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Starlink ya concentra alrededor de 60% de los satélites activos del mundo
La expansión privada multiplicó la infraestructura en órbita, pero también concentró capacidad crítica. La OCDE advierte sobre dependencias en conectividad, lanzamientos y observación terrestre para gobiernos y empresas.
La expansión comercial del espacio colocó a las empresas privadas en el centro de la infraestructura orbital, pero también concentró una parte considerable de esa capacidad en un solo operador, que al cierre de 2025 controlaba alrededor de 60% de todos los satélites activos.
El dato forma parte de The Space Economy at a Glance 2026, informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que analiza la inversión, competencia, innovación y riesgos de la economía espacial.
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Aunque la OCDE presenta el porcentaje agregado sin atribuirlo en esa cifra, el reporte identifica a Starlink, la constelación de SpaceX, como el principal motor de la ocupación orbital desde 2019. Su despliegue continuo transformó tanto la escala del mercado como el número de equipos en órbita baja.
Los operadores privados representaron 88% de los satélites lanzados durante 2025, frente a 23% en 2010. Además, las telecomunicaciones concentraron 82% de los nuevos satélites puestos en órbita el año pasado.
El crecimiento ha reducido barreras para conectar zonas remotas, prestar servicios de movilidad y desarrollar comunicaciones directas con dispositivos. También creó dependencias para gobiernos, empresas y usuarios que necesitan infraestructura controlada por un número reducido de proveedores.
Estados Unidos amplía su peso orbital
Estados Unidos concentró 55% de los lanzamientos orbitales y 87% de los objetos colocados en el espacio durante 2025. Las organizaciones estadounidenses operaban 76% de los satélites activos al cierre de ese año, impulsadas principalmente por los sistemas de banda ancha.
China realizó 28% de los lanzamientos y colocó 8.4% de los objetos, mientras que Europa efectuó ocho intentos orbitales. El acceso al espacio se amplió a 109 países con al menos un satélite, pero la capacidad de lanzamiento independiente permaneció limitada a 12 economías a mediados de 2026.
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La OCDE advierte que la concentración puede generar dependencias estratégicas en servicios de conectividad, lanzamiento y observación terrestre.
Los gobiernos deben valorar la interoperabilidad, la diversidad de proveedores y las alternativas de continuidad cuando contratan capacidad comercial.
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El asunto resulta relevante para México, cuyo Programa Espacial 2026-2030 reconoce una dependencia estructural de proveedores privados y extranjeros.
El documento plantea desarrollar un nuevo satélite de telecomunicaciones, integrar redes terrestres y espaciales y ampliar la capacidad provista por el Estado de 641.6 a 864 MHz.
México también pretende utilizar capacidad satelital para conectar escuelas, hospitales, redes de emergencia y estaciones celulares en zonas donde la infraestructura terrestre no resulta rentable.
El programa identifica a Starlink como líder de las constelaciones de órbita baja y señala que la convergencia entre redes terrestres y no terrestres está redefiniendo las telecomunicaciones. No obstante, sus indicadores no miden la concentración de proveedores ni el grado de dependencia respecto de infraestructura extranjera.
La OCDE no plantea frenar la participación privada. Su recomendación consiste en conservar mercados competitivos y resilientes mediante reglas previsibles, opciones interoperables y políticas públicas que eviten trasladar toda la dependencia a una sola empresa o tecnología.