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Opinión

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Inteligencia Artificial: ¿Furia bursátil o amenaza existencial?

Enrique Campos Suárez | La gran depresión

¿Cómo nos podría ayudar a resolver esta paradoja la IA? Ya se generó una paranoia colectiva por el debate sobre las posibilidades de que la Inteligencia Artificial termine por dominar al mundo; pero, al mismo tiempo, en Wall Street tiemblan ante la posibilidad de que un freno político al desarrollo de esta tecnología no pague las cuentas a tiempo y estalle una burbuja bursátil que reviva los peores escenarios de una crisis financiera.

Es muy importante entender lo esencial de la discusión actual sobre los retos de la Inteligencia Artificial para separarlos de la ciencia ficción y aterrizar su desarrollo actual y futuro en la economía real. No hace falta pensar en Terminator para explicar los riesgos globales de esta fascinante tecnología; es mejor imaginar a la IA como una fábrica gigantesca, altamente eficiente, pero ciega.

En el corto plazo el peligro ya lo vemos y lo vivimos cada vez con más intensidad: tiene la capacidad de inundar el ecosistema de la verdad con “plástico barato” (como aquellas manufacturas asiáticas de los años 90): desinformación masiva, fraudes cada vez más complejos y deepfakes que erosionan la confianza, incluida la confianza en la democracia.

Y en el largo plazo, el problema –según explican los expertos– es de alineación: ¿qué ocurre si le pedimos a una máquina autónoma que optimice un proceso y esa Inteligencia Artificial se da cuenta de que la mejor manera de mejora es eliminar el obstáculo humano?

Sin embargo, en este punto de desarrollo acelerado, frenar las máquinas ya no es una opción realista; sobran los ejemplos de lo que ha cambiado para bien con la adopción de ese avance tecnológico y es un hecho que ninguna nación o corporación se quiere quedar fuera de la mayor frontera de productividad desde la llegada de la electricidad.

Hay algo adicional que es un problema: la ambición de la anticipación. Las inversiones para el desarrollo de esta tecnología han sido descomunales, a tal grado que los recursos escasos compiten hoy contra los bonos de deuda de los países. Y los mercados bursátiles han hecho apuestas asumiendo ganancias futuras colosales.

Un freno político al desarrollo de esa tecnología y a esas inversiones podría provocar el estallido de una burbuja financiera con un nivel de destrucción de los mercados no visto desde la crisis dot-com del 2000.

La verdadera trampa en este momento no es la eventual rebelión de las máquinas que aniquile a los humanos, sino la incapacidad de tener un pensamiento de autoprotección como especie.

Si un bloque geoeconómico decide pausar por prudencia ética el desarrollo de la IA, no hay duda de que el rival acelerará sus procesos para hacerse de la hegemonía tecnológica.

No se trata de las GPU haciendo planes para eliminar humanos; es la competencia desenfrenada para ganar una guerra geopolítica, absorber la mayor liquidez global y ganar la batalla de la infraestructura tecnológica. El dilema no solo es técnico, es profundamente económico. Hoy conviven los dos temores: uno –no muy bien explicado– de perder el control ante las máquinas; y otro –de beneficio acotado y efecto socializado– de desmoronar el sistema financiero que financia la expansión de la Inteligencia Artificial.

La verdadera trampa en este momento no es la eventual rebelión de las máquinas que aniquile a los humanos, sino la incapacidad de tener un pensamiento de autoprotección como especie.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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