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Menor inflación y tasas más altas ¿qué pasa?

El gobierno de EU subastó 25,000 millones de dólares en bonos a 30 años, con la tasa más alta registrada en una subasta para este plazo desde 2001.

OpiniónEl Economista

En las recientes semanas se ha intensificado la presión en los rendimientos de la deuda de largo plazo. Particularmente en Estados Unidos. A diferencia de las primeras fases del ajuste monetario, en las que el tramo corto de la curva guiaba los movimientos, el comportamiento reciente ha destacado por un empinamiento por el lado de los plazos largos.

Este fenómeno se le denomina en el argot de los mercados en inglés como bear steepening. Es un movimiento que refleja desconfianza en el futuro de los réditos a pesar de condiciones que en la actualidad pudieran ser complacientes.

A pesar de resultados favorables con relación a la inflación, y a que los recientes datos sobre el desempeño de la economía, como la caída en la generación de empleos y la menor dinámica del consumo vistos en julio, que parecen postergar la idea de que la Reserva Federal (Fed) aumentaría las tasas de referencia (tasas a un día) en septiembre, los participantes en los mercados exigen un premio mayor por invertir en plazos más largos.

Tan solo la semana pasada, la emisión de bonos del Tesoro que semanalmente hace el gobierno hizo levantar algunas cejas. Se subastaron 25,000 millones de dólares en bonos a 30 años, los cuales se adjudicaron con un rendimiento del 5.216%, la tasa más alta registrada en una subasta para este plazo desde 2001 (máximo en 25 años).

Asimismo, se subastaron bonos a 10 años por 42,000 millones de dólares, que se colocaron a una tasa del 4.683%, representando el costo de financiamiento más elevado para el título de referencia desde 2007.

El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos. Los réditos de largo plazo en Francia se cotizan a la mayor tasa desde el 2008 y los bonos soberanos de Alemania a la mayor tasa desde 2011; mientras que en Japón los bonos emitidos por el gobierno a 10 años alcanzan su mayor nivel desee 1996 (2.95%), algo similar a lo que sucede en el Reino Unido.

¿Por qué sucede este fenómeno? Quitando algunos factores de origen doméstico, los inversionistas a nivel global reflejan su preocupación acerca de los elevados déficits fiscales en el mundo desarrollado, la persistencia de posibles presiones de la inflación, sobre todo con la guerra en Medio Oriente aun con dudas sobre su finalización y los cambios demográficos que podrían representar una mayor demanda de bonos a plazos más largos.

Tan solo en Estados Unidos se ha reportado que el déficit público alcanza ya los 40 billones de dólares (trillones en la nomenclatura en inglés). Con una guerra que financiar, en la víspera de elecciones intermedias y con un gobierno que no da trazas de intentar un control de este crecimiento, la emisión de bonos por parte del gobierno para financiar un déficit presupuestario creciente ha saturado la capacidad del mercado para absorber nueva deuda sin exigir rendimientos más altos.

Asimismo, las tensiones geopolíticas globales y aumentos en los precios de la energía, sumados al impacto acumulado de barreras comerciales y aranceles, han ralentizado el proceso de desinflación, reduciendo el margen de los bancos centrales para recortar tasas de interés aceleradamente.

Aun la Fed en Estados Unidos muestra su división sobre la idea de controlar una inflación que supera el 3.0% y se ubica lejos de su objetivo; las dudas con relación a los precios de los combustibles y las presiones de segundo orden no están ausentes del panorama.

Una tercera causa es el cambio en la base tradicional de compradores. Varios países han reculado en la acumulación de reservas internacionales en bonos del Tesoro norteamericano a raíz de la beligerancia comercial del gobierno de Trump.

Asimismo, la fuerte colocación de bonos por parte de empresas vinculadas en temas de inteligencia artificial (IA) para financiar las inversiones de capital que la nueva tecnología requiere han creado a un nuevo competidor en el mercado de bonos que fuerza a los participantes a exigir mayores premios.

Las tasas altas aumentan el costo de refinanciamiento de los estados, reducen el margen fiscal para inversión pública e incrementan las alertas sobre la sostenibilidad de la deuda a largo plazo. De igual modo, la subida de las tasas largas se traslada de forma directa al costo de las hipotecas y de los préstamos comerciales, desincentivando la adquisición de vivienda y enfriando la inversión privada.

Por último, al subir el rendimiento del activo considerado "libre de riesgo", se incrementa la rentabilidad exigida para todos los demás activos financieros, restringiendo el crédito corporativo y generando volatilidad en los mercados emergentes.

No se engañe, estamos presenciando la transición hacia un régimen financiero donde el costo del capital se mantendrá en niveles superiores a los de la década pasada en donde las condiciones se volvieron favorables después de la crisis del 2008.

La exigencia de mayores premios y la presencia de tasas de interés de largo plazo es algo que muchos inversionistas no habían visto suceder, y no es una buena noticia para las inversiones y el perfil de crecimiento de las economías.

*Rodolfo Campuzano Meza es director general de INVEX Operadora de Fondos de Inversión.

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