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Opinión

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Roger Chartier, y la conquista de los libros…

Marisol Ochoa | Columna invitada

Tuve la oportunidad de escuchar a Roger Chartier en estos días. Historiador y representante de la cuarta generación de la Escuela de los Annales, representante de la nueva historia cultural y escrita.  Chartier se ha preocupado por observar desde la sociología y posteriormente la historia, fenómenos históricos sumamente interesantes en torno a  la relación que se construye con los libros, los modelos de apropiación de una sociedad en torno a la aprehensión, funcionamiento y circulación del conocimiento, la materialidad de los libros en tanto soportes materiales que influyen en la forma de aprendizaje y de interpretación, la construcción de lógicas de sentido, las formas y prácticas de lectura a lo largo del tiempo y la relación entre los textos y los lectores, -a mi gusto, una de las más apasionantes de todas-, ya que el momento dogmático de la obra, se construye en esas conversaciones internas e íntimas que suceden entre los textos y quienes los leemos, donde los sentidos y resignificaciones se construyen en esas interacciones únicas e irrepetibles.  

Así, Chartier con una escucha atenta y mirada profunda contempla el paso del tiempo, el cambio de los soportes materiales de una cultura escrita y los efectos del funcionamiento social en nuestra era digital.  De conquistadores de libros a navegantes en la red, el tránsito y transformación de una nueva época, - para el historiador considerada sin precedentes-, amerita tomarnos el tiempo para detenernos, observar y comprender qué relaciones estamos construyendo con las herramientas digitales, en donde las formas mediante las cuales actualmente nos relacionamos con los textos -mediados por pantallas- están modificando nuestra forma de seleccionar, buscar, leer, desarrollar criterios de verdad, y relacionarnos entre nosotros. 

A su vez, repara en algo sumamente importante: la fragmentación de los textos, en donde nuestra forma de disponer de textos es en fragmentos, enlaces y breves descripciones, que no permiten tener una relación permanente con lo que leemos, sino una lectura de “hipervínculos” que nos hace ir transitando entre distintas fases y plataformas interminables, impidiéndonos por momentos, comprender una obra en su totalidad, y a mi parecer, crear una relación única e irrepetible con lo que leemos. Por lo tanto, uno de los problemas que aparecen y nos señala, es la forma en la cuál estamos construyendo conocimiento en nuestro tiempo, ya que tener acceso a grandes cantidades de información no significa que podamos comprenderla.

 Si, Chartier reflexiona, y conversa. Nos observa y nos dedica el tiempo de atención que rara vez podemos encontrar en nuestra cotidianidad. Cada pregunta que lo aborda es recibida hospitalariamente, con cuidado y atención. Chartier responde lo que considera es importante no dejar de lado, como, por ejemplo: ¿Qué significa leer y escribir cuando una máquina interviene en el proceso, “remplazando lo humano”? ¿Cómo conocerán y escribirán los historiadores del futuro sobre el presente y el pasado? Chartier, nos invita al diálogo sobre el cuestionamiento de la producción y verificación de la verdad, y a su vez, a no renunciar al cuestionamiento sobre las formas de producción y reproducción de la información, e insiste en fortalecer, tomando distancia, los medios de verificación.  Roger Chartier también nos recuerda que frente a los retos de las nuevas tecnologías, la tarea del historiador se centra en la crítica, donde contrastar, contextualizar, interpretar, explicar y comprobar se vuelven acciones indispensables y responsables con nuestra sociedad, ya que construimos una relación crítica con las huellas de nuestro pasado en tensión con nuestro presente. De ahí la función social de la historia que se enfoca en comprender críticamente cómo las sociedades nos representamos y transformamos el mundo y al mismo tiempo cómo interpelamos nuestras relaciones “presente-pasado”. 

A su vez, nos recuerda e insiste en algo maravilloso, que nos da luz en horizontes que parecen estrechos: “El lector que nació en un mundo sin libros, o casi, elige otra narración en la cual el leer es una conquista, no una herencia”.  Nos señala que las infancias sin muchos libros, su aproximación a la literatura -como lo dice-, a esos libros “que tienen fuerza, densidad y belleza, supone mediaciones”.

 La escuela es la primera, pero también pueden surgir propuestas cívicas que se comprometan a ofrecer a un público más amplio herramientas para leer, discutir e interpretar críticamente la información y que incidan así, en fortalecer democráticamente a la ciudadanía y su capacidad de discernimiento. Ya que como nos lo recuerda, una sociedad democrática requiere no sólo la circulación amplia de información, sino ciudadanos capaces de leerla, interpretarla y someterla a crítica. Gracias Dr. Chartier por permitirnos hacer el tiempo del diálogo, la observación y la atención. Por recordarnos que los libros se heredan, pero también se conquistan…

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