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El negocio de los genes, entre lo público y lo privado

Ante el fuerte cuestionamiento de si el proyecto del genoma humano debía ser de dominio público, o si era ético patentar genes, se dio lo que expertos llamaron la guerra de los genes".

Con el reciente anuncio de los nuevos fondos provenientes de varias instituciones no gubernamentales que surgieron para el proyecto BRAIN, el cual se plantea como el proyecto neurocientífico más grande de la historia y que fue auspiciado en un inicio sólo por el gobierno de Estados Unidos, es normal que se empiece a relacionar con el debate ético y socioeconómico que en su momento tuvo que sortear el descubrimiento de la secuenciación del genoma humano.

Ante el fuerte cuestionamiento de si el proyecto del genoma humano debía ser de dominio público, o si era ético patentar genes, se dio lo que expertos llamaron la guerra de los genes".

Lo que había comenzado como un proyecto exclusivamente estatal, financiado por el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos y por el Welcome Trust de Londres, pasó también a manos de las empresas privadas, quienes proporcionaron gran parte de la inversión, ya que a medida que fue tomando forma el mapa genético, el debate se hacía cada vez mayor y las ganancias se veían a la vuelta de la esquina.

Tal fue el caso que al final, el proyecto del mapa del genoma humano se terminó dos años antes y costó menos de lo esperado, 3 mil millones de dólares, sin embargo, el anunció se dio por parte de una empresa privada, lo que provocó fuertes cuestionamientos.

Celera Genomics Inc

En 1994, Craig Venter, uno de los padres del genoma humano, quien había participado en un inicio en la investigación financiada por el gobierno norteamericano, fundó un instituto de investigación con dinero del sector privado y cuatro años más tarde, creó la empresa Celera Genomics Inc. quien finalmente en el 2003, presentó la versión más completa del genoma humano, dos años antes de lo esperado.

A pesar de que en el 2000, el entonces presidente de los Estados Unidos Bill Clinton, en compañía de Craig Venter y Francis Collins, anunciaron la producción del primer borrador de la secuencia del genoma humano que cubría el 90 por ciento del genoma con un índice de error de uno en 1000 pares de bases, aún había muchas interrogantes pues sólo el 28 por ciento del genoma había alcanzado el criterio de terminado.

El negocio de los genes y las enormes ganancias que podían llegar a generar, desencadenaron una verdadera guerra, por un lado los científicos decían que todo el mundo tenía que poder acceder al mapa genético de la vida, que era un bien que le pertenecía a la humanidad y por otro lado los empresarios sabían que quienes poseyeran esta información tendría mucho poder en el futuro, pues con este conocimiento se podrían determinar enfermedades y desarrollar fármacos precisos para combatirlas, así quien fuera dueño de un gen podría cobrar derechos a quien quisiera utilizar esa información.

Con todo este debate, Clinto y Blair en su momento pidieron a los científicos de todo el mundo que publicaran toda la información relativa al genoma humano, sin embargo Wall Street reaccionó pues todas las acciones de las empresas de biotecnología bajaron vertiginosamente después de este comunicado.

El pánico que todo eso creó, obligó al vocero de la Casa Blanca Joe Lockhart a explicar que Blair y Clinton no estaban en contra de la industria de la biotecnología ni de la posibilidad de que registren patentes de tipo biotecnológico y precisó una distinción entre el descubrimiento de un gen y un invento genético. Esto abriría las puertas a la privatización de las curas genéticas y al verdadero negocio.

De esta manera, años más tarde, la compañía Celera tuvo que cambiar su política e hizo sus secuencias disponibles para el uso no comercial, pero estableció un límite máximo para la cantidad de datos de la secuencia que un investigador puede descargar en cualquier momento.

Este fue el debate en ese entonces, sin embargo presenta características muy similares a lo que podría pasar con las nuevas investigaciones en torno a los misterios del cerebro.

Para mayor información sobre el tema, se sugiere el libro La Guerra del genoma de James Shreeve, que trata del proyecto del Genoma Humano como negocio. Otro libro que nos acerca a lo ocurrido en su momento es El hilo común: una historia de la ciencia, la política, ética y el genoma humano , de Sir John Sulston, que es un vistazo desde el lado del esfuerzo público.

nelly.toche@eleconomista.mx

mfh

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