Buscar
Opinión

Lectura 7:00 min

Guerra en Irán: Posibles daños a México y el mundo

OpiniónEl Economista

Una de las consecuencias de la decisión de Donald Trump de acelerar el fin de la hegemonía estadunidense al desmantelar lo que quedaba del orden mundial basado en reglas, conlleva un incremento y agravamiento de los conflictos comerciales y militares. Al pasar a mejor vida el frágil derecho internacional, impera el unilateralismo o la ley del más fuerte. Y sobreviene el desorden global. Así ocurrió con el desmoronamiento del sistema económico liberal basado en el patrón oro en el siglo pasado. Hoy, como ayer, las barreras comerciales y las guerras son el epicentro. En el ámbito militar, el asunto más complejo y riesgoso es la guerra emprendida por Estados Unidos e Israel contra Irán. Sabemos que el conflicto bélico inició el 28 de febrero, pero su conclusión es incierta. En el campo comercial, el choque con China es el más complejo, sin obviar la guerra arancelaria contra todo mundo. Acerquemos la mirada a las muchas variables que están en juego:

El conflicto en Oriente Medio tiene múltiples repercusiones. En el caso de México, si se alarga la conflagración, subirá la inflación y dañará a las finanzas públicas. Los petrolíferos ya se encarecieron. Su alza nos afecta porque importamos alrededor de 50% de las gasolinas. La disyuntiva que puede enfrentar Hacienda es aumentar la gasolina o sacrificar ingresos fiscales a costa de programas públicos.

Otra consecuencia viable es un freno al crecimiento económico global: inflación, estancamiento, caída de la inversión y el empleo son factibles. Si este ambiente adverso se cristaliza rondaría el fantasma de una crisis bursátil. Las empresas tecnológicas están sobrevaluadas y la burbuja especulativa puede explotar. Los males adicionales para Estados Unidos son mayor inflación por el alza del petróleo y la interrupción de las cadenas de suministro. Se enturbiaría el panorama electoral de Trump. Aunque el mayor peligro es que el conflicto bélico se propague e involucre a China y Rusia porque sus intereses pueden estar en juego.

La conflagración es el núcleo de una crisis que combina energía, geopolítica y política interna en Estados Unidos. Por el estrecho de Ormuz transita 20% del petróleo mundial y alrededor de 144 buques diarios, incluyendo cargamentos de gas natural licuado. Irán respondió con represalias contra varios vecinos y con el cierre de esa franja. El efecto fue un alza de entre 8 y 12% del crudo que ronda los 80 dólares por barril y escenarios de hasta 100 dólares si el bloqueo se extiende.

La estrategia de Teherán de cerrar el estrecho golpea al mundo y entraña dos efectos: por un lado, afecta a China que pierde a su segundo abastecedor de petróleo y gas. Y, por otro, daña a Rusia que, al perder a su proveedor de drones, la debilita en Ucrania. El objetivo de presionar a sus aliados parece ser un plan para que le brinden mayor ayuda e inclusive se involucren en la guerra. También atacó a sus vecinos árabes. Con ello pretende aumentar al máximo los costos para Estados Unidos. Es una acción suicida, fruto de la desesperación del gobierno iraní, ya debilitado por los ataques israelíes de 2025, una economía muy endeble y que enfrenta una revuelta de amplios sectores de la sociedad.

Es una paradoja la decisión de Irán: por un lado parece dañarse de manera deliberada pero también es una acción para forzar a Pekín y Moscú a tomar partido. China, principal comprador de crudo iraní, enfrenta un dilema: aceptar el costo económico o involucrarse directamente en la defensa de sus rutas energéticas. Rusia, beneficiada por el alza del petróleo, ve en riesgo la logística militar que mantiene con Irán. En ambos casos, la presión puede derivar en un mayor involucramiento, aumentando el riesgo de una guerra regional amplia.

La guerra contra Irán también daña a Estados Unidos. Si el conflicto se prolonga y propaga, impactará negativamente a Donald Trump. El precio de la gasolina ya subió y podría alcanzar los 3.25 dólares por galón. Esto presiona la inflación y afecta a los consumidores, justo en un año electoral. Un alargamiento del conflicto encarecerá aún más la energía y debilitará a la economía doméstica, lo cual generará malestar social. Para los republicanos el riesgo es evidente: el electorado suele castigar a los gobiernos cuando los precios de la gasolina se disparan. La guerra puede convertirse en un lastre político que erosione su apoyo.

De acuerdo con la encuesta January POLITICO poll, cerca de 45% de los estadunidenses rechazan la intervención e Irán. Asimismo, ha fracturado al movimiento MAGA, pues al menos 30% del grupo está en contra de las acciones militares prolongadas y acusan al presidente de incumplir con su promesa de involucrar al país en guerras. En términos de peso político, los halcones republicanos hoy dominan la narrativa oficial y respaldan a Trump, pero el ala antiintervencionista tiene un impacto potencial mayor en el mediano plazo, porque refleja el sentir de una base que podría rebelarse electoralmente. La prolongación de la guerra, con sus efectos sobre la economía y los mercados, puede fortalecer la voz de este sector y erosionar la cohesión del trumpismo, que hasta ahora se ha disciplinado y apoyado a su líder.

Pero el mayor peligro se encuentra en la intersección entre geopolítica y mercados financieros. El alza del crudo y la incertidumbre global se producen en un contexto en el que las grandes empresas tecnológicas cotizan con múltiplos muy elevados, sostenidos por expectativas de alto crecimiento. La combinación de menor crecimiento, mayor inflación y tensiones comerciales por los aranceles ya debilitó a la confianza en la economía estadunidense. En esa circunstancia, el conflicto con Irán puede ocasionar una corrección bursátil: el encarecimiento de la energía aumenta los costos de producción, la inflación erosiona el consumo y la inestabilidad política reduce la inversión. En ese escenario, las acciones tecnológicas -sobrevaluadas y dependientes de abundante liquidez- serían las primeras en resentir la caída, arrastrando consigo al conjunto de los mercados financieros.

El resultado es un escenario de fragilidad sistémica: un conflicto militar que encarece la energía, una inflación que erosiona el consumo, unos mercados financieros sobrevaluados y una política estadunidense atrapada entre la necesidad de mostrar fuerza y el costo interno de la guerra. El estrecho de Ormuz se convierte así en el epicentro de una crisis que puede desbordar lo regional y desembocar en una tormenta perfecta: guerra, inflación, peligro latente de una recesión a escala mundial y una severa corrección bursátil. Para Trump y su partido, el dilema es claro: cada día que se prolonga el conflicto aumenta el costo político interno, pues gasolina cara y posible caída de los mercados tecnológicos pueden convertirse en el “enemigo íntimo” de su gobierno.

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas