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Niveles socio económicos: conectividad y brecha digital
Ernesto Piedras | Inteligencia competitiva
Una métrica mercadológica de uso generalizado es la denominada Nivel Socioeconómico (NSE) que desarrolla la AMAI (Asociación Mexicana de Agencias de Inteligencia de Mercado y Opinión) que segmenta a los hogares según su capacidad para satisfacer las necesidades de sus integrantes (salud, educación, entretenimiento, vivienda, etc.). A diferencia de lo que se suele pensar, no mide directamente los ingresos en dinero, sino el bienestar del hogar a través de variables estructurales y de equipamiento.
En un país caracterizado por la inequidad de los ingresos, 51% de la población (69.1 millones de personas) se ubica en los segmentos de bajos ingresos (D/E), en donde la conectividad compite de forma directa con la satisfacción de otras necesidades básicas.
En este contexto, la rigidez de la infraestructura física residencial se mantiene como la principal barrera de entrada para la inclusión digital de los hogares de menores recursos, mientras que el esquema de prepago y las redes inalámbricas han logrado lo que esas redes fijas nunca pudieron: permear y democratizar el acceso a la base de la pirámide social.
En la cúspide se encuentran los Segmentos de Ingresos Altos y Medios (A/B y C+), 19% de la población (25.7 millones de personas), con plena acceso a servicios de conectividad y entretenimiento.
En una posición intermedia se ubican los Segmentos Medio y Medio-Bajo (C y C-), 30% de la población (40.7 millones de personas), que se mantienen sobre la línea de pobreza y consumen telecomunicaciones bajo un criterio de gasto selectivo.
La base la constituyen los Segmentos de Bajos Ingresos (D/E), mayoría absoluta del país con 51% de la población, un estrato donde el gasto en telecomunicaciones compite en desventaja frente a la cobertura de necesidades básicas de subsistencia.
La barrera de los servicios fijos. La telefonía y el internet residencial exhiben un desplome drástico al cruzar la línea de pobreza.
En los niveles A/B, el internet fijo registra una penetración de 101%, explicada por segundas residencias o múltiples conexiones por hogar; en los segmentos D/E esta métrica se reduce drásticamente a 47%.
La telefonía fija sigue una trayectoria similar, al caer de 97% a un rezagado 42% en los sectores de bajos ingresos.
Movilidad: vector histórico de acceso universal. Hoy en día, la telefonía móvil registra una penetración nacional promedio de 115.1% y logra superar la frontera de 100% incluso en el sector D/E.
Por su parte, el internet móvil sigue una tendencia idéntica de adopción masiva, logrando 89% de penetración por debajo de la línea de pobreza, gracias a la expansión de cobertura, tarifas más bajas y la competencia de los Operadores Móviles Virtuales.
Para millones de mexicanos en la base de la pirámide, el teléfono inteligente es hoy el principal punto de acceso para realizar transacciones financieras, buscar empleo, interactuar con servicios gubernamentales, acceder a educación remota y habilitar microemprendimientos, consolidando a la tecnología móvil como la vía de inclusión y productividad más eficiente en la historia de México.
El acceso al entretenimiento digital, en cambio, mantiene una correlación mucho más estrecha con el poder adquisitivo. La televisión restringida registra una penetración promedio de apenas 39.8%, polarizada entre 81% en los hogares A/B y 42% en la base de la pirámide, mientras que los servicios de streaming de video (SVOD) alcanzan 89% de adopción en A/B frente a solo 27% en el segmento D/E.
México avanza marcadamente en la conectividad con base en soluciones inalámbricas, pero el desafío paralelo y pendiente reside al interior del hogar: tanto las políticas comerciales de los operadores como de los programas gubernamentales de conectividad social deben orientar sus esfuerzos al internet fijo, por sus capacidades tecnológicas, concentrarse en llevar esa conectividad estable, robusta y productiva hasta el interior de cada hogar mexicano.