Hoy debí titular esta columna: Renuncia Rafael Tovar y de Teresa a la recién creada Secretaría de Cultura , o María Kodama da a conocer novela inédita de Jorge Luis Borges , o Encuentran tesoro de Moctezuma en cueva del Cerro de la Estrella , o La Venus de Milo desaparece del Museo de Louvre o con cualquier otra noticia falsa que, tras volverla convincente para el lector, concluya, según la tradición, diciendo: Inocente palomita que te dejaste engañar .

En estas mismas páginas, hace casi un año, recordaba que en el Evangelio de San Mateo, capítulo 2, se cuenta la historia del Día de Reyes, misma que ahora también puede ser punto de partida para explicar el Día de los Santos Inocentes que, en México y otros países hispanoamericanos, se celebra el 28 de diciembre.

Decía:

Una vez que nació Jesús en Belén, que formaba parte del reino de Herodes, los Magos de Oriente llegaron a Jerusalén. Uno preguntó:

¿Dónde está el Rey de los Judíos que acaba de nacer?

Otro agregó:

Hemos visto su estrella y hemos venido a adorarlo.

Al oírlos y no saber la respuesta, Herodes y su pueblo mandaron reunir a los príncipes y escribas de Jerusalén, y el rey los cuestionó:

¿En dónde ha nacido el Cristo o Mesías?

A lo que un sacerdote dijo:

En Belén, el de Judá, pues así lo escribió el Profeta:

Y tú, Belén, no eres la menor de entre las principales ciudades de Judá, pues de ti ha de salir el caudillo que rija al pueblo de Israel .

Herodes llamó aparte a los Magos y, tras preguntarles por las características de la estrella que los guiaba, encaminándolos hacia Belén, les indicó:

Vayan a conocer a ese niño y, una vez que lo encuentren, avísenme, para también ir a adorarlo.

Los Magos continuaron su viaje siguiendo la estrella y, cuando vieron que se detuvo arriba de una casa, supieron que ahí había nacido el Mesías. Entraron y se encontraron al niño con su madre, María, y postrándose, lo adoraron y abrieron los cofres que traían, ofreciéndole oro, incienso y mirra.

Más tarde, mientras los Magos dormían, soñaron con un aviso del cielo para que regresaran a Oriente por un camino distinto del que habían llegado, evitando así encontrarse a Herodes.

Una vez que partieron, un Ángel del Señor se le apareció a José en un sueño y le dijo:

Levántate, toma a Jesús y a su madre, y vayan a Egipto. Ahí deben de permanecer hasta que yo te avise, pues Herodes quiere matar al niño.

Esa noche José cumplió el mandato y los tres vivieron en Egipto hasta que murió Herodes, cumpliéndose así lo que dijo el Señor por boca del profeta:

Yo llamé de Egipto a mi hijo.

En tanto, Herodes, al saberse burlado, su enojo fue tal que mandó asesinar a los niños menores de dos años de Belén y tierras aledañas que habían nacido durante la aparición de la estrella de la que le hablaron los Magos.

Hasta aquí la historia bíblica y el porqué de la confusión de conmemorar una tragedia, la matanza de niños por órdenes de Herodes, con burlas, engaños y ese humor blanco conocido como inocentada. Así, lo que hoy se celebra no es el asesinato de los Santos Inocentes menores de 2 años, ¿quién se atrevería a festejar una cosa así?, sino el engaño que tanto los Magos como la familia de Jesús, ayudados ciertamente por los ángeles clarividentes y oníricos, llevaron a cabo con un reyezuelo simplón, paranoico y que veía enemigos por todas partes. Pero, ¿se le puede llamar a Herodes, Santo? Sí, con harto sarcasmo.

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