Allá en la Tierra Media, en el apacible país de la Comarca, existe una de las más antiguas aldeas de hobbits de las que se tenga registro. La aldea se llama Hobbiton y es el hogar de varios hobbits ilustres, como Bilbo Bolsón y su sobrino Frodo.

Qué digo ilustres: legendarios.

A decir verdad, antes de Bilbo, las palabras hobbit y legendario no quedarían muy bien en la misma sola oración. Verán: fue Bilbo el que inició, sin querer, uno de los ciclos mitológicos más importantes de la Tierra Media. Todo empezó cuando Gandalf tocó a su puerta y un pelotón de enanos dio cuenta de su despensa…

Si usted, querido lector, no entendió de qué estoy hablando, le explico: hoy se estrena El Hobbit: un viaje inesperado. Peter Jackson se rinde otra vez ante la obra de J. R. R. Tolkien, como lo hizo hace una década con El señor de los anillos.

Para gran fortuna de los cinéfilos, con El señor de los anillos Jackson tuvo la capacidad de hacer de la obra tan amada de Tolkien una película en tres entregas que le habló no solo a los lectores, sino a cualquiera con hambre de épica.

Lo que Jackson hizo ya hace una década con la trilogía de El señor de los anillos quedará para siempre en la historia del cine. Una obra monumental que no necesitó ser perfecta para ser inolvidable.

Como las cosas le salieron tan bien, el paso siguiente era obvio: hacer la película de El hobbit, la novela con la que Tolkien inauguró la Tierra Media, una suerte de prólogo a El señor de los anillos.

Después de muchos problemas de producción y cambio de directores (originalmente Guillermo del Toro era el director) Jackson decidió hacer una trilogía de El hobbit.

Desde el inicio la idea sonaba a naufragio. El hobbit es el libro más sencillo, corto y directo de Tolkien. En la edición en español apenas rebasa las 300 páginas. ¿Para qué hacer una trilogía? Mejor un sola película de tres horas que dejara a todo mundo contento.

Pero el hambre de dinero de la industria cinematográfica es voraz, y al parecer el señor Jackson, con todo y que ahora es delgado, también la padece.

El hobbit: un viaje inesperado es la primera entrega de una trilogía que no debió ser.

La trama es muy sencilla. Bilbo Bolsón es un hobbit (una criatura muy parecida a un ser humano, solo que de menor estatura) que vive una vida apacible en la Comarca. Una tarde recibe la visita de Gandalf el gris, mago famoso por sus fuegos artificiales, que lo invita a una aventura sin par: acompañar a una compañía de enanos a recuperar el país de Erebor, tomado hace años por un dragón furioso. ¿Se atreverá Bilbo, tan amante de su tranquilidad, sus libros y su vajilla, de emprender un viaje del que no sabe si regresará?

Lo que debería ser una película muy entretenida se convierte en un paseo largo y aburrido.

Un viaje inesperado comienza con un elaborado prólogo con el que Jackson quiere hacer un enganche limpio con El señor de los anillos. No es mala idea. El problema es que está ahí nada más para rellenar.

Muchas secuencias de Un viaje inesperado se sienten así, como puro relleno. La trama avanza muy poco. Eso sí: hay muchas batallas y momentos de enorme belleza visual que se acrecientan si la ve en 3D HFR, el formato que Jackson y su equipo desarrollaron para la película (vale la pena, es muy impresionante. Como sea, no salva la película.).

Ian McKellen repite su papel como Gandalf y como cabría esperarse se roba la cinta. Martin Freeman dota a su Bilbo con cierto timing cómico, sin embargo el rol protagónico le queda grande.

La cinta no es puro desperdicio. Tiene grandes momentos. Mi favorito es el momento en el que Bilbo y Gollum se enfrentan en un juego de adivinanzas. Si usted leyó el libro y este es uno de los pasajes que espera con mayor fruición, no saldrá decepcionado.

Lástima que no se pueda decir lo mismo de toda la cinta.

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