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La IA ya fue ¿ahora viene el ‘negocio del ajolote’?
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Ni lo intenten: debieron entrar al negocio de comprar acciones de Nvidia y otras empresas de inteligencia artificial hace unos tres años. Pero ahora surge una oportunidad en tecnología útil, digamos, para salvar al ajolote de la extinción.
Es el núcleo de lo que precisamente el fundador de Nvidia refiere como “ingeniería biológica”, de la que ayer surgió una historia que pudo comenzar así:
En las profundidades del siglo XXI, cuando la ciencia aún jugaba a descifrar los susurros del pasado, no fue el trueno ni el rugido de un león lo que anunció el nacimiento de Colossal. Fue el chasquido sordo de una secuencia genética completándose en una pantalla fluorescente.
Esa noche de septiembre, bajo las luces frías de un laboratorio sin ventanas, el doctor George Church, genetista de Harvard, contempló un tubo de ensayo que parecía contener poco más que agua limpia. Sin embargo, allí dentro flotaba una promesa enterrada bajo diez mil años de hielo: el plano de un mamut lanudo.
—No estamos jugando a ser Dios —murmuró a su socio, Ben Lamm, empresario de tecnología, cuyos ojos brillaban con la ambición vertiginosa de los visionarios—. Solo estamos devolviendo el teléfono a la naturaleza.
Así, entre montones de código genético, tubos de nitrógeno líquido, machine learning y la audacia de romper las reglas del tiempo, nació Colossal Laboratories & Biosciences en 2021.
Su misión no es simple ni modesta: quieren reescribir la palabra extinción para convertirla en un simple contratiempo. Su sitio web promete, sin rodeos, la “desextinción”.
Dicen que lo consiguieron. El año pasado, esta compañía con sede en Dallas trajo de regreso una especie de lobo extinta hace aproximadamente 12,500 años, convirtiéndola en el primer animal del mundo “desextinto” con éxito.
Rómulo, Remo y Khaleesi son cachorros de la especie “lobo terrible” que fueron creados por Colossal mediante ADN ancestral, métodos de clonación y técnicas de edición genética que alteraron los genes del lobo gris, el pariente más cercano del animal en cuestión.
Ben Lamm, cofundador de Colossal, detalló que la creación de los cachorros se dio a partir de un diente y un cráneo de miles de años de antigüedad. Los tres lobos viven en una ubicación que permanece anónima y custodiada.
Colossal tiene en la mira traer de vuelta a otros animales, como el mamut, a partir de 2028, y advierte que continuará con su labor crucial, que consiste en ayudar a animales en peligro de extinción.
Muy bien, esa es la historia. Pero ¿qué fue lo que ocurrió esta semana?
Colossal, valuada en unos 10 mil millones de dólares, está negociando una nueva ronda de financiación con una valoración de entre 20,000 y 30,000 millones de dólares, informó Axios.
Los principales inversionistas se concentran en Estados Unidos y en los Emiratos Árabes, cuyos fondos soberanos compiten con los de Arabia por convertir a esa nación en la representante del futuro de Medio Oriente.
Colossal creó tres startups: Breaking, empresa que ayuda a descomponer plásticos; Form Bio, una plataforma de biología computacional que obtuvo 30 millones de dólares en financiación; y Astromech, una empresa de modelado predictivo basada en IA, centrada en la biología y las ciencias de la vida, que en marzo alcanzó una valoración de 2,000 millones de dólares.
La empresa también planea crear una escisión de su tecnología de úteros artificiales para animales, que podría tener aplicaciones en tratamientos de fertilidad humana a partir del próximo año.
Si la empresa logra reintroducir animales extintos, como el mamut lanudo, podría generar ingresos mediante la venta de créditos de biodiversidad, un mecanismo de mercado similar a los créditos de carbono, informó TechCrunch. En ese caso, cualquier especie, incluido el ajolote, resultaría candidata para combatir su extinción.
Pero el negocio a largo plazo tiene que ver con los humanos. Esta nueva iniciativa de recaudación de fondos surge en medio del auge de las tecnologías para la longevidad.
Las personas se acercan a una vida de más de 100 años y ahí hay un mercado incuantificable.
¿Cuánto pagarían hoy por un seguro que les garantizara una vida centenaria y sana?