A los 22 años Muhamad Asad necesitaba ayuda de un psiquiatra y por eso decidió viajar a Palestina, lejos de su ciudad y de su amoroso y protector padre, después de haber vivido una niñez "feliz y satisfactoria", según el propio Asad.

Al llegar a Jerusalén fue al Hospital Judío. En la ciudad milenaria el joven Asad reconoció el ambiente imperial del "mandato" inglés, donde aún se respiraba el pestilente aroma de la Primera Guerra Mundial.

"Me siento vacío por dentro, desesperado y no encuentro sentido a nada de lo que he hecho en mi vida. Si alguna vez tuve ilusiones, hoy nada significan. Soy un fracasado".

El psiquiatra que lo había estado escuchando con especial atención sintió de pronto una indescriptible sensación de calor en el cuerpo, dejándolo turbado e indefenso. Mientras se recomponía comprendió que las palabras y el llanto de su joven paciente habían despertado en él recuerdos entrañables, que creía ya olvidados. Quiso entonces formular un comentario valioso, una interpretación bien articulada, algo que sirviera para que recapacitara y entendiera que nada puede estar terminado en esta vida, antes de la muerte biológica, verdadero final de la existencia humana.

Sin embargo, el doctor comenzó a reír. Primero discretamente. Pronto la risa se hizo tan intensa que el rostro se le cubrió de lágrimas y ya no fue capaz de hablar. Muhamad Asad se levantó de la silla, caminó hacia la puerta y sin voltear la mirada se despidió: "Gracias, tío".

A partir de entonces Asad comenzó un larguísimo periplo por Nor-Africa y Arabia experimentando una profunda atracción ante la vida de los árabes del desierto. Con el tiempo se convirtió en un viajero excepcional, periodista, escritor, filósofo, aventurero, estadista y sagaz diplomático. Estuvo involucrado en la creación y definición de algunos países y también fue un notable islamista que tradujo e interpretó lúcidamente las escrituras del Corán.

Lo increíble es que a la semana de haber nacido, en 1900, en la ciudad austro-húngara de Lvov, Muhamad Asad fue objeto de la ancestral fiesta judía del brith milá (circuncisión masculina) confirmando la alianza divina. Sus padres lo llamaron Leopoldo Weiss y su abuelo, que era un rabino ortodoxo, cantó de felicidad.

A los 14 años Leopoldo Weiss se enlistó en el ejército austriaco a finales de 1914, pero cuando su padre se enteró, de inmediato frustró sus intenciones militaristas. Cuatro años después fue el ejército el que lo requirió, pero la guerra estaba por terminar y de nuevo se truncaron sus afanes guerreros. En aquella época el joven Weiss había iniciado su búsqueda interior con el fin de encontrarse a sí mismo.

Años más tarde, durante una travesía por el desierto fue que decidió convertirse al islamismo y llamarse Muhamad Asad. Fue de los pocos occidentales que viajaron a la Meca.

Su padre y él rompieron relaciones durante una década. Sin embargo, en 1935 retomaron la relación intercambiando correspondencia. En1942 dicha comunicación terminó abruptamente cuando los nazis enviaron a su padre y a su hermana a un campo de muerte.

Al tío psiquiatra nunca lo volvió a ver.