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La llave que no abre

OpiniónEl Economista

Hace unas semanas intenté crear mi cuenta en Llave MX. El sistema me pidió una CURP certificada. Para certificarla, el portal me remitió al Registro Civil digital, que exige iniciar sesión con Llave MX. Sin cuenta no hay certificación y sin certificación no hay cuenta. Guillermo de Ockham advertía en el siglo XIV que no deben multiplicarse los entes sin necesidad. Siete siglos después, el gobierno federal creó un ente para eliminar trámites y terminó por sumar uno más, con la agravante de que ahora es el candado de todos los demás. 

No es una anécdota aislada. Especialistas consultados en simplificación administrativa coinciden en que, para el usuario común, el proceso se volvió más complejo: donde antes bastaba presentarse con documentos, hoy hay que sortear captchas, códigos que no llegan y avisos de que la CURP ya está registrada. Buena parte de las fallas, señalan, no está en la llave en sí, sino en la digitalización apresurada de documentos y trámites que se conectaron a ella sin depurar los registros de origen.

Los datos ayudan a dimensionar el rezago. En el Índice de Desarrollo de Gobierno Electrónico de la ONU 2024, México ocupa el lugar 65 de 193 países, detrás de Uruguay (25), Chile (31), Argentina (42), Brasil (50), Perú (58) y Costa Rica (61). México Evalúa recuerda además que, según el Censo Económico 2024, sólo 26.2 por ciento de las empresas del país usó internet ese año.

El sustento legal es la Ley Nacional para Eliminar Trámites Burocráticos, publicada en 2025. Su artículo 8 convierte a la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones en Autoridad Nacional de Simplificación y Digitalización, y el artículo 9 le ordena establecer Llave MX como el mecanismo de autenticación e identificación en medios digitales. El artículo 72 permite asociarle fotografía y huellas, en línea con la reforma a la Ley General de Población que dio vida a la CURP biométrica. La ley, en suma, no ofrece la llave como opción: la impone como condición.

El discurso oficial es optimista. La presidenta Sheinbaum explicó desde noviembre de 2024 que la idea era que quien hiciera un trámite pusiera su nombre y su contraseña y ahí aparecieran sus datos. En junio pasado informó que el programa de simplificación lleva 60 por ciento de avance, con mil 711 trámites eliminados y 3 mil 497 simplificados, y que Llave MX suma 28 millones de cuentas, un millón de usos semanales y 242 sistemas integrados.

El problema es que esas cifras miden oferta, no experiencia. Contar cuentas abiertas no dice nada de cuántas se quedaron a medias, ni de cuántas personas volvieron a la oficina. Un pasaporte con menos requisitos sirve poco si la cita depende de una cuenta que no se puede crear. La simplificación regulatoria seria mide tiempos, tasas de abandono y satisfacción del usuario, y publica los resultados. Aquí se eliminó la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria, se concentró la función en la Agencia y desapareció el contrapeso que podía evaluar con independencia.

La identidad digital única es una buena idea que funciona en Estonia, Dinamarca y Uruguay porque se diseñó desde el usuario y con rutas alternas para quien queda fuera. En México se diseñó desde el sistema. Antes de exigir la llave en todas las puertas, la Agencia debería garantizar tres cosas: que la certificación de la CURP pueda hacerse sin cuenta previa, que ningún trámite esencial dependa exclusivamente del canal digital y que un tercero mida el resultado. Modernizar no es cambiar la fila de lugar. Es que la gente deje de hacerla.

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