Lectura 3:00 min
Harfuch, el verdadero canciller
Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?
Todo embajador de los Estados Unidos, en un momento u otro, se ve tentado por la ilusión de cambiar la actitud de México hacia los Estados Unidos, pero ninguno de ellos, de entre los que se puedan recordar, aceptó el desafío en su forma más elaborada para alternar a México que John Gavin.
El anterior párrafo lo escribió Alan Riding en su libro Vecinos distantes.
Riding recuerda que en su primer año como embajador, Gavin "manifestó su reprobación hacia las políticas mexicanas tan solo en privado".
Pero después de que la economía mexicana fuera golpeada por la crisis de 1982, "Gavin comentó que muchos mexicanos se preguntaban si las instituciones del país eran lo suficientemente resistentes para aguantar el derrumbamiento económico".
López Portillo, escribe Riding, "enfureció ante el comentario e incluso amenazó con declarar a Gavin persona non grata.
"Irónicamente, el Secretario de Relaciones Exteriores, Catañeda, a quien Gavin consideraba su principal enemigo dentro del Gobierno, disuadió al presidente de tomar la medida, advirtiéndole que tendría graves consecuencias en las relaciones entre México y los Estados Unidos".
Han pasado más de 40 años de lo acontecido entre el embajador John Gavin con el presidente López Portillo, y tal pareciera que los niveles de confianza mutua permanecen de manera inmutable.
Tal vez existan matices relevantes de diferencia.
El secretario de Seguridad Omar García Harfuch es el funcionario mexicano que despierta confianza en la Casa Blanca.
Para los estadounidenses no ha resultado fácil traducir las palabras que la presidenta Sheinbaum les dedica durante sus conferencias de prensa. Tal pareciera que nacen en un entorno donde se mezclan hechos alternativos con oratoria nacionalista recreada en las escuelas Primaria.
Bajo el supuesto de que Harfuch fuera el presidente, ceteris paribus, el nivel de confianza entre los dos gobiernos sería mucho mayor al que sostienen Sheinabuam con Marco Rubio.
Harfuch hace las veces de canciller. Entiende mejor la relación con Washington que el propio Roberto Velasco.
En el caso de Marcelo Ebrard, la presidenta Sheinbaum le ha colocado tres o cuatro "guardespaldas"; me refiero a funcionarios que se encargan de medir los pasos que da el secretario de Economía en Estados Unidos.
Existen otros funcionarios, como es el caso de Jesús Ramírez Cuevas, que ignoran totalmente la diplomacia y la relación bilateral con Estados Unidos.
El caso del gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, revela que las corrientes provenientes Tabasco, se mueven con fuerza en el subsuelo de Palacio Nacional.
También revela la ausencia del Estado entre el gobierno federal y estatal. Y lo peor, en temas de seguridad.
Es preferible aceptar una realidad: es necesario que el Estado recupere el territorio tomado por el crimen organizado.
¿En dónde está el Castañeda de Sheinbaum? ¿Es Harfuch? Probablemente.