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Guerra del Cártel de Sinaloa incrementa asesinatos de menores
Datos oficiales sobre homicidios dolosos de menores de edad revelan que, de las 909 víctimas registradas entre enero de 2015 y marzo de 2026, un total de 380 casos —equivalentes al 41.8 por ciento— ocurrieron entre 2024 y los primeros tres meses de 2026.
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La escalada de violencia derivada de las disputas entre facciones del Cártel de Sinaloa ha impactado de forma creciente a niñas, niños y adolescentes en la entidad. Datos oficiales sobre homicidios dolosos de menores de edad revelan que, de las 909 víctimas registradas entre enero de 2015 y marzo de 2026, un total de 380 casos —equivalentes al 41.8 por ciento— ocurrieron entre 2024 y los primeros tres meses de 2026.
Las cifras muestran además que 2025 se convirtió en el año más letal para menores de edad en Sinaloa desde 2015, con 218 víctimas de homicidio doloso. Dicho incremento coincide con la intensificación de la violencia criminal en distintas regiones del estado, particularmente en municipios donde mantienen presencia Los Chapitos y La Mayiza.
Según información difundida por la Fiscalía General del Estado de Sinaloa, en respuesta a una solicitud de información, con el folio 250483000023726, el aumento entre 2024 y 2025 fue de 66.4%, al pasar de 131 a 218 menores asesinados, es decir, 87 víctimas más en 12 meses. La cifra de 2025 también representa un incremento de 419% respecto a 2015 —primer año en el que se desagregó la información sobre víctimas—, cuando se documentaron 42 homicidios de menores.
Perfil y zonas de riesgo
Adolescentes hombres, de entre 15 y 17 años de edad, es el perfil predominante de las víctimas, ya que sumaron 235 casos, aunque hay, según la fiscalía sinaloense, 617 menores cuya edad no está especificada.
En el caso de mujeres se reportaron 15 víctimas, además de ocho casos que correspondieron a personas cuyo sexo no fue identificado.
Culiacán es el principal foco rojo ya que acumuló, desde 2015 a marzo pasado, 448 víctimas, equivalente al 49.2% del total estatal. Mazatlán registró 122 casos, Navolato sumó 66 víctimas, Guasave contabilizó 39 homicidios y Ahome registró 37.
Sólo en 2025, Culiacán reportó 112 asesinatos de menores, mientras que Navolato tuvo un repunte significativo al pasar de cuatro casos en 2024 a 27 en 2025, un incremento de 575 por ciento.
Mazatlán también mostró un aumento, al subir de 16 víctimas en 2024 a 23 en 2025, equivalente a un alza de 43.7 por ciento.
Armas de fuego
Aunque en 532 casos de menores no se determinó el tipo de objeto con el que se cometió el asesinato, los datos muestran un amplio uso de armamento de alto poder.
Al menos 160 jóvenes fueron ultimados con armas de fuego: 66 víctimas fueron asesinadas con rifles AK-47; 25 con armas calibre .9 milímetros; .223, .45, .357 y armas largas combinadas.
Se reportaron también 123 casos en los que menores murieron por golpes contusos; 50 por arma punzocortante, además de mecanismos abrasivos, machetes y objetos contundentes.
Crisis en infancias
Especialistas en seguridad afirman que la violencia derivada de la disputa entre facciones del crimen organizado en la entidad no sólo ha disparado los homicidios de menores de edad, sino que ha dejado una generación marcada por el miedo, el desplazamiento forzado, el reclutamiento criminal y graves afectaciones a la salud mental.
Alberto Guerrero, explicó que muchos de los menores asesinados no necesariamente estaban vinculados al crimen organizado, sino que fueron víctimas colaterales de enfrentamientos armados.
Sin embargo explicó que “los niños se han convertido en labores que ya conocemos: halcones, transportistas de armas y de precursores químicos; hasta de cocineros y son utilizados en algunos casos como fuerza de combate”.
Para Cristina Pablo Dorantes, académica de la Universidad Autónoma del Estado de México, las infancias “se han vuelto un negocio para el crimen organizado”, pues consideran a los menores como piezas fácilmente reemplazables dentro de sus estructuras.
La especialista consideró necesario implementar políticas públicas integrales que incluyan salud mental, recuperación de espacios públicos, programas culturales, deportivos y atención comunitaria.
“No solamente basta con decir que se van a atacar las causas o entregar una beca. Se necesitan políticas públicas bien diseñadas y coordinación entre familias, escuelas y gobierno”, indicó.
La experta subrayó que muchos adolescentes reclutados por grupos criminales terminan convertidos en narcomenudistas, sicarios o vigilantes armados, mientras que otros mueren rápidamente dentro de las estructuras criminales. “Ellos saben que van a tener una vida corta”, sostuvo.
Un estudio sobre reclutamiento de infancias por parte del crimen organizado de la organización Reinserta afirmó que se da de dos formas: “invitación por parte de amigos o conocidos que ya son integrantes de la delincuencia organizada”, así como búsqueda de más ingresos.