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¿Puede llegar un centro de datos a Yucatán?
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Es a ese negocio al que va la mayoría del dinero del mundo en estos días. Solo Amazon Web Services invirtió 5 mil millones de dólares en su región de centros de datos en Querétaro.
En efecto, hay centros de datos en México que cambian la perspectiva local y nacional.
Pero los gobiernos morenistas defienden, al menos en sus discursos, que quieren desarrollar el sur de México. Allá no hay. ¿Puede llegar un centro de datos a Yucatán?
Los centros de datos necesitan mucha electricidad y en México esa energía se produce mayoritariamente quemando gas en ciclos combinados. Hoy, Yucatán no tiene suficiente gas ni suficientes ciclos combinados. Atención, antes de que se me echen encima:
Es cierto que la CFE invirtió en dos centrales de generación desde la pasada administración. Se llaman Mérida IV (rebautizada “Elvia Carrillo Puerto”) y CCC Valladolid (también llamada CCC Riviera Maya), realizadas por Mitsubishi, tarde, pero realizadas.
Requirieron más de 1,200 millones de dólares en inversión que seguramente fueron usados diligentemente por el exdirector Manuel Bartlett.
Desde mayo, Elvia Carrillo Puerto –que debió operar desde 2024– opera comercialmente, aunque con restricciones de despacho.
La otra que también debió operar hace casi dos años, continúa en fase de pruebas.
Bien por esa capacidad añadida –o por añadir– a una región que la demanda con urgencia. ¿Pero por qué no funciona al 100%?
Hay un déficit en el suministro de gas natural que ya debería haber llegado por el gasoducto Cuxtal II, de 2,000 millones de dólares, desarrollado por ENGIE México, que, adivinen, tampoco entregó a tiempo.
Ambas plantas requieren un flujo masivo de gas para operar eficientemente a ciclo completo.
El gasoducto Cuxtal II amplía el ducto Mayakan que llevará gas desde Cactus, Chiapas, por Tabasco y Campeche y hasta Yucatán.
Sin este ducto terminado a plena capacidad de compresión, no existe el volumen de gas necesario para alimentar simultáneamente los 1,519 MW de capacidad de esas centrales.
Sin esa energía no pueden llegar centros de datos, fábricas y otros proyectos que pueden generar más actividad económica y empleos.
Los gobiernos federal y estatal esperan que para finales de 2027 todo funcione.
Hay otro asunto: ¿qué procedencia tendrá el gas que llegue, eventualmente? Pemex aún no alcanza la producción que tuvo en 2020.
Luego está la oportunidad de producirlo eventualmente mediante la técnica del fracking, que podría avanzar políticamente en México tras 25 años de propuestas gubernamentales. Por el momento, México no parece opción.
¿Hay otra? Estados Unidos, cuya producción sigue creciendo: obtiene 4 por ciento más que el año pasado y 26 por ciento más que en 2020.
A México, ese país exporta cada año un volumen récord de gas que en parte llega a Veracruz mediante un ducto submarino cuyas entregas, en teoría, podrían llegar a Yucatán.
¿El problema? Que no somos los únicos que queremos el gas estadounidense.
Sus exportaciones de gas licuado (LNG), en barcos, crecieron 28% en un año contado hasta junio. Europa y Asia compran energía; las plantas estadounidenses convierten esa necesidad en demanda adicional dentro del mercado que abastece a México.
Ante la demanda, la infraestructura para vender sigue creciendo.
La Agencia de Información de Energía de los vecinos comunicó el martes que Cheniere concluyó la fase 3 de su terminal de LNG Corpus Christi: elevó su capacidad a 3,100 millones de pies cúbicos diarios, ya es la segunda mayor terminal de EU. Crecerá más en 2028.
En Europa y Asia pagan alrededor de 20 dólares por millón de BTU; en Texas y México, alrededor de 3 dólares, por ahora.
Cada ampliación de allá permite que una mayor parte del gas norteamericano encuentre compradores internacionales. ¿Cuánto costará recibirlo donde hace falta, por ejemplo, en Yucatán con el costo de transporte desde Texas?
En cualquier caso, el gas más caro es el gas que no se tiene.