración, una periodista de moda y sociales le respondió: “... so it is a Mexicano Pink”.
Los mencionados y muchos más objetos que integran la muestra, así como un activo programa alternativo de charlas y activaciones públicas, permanecerán en el Museo del Objeto del Objeto hasta el próximo 2 de julio.