Buscar
Arte e Ideas

Lectura 6:00 min

“Guanajuato es una ciudad salvada por la cultura”

El Festival Internacional Cervantino ya es parte del imaginario colectivo de la capital guanajuatense, señala el investigador de la UG, pero no siempre fue así. Fueron los círculos intelectuales locales quienes “mantuvieron un microclima favorable para las expresiones artísticas” en los momentos de crisis.

main image

Muchas veces (se) pueden generar fenómenos no deseables, como la masificación y el lucro económico de la cultura. Pero no hay que confundir una cosa con la otra: el desarrollo económico debe ser una consecuencia del desarrollo cultural y no al revés”.

Luis Miguel Rionda, investigador y catedrático de la Universidad de Guanajuato.

El Festival Internacional Cervantino (FIC) celebra 50 años desde su génesis, pero en realidad la edición de este año, la “dorada”, es la número 49.

El festival ha sido cancelado en dos ocasiones a lo largo de su historia. La primera fue en 1973, un año después de la edición inaugural. Las razones, el entonces gobernador Manuel Moreno no quiso hacer de nuevo un gasto tan grande para la cultura y para el festival, y puso en riesgo la vida del neonato FIC. Pero el arribo de un nuevo gobernante, Luis Ducoing, y el auspicio del presidente Luis Echeverría, permitieron retomarlo con más brío en 1974.

La segunda cancelación fue en 1985, tras el devastador sismo y sus funestas consecuencias en el centro del país. Superstición o no, el de ese año iba a ser el número 13. Así que para 1986 se decidió brincar al número 14.

De esto da constancia el investigador social de la Universidad de Guanajuato Luis Miguel Rionda, uno de los personajes que, de distintas maneras, ha acompañado al festival desde su día uno, como un niño espectador, como un joven periodista y más tarde como parte de la organización.

El catedrático recuerda que las ediciones de los años 70, sobre todo en el sexenio de José López Portillo, cuando Carmen Romano se hizo cargo de la cultura, fueron las más ostentosas. “Eran los tiempos de la abundancia petrolera por el descubrimiento de yacimientos en el sureste. Se gastaba mucho dinero. Venían artistas y grupos ya no por convenio, se pagaban presentaciones de primer nivel”.

Ella Fitzgerald, en 1979; B.B. King, en 1978, y la propia visita distinguida de Isabel II en 1975 fueron producto de aquella bonanza del Estado. Y el Cervantino, señala Rionda, era la principal iniciativa cultural del gobierno.

Los años 80 no le sonrieron del todo al FIC. El fin de la administración de López Portillo y la crisis económica de 1982 pusieron en entredicho la calidad del festival. De nueva cuenta hubo que recurrir a los convenios para la construcción del programa.

Democratizar el festival

A lo largo de los años, la disputa por el control del festival fue la comidilla de la clase política. A principios de los 90, los gremios intelectuales locales criticaban “la soberbia” con la que llegaban a Guanajuato los directores del festival, designados desde el gobierno federal y la mayoría provenientes de la Ciudad de México. Se exigía que la dirección del Cervantino debía “guanajuatizarse”. También se reprochaba que hasta entonces el FIC era sumamente elitista y estaba del todo cerrado al gran público. Luis Miguel Rionda fue uno de los principales involucrados entre los grupos inconformes y presionaba para democratizar el encuentro.

“No buscábamos renunciar a las expresiones de cultura sofisticada, pero sí que la cultura popular tuviera presencia. Y creo que se ha ido ganando terreno. Las siguientes directoras han tenido una sensibilidad especial. La comunidad se ha apropiado del festival, que ya es parte del imaginario colectivo y ya no se concibe a Guanajuato sin el festival, pero en 1992 no era así. Aunque todavía no se ha democratizado como sería deseable”.

Resistir desde la cultura

“Guanajuato es una ciudad salvada por la cultura”, afirma. A mitad del siglo XX, pese a la crisis derivada por el fin de la bonanza minera y los saqueos de la Revolución mexicana, los voluntariosos círculos intelectuales guanajuatenses "mantuvieron un microclima favorable para las expresiones artísticas. Ellos fueron parte de los fenómenos que permitieron que la ciudad cobrara un segundo brío, porque se estaba despoblando, estaba desapareciendo. Aquí te pagaban por cuidar casas. Es más, era una ciudad horrible, mi padre decía que era una enorme y espantosa fábrica”.

En los años 40, la resistencia cultural de los intelectuales locales atrajo la atención de académicos e intelectuales del país. En 1953 Guanajuato fue sede del Congreso de Rectores, que motivó a Enrique Ruelas para el montaje de los Entremeses Cervantinos en una época donde el teatro callejero estaba en boga en Europa, lo mismo que el teatro de círculo.

El vínculo de esta ciudad con la cultura, por antonomasia jesuítica, es irrevocable. Miguel Hidalgo y Costilla, comparte Rionda, viajaba constantemente a Guanajuato para asistir a las tertulias de intelectuales que leían a los ilustrados franceses, eso sí, a escondidas porque estaban prohibidos.

El binomio cultura–dinero

Finalmente, el investigador reflexiona que “esas iniciativas, las individuales o de pequeños grupos, son las que realmente necesitamos. Que sea la sociedad civil la que se haga cargo de impulsar las expresiones culturales. Y también que se use más la infraestructura de la ciudad aquí, porque nunca se logró que el festival se instalara aquí todo el año”.

La interacción entre lo cultural y lo económico, reflexiona, “muchas veces puede generar fenómenos no deseables, como la masificación y el lucro económico de la cultura. Pero no hay que confundir una cosa con la otra: el desarrollo económico debe ser una consecuencia del desarrollo cultural y no al revés”.

Datos curiosos:

La ciudad de Guanajuato es definitivamente una ciudad porfirista, reconoce el investigador de la UG. Durante el régimen se levantó mucha infraestructura. El Teatro Juárez es un claro ejemplo, pero más que eso, la obra pública que no se ve, pero es fundamental. Fue en el régimen de Don Porfirio que se construyó el Túnel del Cuajín, que salvó a la ciudad de las inundaciones. “Aquí no le hables mal a nadie de don Porfirio. Hay mucho agradecimiento porque don Porfirio le tomó mucho cariño a la ciudad”.

Hasta antes de 1984, el Festival Internacional Cervantino se llevaba a cabo en abril, pero se decidió cambiar la fecha de su realización a octubre, después del temporal de lluvias, porque la ciudad se quedaba sin agua debido al alto consumo de las concentraciones de visitantes.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete