“No le podemos cambiar el nombre a una cosa que viene siendo la misma: es robo y ya. Mientras que no haya una unión entre la comunidad y las personas que van a llevarse la prenda o el bordado, va a ser un robo (…) hace unos años me decían: ‘¿ya registraste tu marca?’ Pues si luego no tengo ni para comer, '¿de dónde saco para registrar la marca?' (…) nos decían: ‘te vas a poner tu marca, pero sólo es (para la protección) nacional’. Pero, ¿quiénes son los que nos vienen a robar, que mandan a hacer los bordados a India y a China? ¿Y quién nos protege fuera del país?”.

Estas fueron algunas provocaciones que la artista popular Jinna Herrera Jiménez, integrante del Colectivo de Artesanas de México, lanzó en el arranque del foro “Retos y perspectivas jurídicas para la prevención de plagios. Hacia un sistema de protección integral”, que este fin de semana se llevó a cabo en el marco del encuentro Original, en el Complejo Cultural Los Pinos, y del que, además, tomaron parte los titulares del Instituto Mexicano de Propiedad Industrial (IMPI) y del Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor), así como una representante de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI), el máximo organismo en la materia a nivel internacional.

No solamente basta una orientación sino también el acompañamiento que ustedes requieran. No duden en acercarse con nosotros para poderlos asesorar, sobre todo en casos como esos en los que vienen externos, copian la manera, la técnica, la aprenden a hacer y con ello se van para hacer producciones en serie, luego regresan esos productos y compite en el mismo mercado”, explicó Marco Morales, encargado de despacho del Indautor.

Asimismo, reconoció que históricamente instituciones como la que representa y el IMPI han permanecido distantes de la protección del arte popular. “Nos ha hecho falta esa parte de estar a un lado cuando cada uno de ustedes lo requiera. Es necesario ampliar nuestros tramos de responsabilidad”.

Por su parte, Leticia Caminero responsable de la división de Conocimientos Tradicionales de la OMPI, quien tomó parte de la mesa desde Ginebra, Suiza, estimó que la problemática sobre la protección de las creaciones culturales yace “en que muchos de nuestros sistemas convencionales no fueron diseñados para expresiones culturales o conocimientos tradicionales. Fueron pensados con la idea de innovación, de algo se crea para luego protegerse (…) eso nos llama a dos caminos: uno, de adaptación del sistema que tenemos actualmente y, dos, la posibilidad de crear una nueva disposición, una ley o rama especial para dar una protección sui generis de las expresiones culturales tradicionales”.

Indicación geográfica, una figura viable: IMPI

Hay distintas figuras para la protección del derecho industrial, sumó Alfredo Rendón Algara, desde la perspectiva del IMPI, no obstante, son dos las que mejor podrían ajustar con los requerimientos de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas: la Denominación de Origen y la Indicación Geográfica. No obstante, añadió, el procedimiento para Denominación de Origen puede no ser práctico por su prolongado tiempo de viabilidad, mismo que podría derivar en asesorías negligentes y agotamiento de recursos.

Por ello, estimó que la indicación geográfica es la medida idónea para la protección de los productos de arte popular, dado que tiene normas más flexibles en el sentido que se puede autorregular y es mucho más accesible.

“Este tema nos puede llevar horas en discutirlo y más si vemos caso por caso, ya que cada uno tiene su particularidad. Pero lo importante de esta mesa es que estamos reunidos muchos de los involucrados. Lo que no cae dentro del IMPI, puede caer dentro del Indautor y, de manera conjunta, podemos ayudarlos a solucionar sus problemas”, dispuso.

Una recomendación es que nos pongamos de acuerdo, porque si no nos ponemos de acuerdo entre nosotros, la gente de fuera menos lo va a hacer. En mi comunidad dijimos: ‘este es el mismo trabajo, pues vamos a cobrarlo al mismo precio todas’. Porque pasa en muchas comunidades, que cada quien por su lado. Organicémonos”, concluye Jinna Herrera Jiménez.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

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