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Opinión

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No somos iguales

Jaime Cervantes Covarrubias | (p) palabra de líder

Cambiemos el liderazgo del mundo, una persona a la vez

Hay niñas a las que les entregamos la responsabilidad de una familia antes de permitirles imaginar construir su propia vida.

Blanca Estela Pérez Villalobos creció como la segunda de siete hijas e hijos. En nuestra conversación recuerda que, desde pequeña, asumió responsabilidades de cuidado que el entorno consideraba naturales por ser mujer. Estudiaba, ayudaba y aprendía a responder por otras personas. Años después tuvo que combinar trabajo y universidad; terminó su carrera en un tiempo distinto al de quienes estudiaban con ella.

Su relato me detuvo en esa niña. Antes de su desarrollo curricular y de los cargos que fue ocupando,  responsabilidades que reducían su tiempo para auto descubrirse. La familia necesitaba cuidados; alguien había decidido, sin necesidad de anunciarlo, a quién le correspondían.

Blanca reconoce tres influencias que la acompañaron: su madre, que buscaba recursos para sacar adelante a la familia; una abogada que abrió camino como primera socia del despacho donde ella trabajaba; y las religiosas con quienes vivió en Puebla, que la alentaron a levantar la voz y defender sus posibilidades. El encuentro con otras mujeres le permitió imaginar una vida que su entorno inicial no alcanzaba a ofrecerle.

¿Cuántas vocaciones seguimos organizando alrededor de una obligación que nunca fue elegida?

Blanca es empresaria, madre y promotora de la participación económica de las mujeres. La invité al séptimo episodio de la segunda temporada de (p) Palabra de Líder, No somos iguales, donde la presentamos como presidenta de la Comisión de Inclusión y Diversidad del Consejo Coordinador Empresarial. Su trayectoria ofrece una voz cercana para examinar cómo se abren oportunidades y qué resistencias permanecen.

El hilo de estas columnas llega hasta aquí con una exigencia creciente. Con Luis Velasco Lafarga aprendimos a escuchar cuando tenemos poder; con Jorge Guerrero, a mirar las relaciones que sostienen al país; con Tomás Natividad, a convertir derechos en justicia cotidiana. José Yuste nos llevó al ingreso familiar; Maribel Ramírez Coronel, a la salud que ese ingreso debe proteger; David Calderón, a la educación que amplía nuestra capacidad de decidir. Con Blanca aparece una pregunta que atraviesa todo el recorrido: ¿quién puede acceder realmente a esas posibilidades?

Mi convicción es que la inclusión debe reconocer a cada persona en su singularidad y transformar las condiciones que convierten sus diferencias en desventajas. Somos iguales en dignidad; nuestras historias, necesidades y oportunidades son distintas. La justicia comienza cuando podemos sostener ambas verdades.

Lo heredado también puede aprenderse de nuevo

En El segundo sexo, publicado en 1949, Simone de Beauvoir, filósofa francesa que examinó la condición femenina desde la libertad, estudió cómo la historia y la vida social moldean lo que se espera de las mujeres. Su reflexión ayuda a separar una condición corporal de un destino impuesto. Tener capacidad de cuidar no significa estar obligada a renunciar al propio proyecto.

La historia mexicana muestra cuánto costó cuestionar destinos que parecían incuestionables. En 1947 se reconoció a las mujeres el derecho a votar en elecciones municipales; la reforma federal llegó en 1953 y participaron en las elecciones federales de 1955. Conviene distinguir esos momentos. Aquellos derechos fueron conquistados mediante organización, pensamiento y persistencia de mujeres que encontraron resistencias presentadas como sentido común.

Los feminismos hicieron visibles exclusiones que una idea abstracta de humanidad dejaba intactas. Esa contribución pertenece a nuestra memoria democrática. Una inclusión centrada en la persona debe profundizarla, reconociendo también experiencias que desbordan una lectura exclusivamente binaria de la vida humana.

El patriarcado puede entenderse como un orden de relaciones que ha concentrado autoridad y ventajas en los hombres y ha distribuido de manera desigual el cuidado y la autonomía. Sus efectos varían según ingreso, edad, territorio y otras condiciones. Reconocerlo permite examinar prácticas concretas sin convertir a cada hombre en una caricatura ni suponer que todas las mujeres viven la misma historia.

Como hombre, empresario y padre, me corresponde revisar lo que aprendí a considerar normal. En el episodio reconozco que sigo deconstruyéndome y cometiendo errores. Esa palabra adquiere sentido cuando cambia mi conducta: escuchar sin descalificar, compartir responsabilidades y examinar si una regla me beneficia porque otra persona está absorbiendo su costo.

¿México está listo para cambiar su privilegio patriarcal?

La pregunta entra en casa y se sienta en el consejo de administración. Alcanza a quien propone una sucesión, organiza una jornada o presupone que la hija cuidará mientras el hijo podrá viajar. También alcanza a quienes reproducen esas expectativas sin advertirlo. Una costumbre puede transmitirse con cariño y seguir siendo injusta.

Blanca insiste en que las necesidades de atención no se acomodan al horario laboral. Su observación enlaza salud, economía y educación. Cuando una familia enfrenta una enfermedad, alguien reorganiza la vida para acompañar. Si esa respuesta recae siempre en la misma persona, las oportunidades formalmente abiertas pueden resultar inaccesibles.

Su llamado a cambiar la narrativa también alcanza los elogios que pueden encerrar una renuncia. En el episodio ella cuestiona celebrar el éxito de un hombre mediante la imagen de una esposa que cuida impecablemente la casa mientras mantiene su propia formación sin ejercer. Esa vida puede ser elegida y merece respeto; lo que debemos examinar es si existieron alternativas y una decisión verdaderamente compartida.

El tiempo que sostiene nuestras oportunidades

El INEGI ofrece en este aspecto una medida elocuente. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 encontró que las mujeres dedicaron, en promedio, 39.7 horas semanales al trabajo no remunerado doméstico, de cuidados, comunitario y voluntario; los hombres, 18.2. La diferencia fue de 21.5 horas. La encuesta estudia a la población de doce años y más; estas cifras corresponden al conjunto de actividades señalado, no solamente al cuidado de personas.

Esa distancia tiene consecuencias que un organigrama rara vez muestra. Son horas que compiten con estudiar, descansar, ampliar un negocio o prepararse para una promoción. En la columna sobre economía familiar examinamos cuánto dinero queda después de lo indispensable. Aquí necesitamos mirar también cuánto tiempo queda disponible y quién lo hace posible.

En nuestra charla se expone  también la dificultad de algunas mujeres para postularse o confiar en sus capacidades. Vale acompañar esa dimensión personal. Sin embargo, sería injusto llamar autosabotaje a toda vacilación sin conocer las consecuencias de aceptar el puesto. La decisión puede involucrar cuidados sin relevo, horarios incompatibles, experiencias de discriminación y riesgos económicos.

¿Qué estamos premiando cuando confundimos disponibilidad ilimitada con capacidad para liderar?

Desarrollar confianza merece apoyo; revisar las condiciones de participación merece la misma seriedad. Una promoción que exige presencia permanente puede estar evaluando, sin reconocerlo, quién dispone de otra persona que resuelve su vida doméstica. El mérito necesita criterios pertinentes al trabajo y posibilidades reales de demostrarlo.

Virginia Woolf, escritora británica que exploró las condiciones materiales de la libertad femenina, planteó en Una habitación propia, de 1929, que escribir requería independencia económica y un espacio propio. Su ensayo incluye a una hermana imaginaria de Shakespeare, igualmente dotada, cuyo talento encuentra un destino distinto por las restricciones de su época. La ficción ilumina el problema del mérito: una capacidad puede quedar sin expresión cuando faltan oportunidades. Al escuchar a Blanca, aquella habitación adquiere un sentido cercano: tiempo para estudiar, recursos para elegir y permiso social para construir una vida propia.

Compartir los cuidados en casa implica hacerse responsable de anticipar, organizar y ejecutar. Recordar la consulta, conocer una necesidad escolar y acompañar a una persona dependiente forman parte de esa tarea. La corresponsabilidad empieza cuando deja de existir alguien que administra todo y alguien que sólo interviene cuando se lo piden.

En México, la Dra. María Elena Esparza Guevara, especialista en desarrollo humano y fundadora de Ola Violeta, advierte en su columna Maestras, de las brechas de género, de septiembre de 2026, cómo asociar el cuidado con una vocación femenina dificulta reconocerlo como trabajo. Su reflexión enlaza con Blanca: valorar a quienes sostienen la vida exige revisar también su remuneración y sus posibilidades de desarrollo.

Blanca abre además una conversación sobre menstruación, maternidad y menopausia, experiencias que identifica como tres grandes silencios laborales. Recupero su invitación a hablar y escuchar sin generalizar síntomas ni trayectorias. Una política sensible ofrece apoyos según necesidades concretas y evita que la salud se convierta en motivo de burla o exclusión.

Cinco compromisos para una misma dignidad

En el episodio conversamos sobre diversidad, equidad, igualdad, imparcialidad e inclusión. Son los principios de la Perspectiva DEIII que trabajamos en Liderálity como parte de la educación para un liderazgo humanista. El curso los sitúa en la actitud de responsabilidad: revisar nuestras conductas, comprender otras experiencias y transformar las condiciones de convivencia. La conversación con Blanca lleva ese aprendizaje a la vida cotidiana.

La diversidad reconoce las diferencias desde una comprensión amplia que permite construir significados propios y colectivos. Abarca historias, capacidades, culturas, edades, creencias y trayectorias; su reconocimiento exige escuchar cómo vive cada persona. La equidad orienta la distribución de recursos y apoyos mediante prioridad, paridad y proporcionalidad, atendiendo necesidades y contextos para generar oportunidades justas al servicio del bien común.

La igualdad reconoce los mismos derechos y oportunidades para todas las personas dentro de un marco jurídico y exige un trato libre de discriminación y violencia. Igualdad y equidad se necesitan mutuamente: distribuir apoyos no sustituye la obligación de respetar derechos; reconocerlos exige condiciones para ejercerlos.

La inclusión supone aceptar a todas las personas y construir entornos donde puedan acceder a sus derechos, participar, aportar, desarrollarse y pertenecer. La imparcialidad exige decidir con criterios justos, objetivos y transparentes, sin inclinaciones injustificadas a favor o en contra de alguien. El favoritismo la deteriora, también cuando se disfraza de confianza familiar.

Pensemos en una reunión hipotética. El equipo incluye personas con trayectorias distintas, pero la información llega en un formato inaccesible para una de ellas y las decisiones importantes se acuerdan fuera de la mesa. La fotografía muestra diversidad. La práctica necesita accesibilidad, información compartida y una oportunidad efectiva de participar.

Martha Nussbaum, filósofa estadounidense que vincula la dignidad con las capacidades humanas, propone examinar qué puede realmente hacer y ser cada persona. En Crear capacidades distingue las posibilidades efectivas de las libertades que sólo existen en el papel. Su enfoque exige condiciones materiales e institucionales para elegir y participar.

Desde esta mirada, DEIII debe preguntarse si una colaboradora puede aceptar una promoción, continuar estudiando o cuidar su salud sin quedar desprotegida. La equidad modifica barreras; la igualdad sostiene el derecho; la inclusión comprueba que la oportunidad pueda ejercerse. El testimonio de Blanca revela esa distancia entre tener capacidades y encontrar un entorno que permita desplegarlas.

La dignidad permanece cuando alguien necesita apoyo, discrepa o se equivoca. Evaluar su trabajo exige criterios claros y trato respetuoso. La inclusión tampoco requiere que una persona revele su intimidad para merecer consideración. Una organización puede escuchar necesidades y corregir barreras cuidando la confidencialidad.

El alcance de DEIII rebasa la desigualdad entre mujeres y hombres. Incluye a personas indígenas y afromexicanas, personas con discapacidad, de distintas orientaciones sexuales e identidades de género, generaciones y formas de aprender. Las diferencias pueden entrecruzarse; la experiencia concreta debe orientar nuestra respuesta.

La ENADIS 2022 registró que 23.7% de la población de 18 años y más declaró haber sufrido discriminación durante los 12 meses anteriores. Es una experiencia reportada, no un inventario de cada acto discriminatorio. Su magnitud permite comprender que esta conversación alcanza la convivencia nacional y exige una respuesta sostenida.

La inclusión se prueba donde se decide

El reporte Mujeres en las empresas 2025, del Instituto Mexicano para la Cometitividad (IMCO) y Kiik Consultores, encontró que las mujeres ocupaban en promedio 14% de los asientos en los consejos de las empresas analizadas y 3% de las direcciones generales. El estudio examinó 187 empresas listadas en las bolsas del país, con información de reportes anuales de 2024. Describe ese universo; las MiPymes y el conjunto del empresariado mexicano requieren sus propias mediciones.

La distancia entre esos espacios de poder y la vida cotidiana obliga a examinar quién recomienda, evalúa y decide. En una empresa familiar, una hija puede conocer la operación y seguir siendo considerada apoyo, mientras la sucesión se imagina automáticamente alrededor de un hijo. La escena es hipotética, pero ofrece una revisión útil para cualquier protocolo familiar.

La experiencia de Blanca en la Asociación Mexicana de Mujeres Jefas de Empresa (AMMJE) le permitió reconocer una comunidad de empresarias y asumir responsabilidades hasta presidirla nacionalmente. En su relato, un reconocimiento deja de ser un trofeo cuando compromete a abrir camino para otras. Su exigencia llega a las mesas de negociación: las mujeres producen, emplean y emprenden; también deben participar en las decisiones que organizan la economía.

Adoptar DEIII implica discutir criterios de ingreso, remuneración, formación y sucesión; revisar accesibilidad y protocolos contra el acoso; y comprobar quiénes acceden a las oportunidades ofrecidas. La imparcialidad exige que el apellido y la cercanía con quien dirige dejen de funcionar como ventajas inexplicables.

Una primera decisión viable sería revisar la última promoción. Conocer qué criterios se usaron, quiénes pudieron concursar y qué obstáculos encontraron. Después corresponde corregir una barrera, asignar recursos y evaluar el resultado con quienes viven sus consecuencias. La participación adquiere credibilidad cuando modifica algo reconocible.

Esta responsabilidad llega al primer sector mediante servicios de cuidado, educación accesible y protección efectiva contra la discriminación. Al segundo le corresponde organizar trabajo digno, oportunidades transparentes y condiciones compatibles con cuidar. El tercer sector puede acompañar, investigar y defender derechos junto con las comunidades. Los tres son agentes de cambio con obligaciones y capacidades distintas.

La filantropía consciente puede financiar formación, accesibilidad o redes comunitarias de cuidado. Su congruencia requiere observar también el trato dentro de la empresa que aporta. Así entiendo el deber ser político del empresariado: participar en la construcción del bien común y responder por las condiciones que sí puede transformar.

La rentabilidad permite sostener un proyecto; la dignidad de quienes participan tiene valor por sí misma. Conviene evaluar resultados económicos y humanos sin prometer que la diversidad garantiza automáticamente mejores utilidades. La justicia merece una organización capaz de practicarla de manera duradera.

Una persona siempre es más que su etiqueta

Judith Butler, filósofa que examina la vulnerabilidad y las condiciones del reconocimiento, profundiza otra tensión. En Marcos de guerra analiza cómo ciertos marcos sociales hacen que unas vidas reciban protección mientras otras quedan expuestas al abandono. Reconocer la vulnerabilidad compartida exige transformar las condiciones que permiten sostener una vida.

Llevo esa reflexión a nuestra conversación con Blanca. Cuando sólo imaginamos una forma legítima de ser mujer, de formar familia o de ejercer autoridad, podemos dejar fuera experiencias que también merecen escucha. La dignidad existe antes de nuestra aprobación; la responsabilidad consiste en construir relaciones e instituciones capaces de respetarla.

Esta perspectiva ilumina una inquietud que compartimos Blanca y yo al recordar conversaciones con nuestras hijas. Las nuevas generaciones nos invitan a imaginar relaciones menos encerradas en clasificaciones heredadas. Recibo esa invitación como una posibilidad y como una responsabilidad con la transición que vivimos.

¿Cómo nombrar una desigualdad sin convertir su nombre en el destino de alguien?

Necesitamos categorías para medir brechas, reconocer violencias y exigir derechos. También necesitamos impedir que se vuelvan moldes que suplanten a la persona. La información debe ayudarnos a comprender y reparar; su uso requiere respeto por la manera en que cada quien se reconoce y por su intimidad.

El horizonte es un mundo donde nadie tenga que reducirse a una etiqueta para encontrar pertenencia. Donde una niña pueda estudiar sin recibir anticipadamente toda la carga del hogar; un hombre pueda cuidar sin que se cuestione su valor; una persona pueda nombrarse sin miedo y participar sin ocultar su historia. Donde la diferencia despierte escucha y las instituciones ofrezcan respuestas.

Desde el Humanismo Mexicano Regenerativo, esa transformación empieza por uno mismo y una misma, y se hace colectiva cuando revisamos relaciones y estructuras. Reconstruir tejido social exige aprender a convivir con personas cuya vida no cabe en nuestra experiencia. DEIII puede orientar ese aprendizaje si alcanza presupuestos, decisiones y responsabilidades compartidas.

Te invito a continuar este arco en el séptimo episodio de Palabra de Líder con Blanca. Cada conversación nos devuelve a una tarea común: convertir la conciencia en condiciones para vivir con dignidad. La inclusión es una prueba decisiva de cuanto hemos venido pensando sobre diálogo, justicia, ingreso, salud y educación.

Vuelvo a la niña que cuidaba a su familia. Quisiera que el México que estamos construyendo le permitiera descubrir quién desea ser, acompañada y libre para elegir. Que su historia pudiera reconocerse sin convertirse en una obligación para las niñas que vienen.

La inclusión alcanza su sentido más profundo cuando reconoce que somos personas y aprende a tratarnos como tales. No somos iguales en nuestras historias; ninguna diferencia disminuye nuestra dignidad ni nuestro derecho a pertenecer.

Y… recuerda, liderar no trata de dirigir, se trata de humanizar.

Referencias:

Esparza Guevara, María Elena (2026). Maestras, de las brechas de género. La Costilla Rota, 3 de septiembre. Reflexión sobre la feminización del cuidado, su reconocimiento laboral y las oportunidades de desarrollo. https://lacostillarota.com/2026/09/03/maestras-de-las-brechas-de-genero/

INEGI (2025). Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024. Comunicado 121/25, pp. 1–4. Población de 12 años y más; promedios semanales de trabajo no remunerado doméstico, de cuidados, comunitario y voluntario. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/enut/enut2024_CP.pdf

INEGI (2023). Encuesta Nacional sobre Discriminación 2022. Presentación de resultados, actualización del 17 de noviembre de 2023. Discriminación declarada por población de 18 años y más durante los 12 meses previos. https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/enadis/2022/doc/enadis2022_resultados.pdf

IMCO y Kiik Consultores (2025). Mujeres en las empresas 2025, pp. 1, 4 y 16–17. Análisis de 187 empresas listadas; reportes del ejercicio 2024 consultados en 2025. Universo delimitado, sin extrapolación a todas las empresas mexicanas. https://imco.org.mx/wp-content/uploads/2025/11/Reporte-Mujeres-en-las-empresas-2025.pdf

Instituto Nacional Electoral (2019). Reconocimiento del voto de las mujeres en México. Distingue el ámbito municipal (1947), el reconocimiento federal (1953) y las elecciones federales (1955). https://centralelectoral.ine.mx/2019/10/16/sabias-17-octubre-se-conmemoran-66-anos-del-reconocimiento-del-voto-las-mujeres-mexico/

De Beauvoir, Simone (1949). El segundo sexo. Referencia del glosario del autor, edición Debolsillo (2013); ficha editorial pública de la edición de 2019. Interpretación conceptual, sin cita literal. https://www.penguinrandomhouse.com/books/612585/el-segundo-sexo--the-second-sex-by-simone-de-beauvoir/

Nussbaum, Martha C. (2012). Crear capacidades. Paidós. Fundamento primario complementario consultado: Human Rights and Human Capabilities (2007), Harvard Human Rights Journal, 20, 21–24. Condiciones materiales e institucionales para el ejercicio de derechos. https://journals.law.harvard.edu/hrj/wp-content/uploads/sites/83/2020/06/20HHRJ21-Nussbaum.pdf

Woolf, Virginia (1929). A Room of One’s Own / Una habitación propia. Independencia económica, espacio para la creación y figura literaria de la hermana de Shakespeare. Se interpreta el ensayo sin citas literales. https://www.gutenberg.net.au/ebooks02/0200791h.html

Butler, Judith (2009). Frames of War: When Is Life Grievable? / Marcos de guerra. Extracto de la obra publicado por Verso en 2015, Precariousness and Grievability. Reconocimiento, vulnerabilidad y condiciones sociales que sostienen la vida. La aplicación a las relaciones empresariales es interpretación del columnista. https://www.versobooks.com/blogs/news/2339-judith-butler-precariousness-and-grievability

Consejo Coordinador Empresarial (2024). Convenio CCE–G100. Corrobora la función de Blanca Estela Pérez en Inclusión y Diversidad; el cuerpo sitúa el cargo en la presentación del episodio. https://saladeprensa.cce.org.mx/el-cce-y-el-club-g100-global-wing-ellegossse-firman-convenio-de-colaboracion-en-favor-de-un-futuro-diverso-e-incluyente/

*El autor es Doctor en Desarrollo Humano por la Universidad Motolinía del Pedregal; Maestro en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana; Master Ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico por IE Business School y Licenciado en Comunicación Gráfica. Presidente del Consejo de Administración de Vitalmex, Liderálity, Indômito y otras empresas; Presidente del Patronato de la fundación Lilo México;  empresario, docente, consejero sistémico estratégico, padre de familia y columnista en El Economista.

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El autor es Doctorante en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de empresa, España.

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