México ocupa el primer lugar mundial en consumo per cápita de agua embotellada y, de acuerdo con una encuesta aplicada en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) en 2011, 89% de los hogares de la capital mexicana no la toma directamente de la llave, aunque perciba que es de buena calidad, con excepción de los usuarios de Iztapalapa, señaló la doctora Delia Montero Contreras, investigadora de la universidad.

En la Ciudad de México se gastaron ese año, más de 4,000 millones de pesos tan sólo en los domicilios por la compra del líquido envasado, equivalente al presupuesto anual de esa Institución universitaria, refiere la académica del Departamento de Economía de la Unidad Iztapalapa.

Las alcaldías Iztapalapa y Gustavo A. Madero han registrado el mayor número de contagios de Covid-19, además de que son zonas caracterizadas por carecer del líquido, recibirlo de mala calidad, concentrar un alto número de purificadoras, y pagar mucho dinero en adquirir el producto.

“Como estamos confinados en nuestras casas, el consumo es el doble, por ejemplo, en la Unidad Iztapalapa se beben en tiempos laborales cada mes 2,744 garrafones de 20 litros cada uno, pero ahora la comunidad UAM lo hace en sus domicilios”.

Los hogares de la urbe ingerían –antes de la pandemia– unos 391 litros por persona –590 en Iztapalapa– pero ahora con la pandemia del coronavirus esto aumenó debido al confinamiento y el cuidado de los enfermos.

Los más pobres gastan más 

En la conferencia "El agua embotellada y el Covid-19" –transmitida en modalidad virtual y organizada por la Red del Agua de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)– Montero Contreras dijo que antes de la crisis sanitaria, las viviendas destinaban en promedio al mes 226 pesos por garrafones de 20 litros y ahora pasó a 546.92 pesos en la alacaldía de Iztapalapa, al oriente de la metrópoli.

En la de Gustavo A. Madero el aumento fue de 180 pesos a 435 pesos, lo que respondería a la necesidad de satisfacer una necesidad primaria y, en varios casos, porque hay enfermos del coronavirus en casa. “Esta es una proyección, considerando que si no estamos en el trabajo consumimos más en el hogar y estamos invirtiendo poco más del doble”.

En la alcaldía Iztapalapa se consumen 575 litros de agua embotellada per cápita al año, es decir, 29 garrafones de 20 litros en el mismo periodo y el impacto es mayor en las familias con ingresos de 1,500 pesos mensuales, ya que representa 15% de sus percepciones habituales, pero ahora con el confinamiento es de 36%, lo que significa que gente con menores recursos está gastando mucho más por conseguir agua embotellada.

La doctora Montero Contreras comparó esto con el costo por el servicio en los hogares y mencionó que el agua embotellada es 2,500 veces más cara que la potable que se abastece en las casas, por lo que “advertimos que representa un gasto hormiga que no se percibe y en este momento tampoco hay opciones”, sobre todo porque desde los sismos de 1985 comenzaron a cambiar los hábitos al respecto y las transnacionales y purificadoras han hecho un gran negocio.

Un problema urgente que se agudiza 

La contingencia ha evidenciado los problemas de abastecimiento en la megalópolis, porque hay una “concentración, un foco rojo por la carencia de agua” y la cifra elevada de contagios en Iztapalapa, lo que obedece en parte a que muchos se niegan a ir al hospital o clínica por temor a enfermar, además de que algunos son regresados debido a que los diagnósticos médicos consigna males respiratorios agudos tipo influenza.

“Lo que me interesa mostrar es que por la cantidad amplia de pacientes se requiere el líquido” en esas alcaldías y las autoridades locales y federales debieran poner atención en los enormes dispendios que realiza la población y que gran parte ha perdido el empleo.

El gobierno “no ha tomado medidas para resolver el abasto en zonas del oriente y desafortunadamente alcaldes van y vienen, llegan con sus campañas de que van a proveer de agua y no cumplen, pero ahora es un asunto grave”, subrayó la doctora Montero Contreras.

Los grandes ganadores han sido Bonafont, Ciel, Coca-Cola y Pepsi-Cola, entre otras empresas, así como las purificadoras locales, por lo que habría que preguntarse “si los habitantes recibieran el bien y fuera de calidad, tal vez no tomarían el envasado, pero el problema es que no tienen confianza en las instituciones”, precisó.

El doctor Fernando González Villarreal, académico del Instituto de Ingeniería de la UNAM y moderador de la conferencia, mencionó lo alarmante que es que los sectores de escasos recursos destinen un porcentaje elevado para comprar el recurso embotellado, como sucede en esa Alcaldía del oriente.

México es uno de los países con los mayores mercados de agua embotellada, que constituye un negocio importante en el territorio nacional y el COVID-19 “ha desenmascarado muchas de las dificultades que veníamos confrontando”, puntualizó.