Al interior del bar La Polka, en el viejo oeste de Estados Unidos, durante los primeros años de la fiebre del oro, varios gambusinos, así como el sheriff del pueblo, Jack Rance, beben, apuestan a las cartas, ríen y hablan de amores, en particular, del amor de Minnie, la dueña del lugar, quien tiene embelesados a todos los parroquianos.

Un hombre desconocido, ataviado con sombrero, gabardina, bastón y maletín, entra a La Polka, pide whisky y agua. Se presenta como Dick Johnson. A pesar del rechazo y las sospechas de los presentes, éste logra persuadirlos y ganarse su confianza gracias a la intervención de Minnie, quien deice conocerlo de tiempo atrás. Ambos han quedado flechados al instante. Nadie sospecha que Johnson es en realidad el repudiado bandido mexicano Ramírez, líder de una perseguida banda de maleantes. Mucho menos saben que esta historia en tres actos, de amor y desencuentros, dará varios giros dramáticos antes de su desenlace.

La fanciulla del West, con partituras de Giacomo Puccini, se estrenó originalmente en diciembre de 1910, en la Metropolitan Opera House, en Nueva York, con Enrico Caruso y Emmy Destinn como protagonistas. Casi 10 años después, en febrero de 1920, la obra se estrenó en México, en el entonces fulgurante Teatro Arbeu. Desde entonces, pasaron 97 años para que la obra pudiera verse de nuevo sobre un escenario nacional, hasta que se anunció que se llevaría a cabo, finalmente, en el recinto de mármol, en septiembre del 2017, sin embargo, el cometido se vio truncado por los sismos que azotaron al país durante dicho mes.

Los próximos jueves 26 de septiembre y 1,3 y 6 de octubre, la obra finalmente concretará un ciclo completo sobre el escenario de la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, donde se ha estado ensayando desde agosto pasado con los roles principales del tenor mexicano Diego Torre, actualmente residente de la compañía Opera Australia, la soprano estadounidense Elizabeth Blancke-Biggs y el bajo-barítono moldavo Roman Ialcic, con el acompañamiento de un grupo de solistas mexicanos, la Orquesta y el Coro del Teatro de Bellas Artes.

Será su debut en esta obra

En entrevista con El Economista, tras las bambalinas de la Sala Principal del máximo recinto para las artes, a unos minutos del ensayo de la obra, el tenor Diego Torre (Ciudad de México, 1979) recordó que su última vez sobre esas tablas fue en el 2011, cuando fue invitado a cantar como solista una Tosca, también de Puccini.

“Esta producción es un debut para mí. Es la primera vez que la canto, y muy contento, porque llego en un momento vocal realmente certero, donde me siento pleno en facultades para abordar este rol”, compartió el cantante a unos pasos del escenario, en una sala lateral con vista magnífica de los jardines de la Alameda Central.

En La fanciulla del West “se llega a sentir la influencia alemana de Strauss o inclusive francesa con Debussy. Tiene una orquestación un poquito densa que exige a los cantantes tener volumen. Se requiere de grandes proporciones, con una voz que permita sobrepasar la barrera armónica de la orquestación y, de igual forma, empatar con la voz de la solista soprano. Se requiere ser fuerte dramáticamente”, explicó Torre.

Acotó que, por la complejidad de su composición, la obra requiere de muchos ensambles, contratiempos, voces que se tienen que acoplar, porque el mínimo descuido puede poner a todos en evidencia. Por ello, requiere de ensayarse con mesura y anticipación.

“Han sido jornadas muy largas. Yo empecé el 20 de agosto. Hemos estado de lunes a viernes, desde las 11 de la mañana hasta las 7 de la noche. Sí ha sido extenuante”, reconoció.

La ópera mexicana en el mundo

“Desde hace mucho tiempo, México ha sido famoso por la exportación de voces. Es una cantera inagotable, realmente muy particular”, aseguró el tenor de 39 años. “No creo que en otro lado se den tantas voces tan buenas como aquí. Obviamente hay que añadir que hace falta estudio, refinar y pulir. Pero la materia prima, tal cual, se da por millones. Hay muchísimas voces con grandísimo potencial”, reconoció.

Comentó que 85 o 90% de los integrantes del Coro de Bellas Artes podría ser solista de primera, y que cada uno de los integrantes del ensamble de solistas que forma parte del elenco de La fanciulla del West tiene las facultades para hacer una carrera internacional por sí mismo.

“Tal vez la altura ayuda a tener un incremento pulmonar que, cuando vas a otros lugares a nivel del mar, hay una facilidad tremenda de respiración”, respondió cuando se le preguntó a qué se debe.

“Por otro lado, tengo la extraña teoría de que nuestra cultura de comer picante de alguna manera nos ha de ayudar a estimular algo”, añadió  en un tono bromista.

“También podría incluirse la tradición cultural que tenemos, nuestro folclor en el que lo niños a los tres o cuatro años ya empiezan a cantar en las fiestas. A lo mejor es una cuestión cultural”, reflexionó.

Concluyó que los apoyos académicos y financieros para dar impulso a toda la cantera de la que habla se ven rebasados: “Siendo honesto, somos demasiadas voces. Es imposible darle a todos un seguimiento, un apoyo. Es por eso que tantos cantantes se van al extranjero a buscar suerte, porque no hay todos los recursos generosos para satisfacer a tanta demanda”.

Después de las presentaciones de La fanciulla del West, en Bellas Artes, el 26 de septiembre y 1,3 y 6 de octubre, Diego Torres viajará a Guadalajara para ofrecer dos conciertos operísticos en el Teatro Degollado, el 10 y el 13 de octubre, junto con la Ópera de Zapopan.

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