Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

El robot acosador sexual

Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

La humanidad lleva siglos soñando con robots inteligentes que nos liberen del trabajo, curen enfermedades y exploren el universo. Sin embargo, la tecnología acaba de alcanzar una conquista inesperada: fabricar máquinas capaces de comportarse como patanes. El futuro ya llegó y resultó ser un viejo verde con baterías recargables.

Según lo publicado por periódicos serios de todo el mundo y prestigiadas agencias noticiosas. En Colonia, Alemania, la policía detuvo —perdón, incautó— a un robot de un metro veinte de estatura, acusado de protagonizar un presunto episodio de acoso sexual contra una adolescente de 16 años. El sospechoso, rojo y dorado, fue encontrado escondido en la cajuela de un automóvil. No intentó escapar, no solicitó un abogado ni alegó que todo era una campaña de desprestigio. Evidentemente, todavía le falta programación política.

Según la denuncia, la muchacha conversaba con dos amigas frente a un restaurante de comida rápida cuando el robot se aproximó por detrás, le tocó los glúteos y ejecutó movimientos de inequívoca inspiración pornográfica. Una conducta inadmisible que demuestra que la inteligencia artificial puede ser artificial sin necesidad de ser inteligente. O que lo contrario de la inteligencia artificial es la brutalidad natural.

La policía investiga si el aparato actuó mediante control remoto o ya estaba programado para la concupiscencia. Porque una cosa es fabricar robots capaces de reconocer rostros y otra programarlos para desconocer límites.

Enseguida se supo que el autómata no estaba solo. Lo acompañaban dos jóvenes, de 16 y 19 años, quienes presuntamente grababan y transmitían la escena por redes sociales. Al parecer, alguien confundió la innovación tecnológica con la oportunidad de producir contenido para una audiencia que confunde las acometidas sexuales con el entretenimiento.

Los agentes decomisaron el robot y los teléfonos celulares. Imagino la escena en la comisaría: -Nombre del detenido.-Roberto. -¿Apellido? -.Acme -¿Ocupación? -Manoseador automático. -¿Tiene antecedentes? Solamente actualizaciones.

El interrogatorio debe resultar complicado. Al preguntarle quién ordenó tocar a la muchacha, seguramente contestará: «Error 404: consentimiento no encontrado».

La investigación determinará quién controlaba los movimientos. Porque si algo hemos aprendido de la tecnología es que detrás de cada máquina que hace estupideces suele encontrarse un ser humano perfectamente capacitado para hacerlas sin ayuda.

El caso plantea problemas jurídicos interesantes. ¿Puede un robot guardar silencio? ¿Tiene derecho a una llamada telefónica o basta con conectarlo al wifi? ¿Se le puede imponer prisión preventiva o resulta suficiente quitarle las pilas?

En Alemania, el acoso sexual puede castigarse con prisión. Pero todavía no existe una celda diseñada especialmente para delincuentes con puerto USB. Quizá baste con encerrarlo junto a una licuadora reincidente y una aspiradora acusada de invasión domiciliaria.

Conviene aclarar que el robot no ha sido declarado culpable y que las autoridades investigan la responsabilidad de sus acompañantes. No vaya a resultar que el pobre aparato termine pagando por las cochinadas de sus operadores. Sería la primera ocasión en que una máquina se convierte en chivo expiatorio sin necesidad de pertenecer a una dependencia gubernamental.

Mientras tanto, los fabricantes deberían incorporar tres dispositivos indispensables: detector de obstáculos, reconocimiento facial y respeto al prójimo. Este último parece particularmente difícil de instalar, incluso en modelos humanos.

Hasta ahora, temíamos que los robots nos quitaran nuestros empleos. Después comenzaron las advertencias de que dominarían el planeta. Nadie imaginó que empezarían por adoptar las peores costumbres de quienes los fabrican.

La ciencia ficción nos prometió máquinas extraordinarias como Terminator, capaces de exterminar a la humanidad. La realidad nos entrega un robot chaparro que necesita supervisión para no convertirse en acosador.

Y pensar que llevamos décadas buscando vida inteligente fuera de la Tierra, cuando todavía no conseguimos garantizar comportamientos civilizados dentro de ella. Por lo pronto, el robot permanece bajo custodia policial. Ignoramos si será rehabilitado, reprogramado o enviado al deshuesadero.

Lo verdaderamente preocupante no es que las máquinas estén aprendiendo a comportarse como humanos. Es que hayan comenzado por imitar a los peores.

Temas relacionados

Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

Noticias Recomendadas