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Opinión

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México y Egipto: grandes obras, viejas carencias

Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times

Luxor, Egipto.- Esta es una ciudad pequeña, caótica y polvosa, junto al Nilo. No asusta a quienes vivimos en México y conocemos el tránsito desordenado, las construcciones sin terminar, las calles deterioradas y la basura acumulada. Sin embargo, hace unos 4,000 años se levantó aquí Tebas, capital de Egipto hacia 2055 a.C. y durante buena parte del Reino Nuevo, entre 1550 y 1070 a.C. Dentro de Tebas estaba Karnak, el conjunto de templos dedicado al dios Amón y ampliado durante siglos.

Los imperios desaparecen, las ciudades se deterioran y las obras se vuelven atractivos turísticos. Egipto y México tienen desigualdades y gobiernos que presentan sus obras como prueba de progreso, aunque sus beneficios no siempre lleguen a la mayoría. Egipto tiene 118 millones de habitantes y México unos 132 millones. El territorio mexicano es casi dos veces mayor, pero 95% de los egipcios vive en el valle y el delta del Nilo. Esta concentración facilita las comunicaciones, pero presiona la vivienda, el agua y los servicios. En México, la población y la actividad económica están dispersas, lo que encarece la infraestructura y acentúa las diferencias regionales.

En 2025, según el Banco Mundial, el PIB de México fue de 1.833 billones de dólares, cinco veces los 365,255 millones de Egipto. El PIB por habitante fue de 13,889 dólares en México y 3,086 en Egipto. México es una potencia manufacturera integrada a Estados Unidos y Canadá. Egipto depende más del turismo, las remesas, los hidrocarburos y el canal de Suez, cuyos ingresos cayeron por los ataques en el mar Rojo.

Egipto, sin embargo, crece más. El Fondo Monetario Internacional calcula que su economía avanzó 4.6% durante el año fiscal 2025- 2026, una tasa que México no alcanzará. Ese crecimiento tiene un costo elevado: la inflación podría rondar 16.7% durante la segunda mitad de 2026 y la deuda pública equivale a cerca de 87% del PIB.

México tendrá menor crecimiento, pero su inflación anual fue 3.45% en septiembre y la deuda ronda 60% del PIB. Los egipcios sufren un aumento de precios casi cinco veces mayor que el de los mexicanos.

Egipto construye desde 2015 una nueva capital administrativa al este de El Cairo. México construyó el AIFA, el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el Corredor Interoceánico. Son proyectos distintos, pero deben evaluarse con los mismos criterios: costo, demanda real, transparencia, productividad y beneficio social. El tamaño no basta para justificar una obra.

México dispone de mayor ingreso, estabilidad y capacidad industrial, pero crece poco y desaprovecha oportunidades por la inseguridad, la infraestructura deficiente y la debilidad institucional.

Egipto controla una de las rutas comerciales del mundo, pero la inflación, la deuda, la pobreza y el peso del Estado frenan la inversión privada.

Tebas fue durante siglos el centro político y religioso de una potencia. Sus gobernantes levantaron templos que asombran, pero no aseguraron el bienestar de las generaciones siguientes. México tampoco se desarrollará por construir aeropuertos, trenes o refinerías, sino cuando esas inversiones produzcan crecimiento, empleos y mejores servicios. Si no lo logran, quedarán como monumentos a las prioridades de quienes gobernaron.

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Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.

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