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¿Por qué matan periodistas?

OpiniónEl Economista

El periodista oaxaqueño Francisco Alejandro Leyva Aguilar salió de su casa como normalmente lo hacía, se paró en un puesto de comida y, ahí, fue asesinado por dos sicarios a bordo de una motocicleta. El modus operandi ya se ha vuelto costumbre: criminales que conocen la rutina de sus víctimas y que las acechan hasta encontrar su oportunidad. Un día que debía ser normal se convirtió en tragedia.

Lo demás se repite como en un guion ensayado: las fiscalías estatales aseguran que harán las investigaciones hasta hallar a los culpables, la Fiscalía General de la República atrae el caso y dice lo mismo. Los días siguientes veremos cómo son arrestados y procesados personas que probablemente tienen relación con el caso. Parece haber una regla: arrestar a muchos se ha vuelto sinónimo de cumplir la ley.

Leyva Aguilar escribía una columna llamada El zumbido del moscardón donde criticaba al gobernador de Oaxaca, Salomón Jara. Días antes de su muerte, difundió un video donde aseguraba que un grupo criminal le había ordenado a Jara impulsar la candidatura de la secretaria de Turismo estatal, Saymi Pineda. Aquí hay un patrón que se repite, pero del cual las autoridades no hablan: periodistas que critican a funcionarios y que terminan siendo víctimas del crimen organizado. El nexo Poder-Crimen parece claro.

El año pasado, Reporteros sin Frontera reportó nueve periodistas asesinados, este año van seis en siete meses. Se repite una y otra vez la conclusión: México es la nación sin conflicto armado más peligrosa del mundo para ejercer el periodismo. ¿Por qué matan periodistas? Porque pueden, porque la impunidad hace que en más del 90% de los casos los autores intelectuales no reciban castigo.

Los nombres de los comunicadores caídos son: Carlos Castro, asesinado el 8 de enero, en Poza Rica, Veracruz; Luis Ángel López Valdez, asesinado también en Poza Rica, en junio; en este mismo mes, también en Veracruz, la periodista Roxana Guzmán fue sacada de su casa por la fuerza y hallada sin vida el 3 de julio en uno de los casos más impresionantes por la violencia que le infligieron; el cuarto fue Manuel Alejandro Moreno Serna, asesinado en Zihuatanejo, Guerrero; el director del medio de comunicación local Noticias San Martín Texmelucan,  Josué Martínez Contreras, fue asesinado en el estado de Puebla el 16 de julio;  finalmente, esta semana se dio a conocer la muerte de Francisco Alejandro Leyva Aguilar. Para estos no existe el pase de lista desde el poder.

Acerca de la periodista Roxana Guzmán, ayer se dio a conocer que el Congreso de Veracruz recibió la solicitud de desafuero contra el alcalde del municipio de Ixhuatlán, Raúl González, por su presunta relación con el secuestro y asesinato de la periodista. Supuestamente, hay un testigo que asegura que la comunicadora tenía una foto en la cual aparece el alcalde portando un arma larga y esto podría dañar su imagen. El motivo no parece sólido y hay que tomar la noticia con cautela. El testigo asegura que “el presidente municipal se comunicó con el líder del grupo delictivo La Sombra para darle instrucciones sobre el secuestro de Roxana”. Regresamos a lo mismo, los periodistas critican a los políticos y el crimen organizado los asesina.

El martes pasado, Tere Vale y un servidor entrevistamos en el Rapidín a Pedro Cárdenas de Artículo 19, quien nos dijo que “Durante Sheinbaum se ha reducido la descalificación contra la prensa, pero no ha desaparecido.” En efecto, las diatribas contra la prensa son menos numerosas, pero siguen ahí. También el esquema del Detector de Mentiras y su versión vespertina denominada Detector de Mentiras Extendido, a cargo de Luisa María Alcalde, la Consejera jurídica de la Presidencia.

Más de un periodista ha recurrido al sistema judicial por las descalificaciones que sufren en esas secciones. El más notorio fue el caso del periodista Raymundo Riva Palacio, quien obtuvo una victoria judicial definitiva sobre la demanda que presentó el sexenio pasado contra los ataques del expresidente López Obrador. “La resolución del Consejo de la Judicatura Federal (CJF) establece que las declaraciones contra el periodista vulneraron sus derechos humanos, incluyendo su honor y privacidad, sentando un precedente importante en la defensa de la libertad de expresión y el respeto a los derechos fundamentales de los periodistas en México.” Sin embargo, al gobierno no le importa, siguen descalificando a los periodistas desde la mañanera.

Los datos de Artículo 19 y otras organizaciones son alarmantes, hablan de que la muerte de periodistas a manos del crimen se ha mantenido estable en los últimos tres sexenios (Calderón, Peña y AMLO), aproximadamente entre 47 y 48 comunicadores asesinados. Sheinbaum va para allá.

El nombre del juego es impunidad. Dice Pedro Cárdenmas acerca de esto: - “La impunidad es tan alta que es inconmensurable”.

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