El erotismo entró el jueves en el Festival de Cannes con el filme Sleeping Beauty, ópera prima de la australiana Julia Leigh, inspirado de manera lejana en Memorias de mis putas tristes, el último libro de Gabriel García Márquez.

La protagonista del desconcertante filme de Leigh, que se estrena este jueves en Cannes, es Lucy, una joven estudiante que necesita dinero y se ve envuelta en una extraña red de bellas durmientes.

La película, una de las 20 que concursan por la Palma de Oro, reposa en la actuación de la bella actriz Emily Browning, que da vida a una heroína al parecer amoral, sumisa y dispuesta a aceptar todo lo que le proponen.

La historia que cuenta Leigh es un cruel cuento de hadas donde entran muchos fantasmas y miedos, como prestarse para experimentos de laboratorios médicos, tomar drogas desconocidas, prostituirse jugando a cara y sello o dejarse manosear por viejos señores.

Leigh reconoció en una rueda de prensa en Cannes que su largometraje está inspirado, de manera lejana, flotante , en la última novela del Premio Nobel de Literatura colombiano y también en La casa de las bellas durmientes , del japonés Yasunari Kawabata.

Por supuesto que he leído a Kawabata y a García Márquez, dijo Leigh en la rueda de prensa tras el pase de su filme, que desconcierta por el carácter clínico y teatral de su erotismo.

Mi historia es un cuento de hadas que trata de las relaciones entre hombres de edad que buscan el confort con jóvenes muchachas , explicó la joven cineasta.

Presencia de Brasil

Brasil está presente en el 64 Festival de Cannes con el filme Trabalhar Cansa, primer y sorprendente largometraje de Marco Dutra y Juliana Rojas, proyectado el jueves en Una Cierta Mirada, una de las dos secciones oficiales de la mayor muestra de cine mundial.

Los realizadores, que estuvieron ya en Cannes en 2004 y 2007, con dos cortometrajes, regresan ahora al certamen oficial de Una Cierta mirada con un filme que comienza contando una historia del mundo del trabajo y se convierte paulatinamente en una historia de terror, que dejó a la sala sin aliento.

Producida por dos brasileñas, Sara Silveira e Maria Ionescu, la película cuenta la historia de Helena, una mujer de clase media en Sao Paulo, que realiza un viejo sueño, el de abrir un pequeño comercio de víveres, para lo que alquila un local abandonado.

Ese logro -que coincide sin embargo con la pérdida de empleo de su marido, lo que fragiliza a la familia- da paso a una historia en la que se mezcla de manera sutil el mundo de lo fantástico, del horror.

Queríamos contar una historia que mostrara la importancia del poder económico, y cómo el mundo del trabajo afecta el mundo personal , dijeron los realizadores en una entrevista con la AFP en una terraza del Palacio de Festivales, que se levanta frente al mar Mediterráneo, plagado de lujosos yates.