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Opinión

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Un smartwatch que mide presión arterial, sin ser dispositivo médico

La presión arterial medida desde la muñeca. La gran innovación de Huawei Watch D3 es que logra miniaturizar la bomba física y la bolsa de aire de un baumanómetro digital para meterlas por completo dentro de la correa de un reloj.

Maribel Ramírez Coronel | Salud y Negocios

Durante décadas, para que una persona conociera su presión arterial implicaba ir al médico para que se la midiera con el manguito de brazo que se inflaba una vez y se olvidaba hasta la siguiente cita. Luego llegó el baumanómetro digital y la versión para usarse en casa. Ahora se ve venir una nueva era. Los relojes inteligentes o smartwatch dejan de contar solo pasos, sueño y ritmo del corazón durante el ejercicio, para acercarse a mediciones que hasta hoy han definido el monitoreo médico.

El Huawei Watch D3, que está por lanzarse en México, está abriendo esa expectativa antes incluso de tener precio y fecha de preventa. El reloj incorpora una bolsa de aire mecánica en la correa, más estrecha que en la generación previa, con doble ventila lateral y ajuste de área amplia, pensada para inflar, leer y desinflar con menos molestia.

La opción de dicha marca china ofrece dos caminos. Uno es el tradicional Monitoreo Ambulatorio de la Presión Arterial (MAPA), con lecturas a lo largo del día y la noche cuyos resultados sí pueden verse en la app Huawei Health. El otro es un estudio mínimamente disruptivo, presentado como el primero en un wearable: unas 7 tomas en 24 horas —4 de día, para captar picos y valles, y 3 de noche, ligadas al sueño y a caídas de oxígeno— más un promedio continuo a partir del sensor óptico. Eso, aparte de las lecturas antes del ejercicio y en los dos minutos posteriores, alertas por cambios de altitud o de clima, y ajustes de algoritmo para pulso débil, más grasa en la muñeca y rigidez arterial.

El argumento de fondo que hace atractivo este dispositivo es el que ya usa la cardiología: la hipertensión no se entiende con una cifra de consultorio, sino con el ritmo de 24 horas.

En la presentación a periodistas, los directivos de Huawei dejaron ver que México no es solo una plaza más. Lo tratan como mercado grande y relevante, y como terreno donde verán si es factible una entrada gradual al cuidado de la salud. En ningún momento presentan su nuevo smartwatch como dispositivo médico. Sí como un reloj inteligente que acumula signos, recomienda acudir al especialista y, de paso, construye historial.

Esa cautela la tuvieron en lo regulatorio. No buscaron autorización sanitaria de Cofepris. Lo dicen claro: no lo comercializarán como dispositivo médico; las lecturas son referencia, no diagnóstico. Es obvio, sin embargo, que están midiendo el terreno. Es innegable que su nueva tecnología podría terminar compitiendo con el aparato clínico aunque la etiqueta diga lo contrario. Es una zona un tanto gris y ya veremos si más adelante el uso masivo empuja a una conversación distinta con la autoridad.

En ese cálculo pesan los vínculos institucionales, y ya los buscan. En México llevan cerca de un año con el Laboratorio de Física de la Vida del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, no con la Facultad de Medicina, y anticipan una publicación indexada sobre el dispositivo.

También está por verse si los cardiólogos avalan la precisión de las mediciones del Huawei Watch D3. Por lo pronto, se anticipa que ese nuevo smartwatch podría dar un panorama de salud del usuario agrupando en poco más de un minuto frecuencia, oxígeno, temperatura de la piel, estrés, e incluso una versión simplificada de electrocardiograma (ECG); aparte, ondas de pulso y una evaluación pulmonar que incluye una prueba breve de respiración y de tos. Por si no fuera suficiente, desde la aplicación de investigaciones del propio reloj se pueden iniciar estudios de riesgo de diabetes, de tres a catorce días, y de enfermedad coronaria, con cuestionario, ECG y un par de jornadas de uso, resultado local en nivel bajo, medio o alto. La función de bienestar emocional dice identificar hasta 12 estados en unos 10 minutos.

La puerta que se abre es real: tecnología masiva, barata de llevar y capaz de ver lo que una toma aislada no ve. La pregunta que queda es ¿quién interpreta ese flujo, con qué estándar y con qué consecuencia clínica cuando el reloj, sin ser dispositivo médico, ya se comporta como si estuviera a un paso de serlo?

El parteaguas, si llega, será en función de la aceptación. Si los cardiólogos empiezan a mirar estas series de muñeca como tendencia útil —no como sustituto del manguito validado ni como ruido—, el monitoreo que hasta ahora regían el consultorio y el sensor de brazo cambia de escala. Un historial continuo de presión, oxígeno, ritmo, sueño, estrés y actividad puede hacer la consulta más informada. También puede medicalizar el día a día y convertir un “riesgo medio” en veredicto.

La puerta que se abre es real: tecnología masiva, barata de llevar y capaz de ver lo que una toma aislada no ve. La pregunta que queda es quién interpreta ese flujo, con qué estándar y con qué consecuencia clínica cuando el reloj, sin ser dispositivo médico, ya se comporta como si estuviera a un paso de serlo.

TecSalud fortalece especialidad de Cardiología en México

La innovación médica y la colaboración público–privada se consolidan como motores de competitividad en salud. Con esa visión, TecSalud organizó dos simposios internacionales que colocan a México en el mapa de la cardiología avanzada. El 2° Simposio de Intervención Estructural y el 4° Simposio Anual Latinoamericano de Choque Cardiogénico reunieron a especialistas de México, Estados Unidos y Europa para debatir los principales retos de la cardiología: infarto, insuficiencia cardiaca, choque cardiogénico, enfermedades valvulares e intervencionismo estructural. Son simposios que funcionan como espacios de networking estratégico, donde la capacitación continua y la construcción de comunidades médicas robustas se convierten en ventajas competitivas para el sistema de salud.

Barreras de acceso a atención dermatológica, revela estudio global

El primer mapa global del acceso a la dermatología confirma que la atención médica de la piel está fuera de la agenda pública. El estudio de la Liga Internacional de Sociedades Dermatológicas y L’Oréal, publicado en JAMA Dermatology y basado en 158 países, fija en 5.63 dermatólogos por cada 100 mil habitantes el umbral para una atención adecuada. El promedio mundial es de 2.66; México queda en 2.29, con unos 3 mil especialistas para un país de 130 millones. Y otra falla: 83% ejerce en zonas urbanas y 60% sólo en sector privado. El resultado: justo donde la carga de enfermedad es mayor, la oferta, menor. El acceso a cirugía dermatológica y dermatopatología se califica como extremadamente deficiente. Donde no hay especialista, el diagnóstico recae en el médico de primer contacto, casi siempre sin formación formal en la materia. El estudio destaca que más de 2,000 millones de personas viven con alguna enfermedad de piel, pero 7 de cada 10 países no la considera prioridad. El dato debe llevar a que haya más residencias, cobertura pública y telemedicina más allá de la ciudad.

Comunicadora especializada en temas de salud pública e industria de la salud. Cursó la maestría en Administración en Sistemas de Salud en FCA de la UNAM. Forma parte de la iniciativa www.HospitalsinInfecciones.com. Fundadora en 2004 de www.Plenilunia.com, plataforma de contenidos sobre salud femenina.

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