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Opinión

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La inteligencia artificial: ¿será?

Miguel González Compeán | Columna invitada

Como únicos responsables de la creación de la inteligencia artificial (IA) (AI, en ingles), hubiera sido muy poco inteligente creer que la IA hubiera sido mejor que nosotros mismos. Me explico.

Mi generación ha sido la bisagra plástica de la revolución tecnológica. Llegamos a la vida, y así transcurrimos nuestra infancia y juventud. Con una virtud, sin embargo: aprendimos de una u otra manera a reconocer y manipular tecnologías pasadas, al mismo tiempo que aprendíamos bajo presión palpable a entender y manipular las nuevas. 

El día de hoy yo me extraño de la ignorancia enorme de las nuevas generaciones sobre el entendimiento funcional de, por ejemplo, un teléfono de pulsos, un generador de energía para las luces de la bicicleta y tantas otras cosas de las que los adolescentes y jovenes, son profundamente ignorantes. Se han convertido en dependientes funcionales de la tecnología preponderante e ignorantes profundos de la mecánica intrínseca de una parte de la tecnología existente. 

Hace unas buenas decenas de miles de años, “ homo sapiens” (ahora se sabe) convivieron con por lo menos unas 8 otras especies de “homos”. A todos los desaparecimos o los sustituimos en la ecología existente, entonces, salvo los Neanderthal. 

Hace unos poquísimos años, empezó a circular la noticia de que habíamos descubierto como mimetizar (así se dijo entonces) la inteligencia humana. Se trataba de ordenes o instrucciones dadas, qué a través de la prueba y error, fueran afinando las capacidades de procesadores y máquinas (a través de algoritmos matemáticos) que pudieran eventualmente responder preguntas complejas en tiempos inusitadamente cortos, manejar enormes cantidades de datos, tomar decisiones extraídas de la experiencia enorme de otras millones de máquinas y seres humanos, decidiendo sobre algún asunto específico y cuyo desarrollo, dependía, escénica mente, de la capacidad de procesamiento de los procesadores existentes.

Muchos y muy respetados científicos advirtieron que aquello era un sucedió colectivo y que deberíamos abandonar dicha carrera por su desarrollo. La semana pasada un ex empleado de una de las empresas más significativas de esta carrera, ha sostenido públicamente que el mundo, como lo conocemos, podría desaparecer para no más lejos que el 2030. De inmediato colegas y otros participes de dicha competencia han sostenido lo mismo.

Elon Musk lo dice con crudeza: cuando los seres humanos construimos una carretera y tenemos que pasar por encima de un hormiguero, pasamos sin el menor remordimiento de consciencia, así actúa la IA.

El peligro ha aflorado. Se tienen noticias de máquinas que engañan a sus evaluadores; máquinas que jaquean a otras maquinas; engaños producidos, por lo que en palabras de las propias maquinas de IA, “se sacrifican” para producir un engaño más complejo a los evaluadores, todo ello sin la menor emoción o consideración ética o teológica con los creadores (es decir, nosotros). En fin.

Nuestros problemas cotidianos son suficientes y gravosos. Nuestros políticos en el poder mediocres e ignorantes actuando como nuevos ricos en Boston, pero si algo se ha incorporado con seriedad a la lista de mis afanes cotidianos es este tema, del que no sabemos quién se está haciendo cargo con el juicio y el sentido común indispensables. Nada más, pero nada menos, también.

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Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

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