Lectura 4:00 min
Mazatlán: las mujeres en el mapa de la violencia en Sinaloa
Marisol Ochoa | Columna invitada
La violencia que atraviesa Sinaloa a partir de los datos anuales y mensuales que se dan a conocer por parte del Consejo Estatal de Seguridad Pública, nos exige aproximaciones más profundas, principalmente en torno al aumento de casos recientes de mujeres asesinadas. Desde el 2024, el estado ha vivenciado un continuo recrudecimiento de las violencias, esto a partir de diversos factores, entre los cuales destacan disputas entre grupos criminales, lo cual ha provocado que el desplazamiento de la violencia criminal a otros municipios no solo afecte dinámicas cotidianas de la población, sino que altere otras lógicas relacionales que se padecen en los territorios y las altere, como es el caso de los feminicidios. Lo que va del 2026, ha sido considerado el año más letal para las mujeres en Sinaloa ¿A qué se debe?...
Para analizar el contexto sinaloense, valdría la pena contemplar que factores locales, regionales y estatales, pudieran estar influyendo en el incremento de casos de feminicidios, tomando en cuenta una dimensión estructural, contextual y multifactorial, esta última contemplando el papel de las instituciones y su capacidad para analizar -investigar y clasificar- y prevenir este delito. De acuerdo con datos de la Fiscalía Estatal del Estado de Sinaloa, de conformidad al rubro “Mujeres ofendidas” Delitos de alto impacto, en 2023 se clasificaron por feminicidio y homicidio doloso, 38 casos, en 2024; 56 en 2025; 105 y en lo que va del 2026 hasta el mes de septiembre; 115 casos. Es importante destacar que, en 2025, Sinaloa registró 104 mujeres asesinadas por feminicidio u homicidio doloso, lo que representó un aumento del 89 por ciento respecto del año anterior, de acuerdo con el Consejo Estatal de Seguridad Pública.
A su vez, siguiendo el desglose de información de este 2025, del total de 104 mujeres asesinadas, el Consejo Estatal informaba que 73 eran feminicidios y 31 homicidios dolosos, y de este total, 58 de los casos se perpetuaron con arma de fuego, es decir el 79.5%. Entre 2024 y 2026 el aumento de violencia letal contra las mujeres ha sufrido un aumento considerable, destacando el 2026 como el más letal, y esto pudiera responder a distintos factores: el primero, como lo mencioné sería el contextual, existe una violencia sistémica y estructural en el estado, a partir de la presencia y confrontación de grupos criminales que altera las relaciones y tensiones en distintas partes del territorio. El segundo responde al contexto: convergencias causales, donde las disputas territoriales están aumentando la exposición de mujeres a situaciones de riesgo, debido a una interacción en el entorno con dinámicas que la lógica criminal gestiona zonas de venta de droga, espacios de operación económica ilegal, o relaciones y tensiones que pudieran estar generando coincidencias, donde la violencia criminal y de género estén provocando interacciones y estados de emergencia. Tercero, normalización de la violencia de género, y falta de capacidad de prevención por parte de las instituciones para delimitar zonas de riesgo y espacios de tensión, donde la violencia letal contra las mujeres sea expuesta en terreno por diversas causas. Ahora bien ¿Por qué Mazatlán? En agosto de 2026, Mazatlán registró al menos siete asesinatos de mujeres durante la segunda mitad del mes, según un recuento de la Revista Espejo.
En Mazatlán, el incremento de las muertes violentas de mujeres en los últimos meses ha tendido un aumento considerable, lo cual amerita observaciones y análisis que nos permitan comprender ¿Que cambió en Mazatlán? Por una parte, coincide con una etapa de expansión de la violencia criminal hacia el sur del estado, pero establecer qué relación existe entre ambos fenómenos -violencia criminal y feminicidio-, requiere ir más allá de los datos, analizar y cruzar variables. En septiembre, la Fiscalía estatal informó que analizaba casos de feminicidio ocurridos en Mazatlán, Escuinapa y Culiacán para identificar posibles patrones y vínculos con actividades de narcomenudeo y/o actividades ilícitas en zonas con presencia criminal.
Así esta coincidencia temporal y territorial abre una pregunta central: ¿en qué medida la disputa criminal está contribuyendo al aumento de los asesinatos de mujeres y qué otras formas de violencia, particularmente la ejercida por razones de género, están presentes en estos casos? Responder a esta pregunta implica reconstruir las circunstancias de cada muerte, analizar y examinar los antecedentes de violencia, identificar posibles conexiones criminales documentadas en carpetas de investigación y evaluar la capacidad de las instituciones para prevenir los ataques e investigar las causas y a los responsables. Porque contar a las víctimas es indispensable, pero comprender por qué y bajo que circunstancias están muriendo y qué pudo haberse hecho para evitarlo es una tarea igualmente urgente.