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Opinión

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Signos de interrogación

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Las cosas sencillas son melancólicas. Hiromi Kawakami

No estamos inmersos en el asombro, aunque sea interrumpida la quietud con noticias de más violencia, porque quizá vamos en esa rutina demencial que no debiera acompañarnos, nos vamos acostumbrando a escuchar, no a mirar ese presente de desigualdades que se ha permitido el país por décadas.

No hay al parecer arrepentimientos, sino justificaciones, cuando no es posible reconstruir lo derruido sin reparar la esperanza, el espíritu de salvedades, las horas intensas de aprendizajes en las aulas, esas que no debemos dejar de lado, ahí radica el origen de lo extraviado hoy.

Tenemos y mantenemos en el tintero de las ociosidades, más preguntas que respuestas, interrogamos al consciente, porque nos atrevemos a cuestionarnos donde fallamos, cuando lo hicimos, en ese dejar hacer dejar pasar, sin dejar de ser analíticos, no logramos divisar más allá de un horizonte alterno, un punto azul, negro o rojo en una mitad de hoja en blanco; solo observamos el punto, no la dimensión de lo blanco.

La política a la mexicana como la economía, pareciera que van de la mano en la improvisación, en esos lamentables espacios de poder donde la algarabía no se comparte, sino la pobreza y los abandonos, se ha dejado de escuchar a las voces de la crítica, que también un tanto ha resbalado y otros más han caído en los sótanos del radicalismo a ultranza.

Habrá que mantenernos firmes, con signos de interrogación latentes, no más desde ese anonimato enfermizo, sino desde la precariedad en algunos casos, despertar las inteligencias, provocar reacciones con acciones sutiles, sin dañar más el entorno, donde han permitido anidar la violencia en nuestra juventud extraviada, no perdida.

Ante una segunda oportunidad no hay mañana, ante el silencio o la evasión, en los paralelismos está la palabra, hablada o escrita, la protesta y el grito ahogado, el viejo amigo para contarnos la penúltima aduana en un vagón que experimenta deseos sin ansiedades. 

Reprobados en improvisación, pero preparados para lidiar con esos desengaños, en lo difícil que resulta escucharlos mentir, divididos los que antes estaban unidos, pulverizados por la ambición mezquina del poder, la comodidad de seguir medrando en los espacios de decisión y de definición.

Hay perfiles que dicen más, la simple vista de esa primera impresión cuenta, pero cuesta acordarse, adecuar las circunstancias de los años idos a la actualidad, tejiendo sin incentivos, arando sin apoyos, cumpliendo obligaciones sin contraprestaciones en la equidad del género que se procura, pero no se equilibra.

Nos debiera dar vergüenza el país que estamos dejando a las generaciones en el infortunio, no hay renovación en la vida política, en ese rompecabezas de inventos, sombras sin sol, estrellas sin cielo, necesidades sin recursos, y más y más interrogantes en el vuelo sin insomnios ni flautistas.

No es una película de terror, el retrato en algunos estados del país, es lo que hay dirían los clásicos, consecuencia de lo marginal de quien desde el discurso engaña, promete y no cumple, porque se rodea de alucinaciones que alimentan sus súbditos, paleros que se etiquetan como salvadores, inevitable no suponer el fracaso inmediato.

Habrá que oír el silencio en las noches en vela, pensamientos empeñados en cambiar la historia, la trama que se diseña lejos de la realidad, para mantener el letargo, percatarnos de lo imposible, y seguir esperando al menos, una respuesta convincente sin la perpetuidad de la imagen que hoy seguimos observando; el croquis de otro México.

ENTRE LÍNEAS

Inteligencia artificial a debate, redes sociales con más de siete horas promedio entre la niñez y la juventud, desperdiciando el valioso tiempo que no vuelve, sin mecanismos claros de contención, no de prohibición, porque hay que regular el uso de los aparatos móviles, porque se va diluyendo también el deseo y la creación. Perder tiempo es perder vida.

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