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El reto empresarial es convertir los ODS en resultados
Opinión
Hace más de una década, la comunidad internacional adoptó los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con la ambición de erradicar la pobreza, proteger el planeta y generar prosperidad para todas las personas. Desde entonces, la sostenibilidad pasó de ser una conversación periférica a ocupar un lugar central en la agenda empresarial. Hoy, las empresas que divulgan información relacionada con sostenibilidad representan la mayor parte de la capitalización bursátil mundial, mientras que las grandes corporaciones monitorean decenas de indicadores ambientales, sociales y de gobernanza.
Sin embargo, a medida que nos acercamos a 2030, se vuelve más evidente que el principal desafío es desarrollar capacidades para cumplir esos compromisos. Durante la última década aprendimos a medir, reportar y fijar metas, pero la siguiente etapa exige algo más complejo. La diferencia entre una organización líder y una con rezagos en materia de sostenibilidad está en su capacidad para transformar esos compromisos en resultados verificables.
Establecer objetivos medibles, asignar recursos y tomar decisiones concretas de inversión es clave para pasar a la ejecución. Una meta de reducción de emisiones, por ejemplo, sólo genera valor cuando se traduce en acciones específicas como la incorporación de energías renovables, la modernización de activos, la electrificación de la flota o la optimización de procesos. De poco sirve declarar aspiraciones si las decisiones operativas, financieras y estratégicas continúan funcionando bajo la misma lógica de siempre.
Gestionar la sostenibilidad demanda priorizar los objetivos de sostenibilidad en la estrategia de la empresa e integrarlos en la gestión de riesgos, la planeación de activos, los criterios de inversión, la relación con proveedores y la evaluación del desempeño de los equipos. Ningún departamento, por especializado que sea, puede asumir por sí solo una responsabilidad que atraviesa todo el negocio.
Otro factor clave es convertir la información que recabamos en el punto de partida para lograr avances, no un fin en sí. Las emisiones de Alcance 3 son un ejemplo idóneo. Conocer el desempeño de nuestros proveedores es apenas el comienzo de la tarea. Una meta de reducción de emisiones abre la oportunidad de identificar brechas, desarrollar capacidades, promover innovación y acompañar a proveedores y aliados en la adopción de mejores prácticas. Cuando esto ocurre, la sostenibilidad deja de limitarse a la organización y comienza a fortalecer cadenas de valor completas.
Además, la sostenibilidad dejó de ser únicamente una expectativa reputacional. Cada vez más, influye en el acceso al financiamiento, la competitividad de las cadenas de suministro, la resiliencia operativa y el cumplimiento regulatorio. En este contexto, las organizaciones que no desarrollen capacidades para gestionar estos desafíos enfrentarán mayores riesgos y menos oportunidades para generar valor en el largo plazo.
Construir estas capacidades exige aprender y ajustar el rumbo. Las tecnologías evolucionan, las regulaciones se fortalecen, las expectativas de los grupos de interés cambian y los riesgos se transforman constantemente. Una estrategia sólida es aquella que tienen la flexibilidad para adaptarse.
A menos de cuatro años de 2030, difícilmente alcanzaremos todas las metas planteadas por los ODS. Aunque puede resultar frustrante, no deberíamos verlo como un fracaso. Evaluar el legado de la Agenda 2030 sólo por las metas cumplidas sería una visión incompleta. Su mayor contribución es demostrar que los desafíos ambientales y sociales van más allá de las declaraciones de intención, y se concentra en la capacidad de colaboración y ejecución. En estos diez años construimos un lenguaje común, fortalecimos mecanismos de rendición de cuentas y aprendimos a integrar la sostenibilidad en el corazón de las decisiones empresariales.
El aprendizaje es claro: la ambición sigue siendo indispensable, pero por sí sola no transforma realidades. En los años que quedan hacia 2030, hay que convertir las metas en resultados tangibles. Ahí se jugará el verdadero legado de esta década y de la próxima.
*La autora es directora global de Comunicación y Sostenibilidad de Aleatica.