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Gobierno corporativo para impulsar a más consejeras
Fernanda García | Columna Invitada
En México, los consejos de administración siguen pareciéndose demasiado entre sí. Los perfiles y trayectorias se repiten, los mismos círculos ocupan las mesas donde se toman las decisiones que marcan el rumbo de las empresas. Mientras otras economías ya avanzaron en materia de diversidad, en nuestro país la conversación se detiene en justificar su importancia.
México ocupa el último lugar en América Latina en la representación de mujeres en consejos de administración, según la OCDE. En promedio, las mujeres ocupan 14% de las sillas de los consejos en empresas que cotizan en las bolsas de valores mexicanas. Por debajo de países como Colombia, Chile y Brasil, donde la participación supera 20%. Lejos del promedio de la OCDE que alcanza 34%. Ni hablar de los países europeos, en específico de los nórdicos, donde el porcentaje supera 40%.
El problema en México no es únicamente el bajo nivel de participación de consejeras, sino la ausencia de progreso. En 2016, Chile y Brasil tenían niveles similares a México, cercanos a 7%. En pocos años, ambos países avanzaron de forma sostenida. Colombia ha liderado la región, al menos en la última década, con una aceleración notable a partir de 2022. México, en cambio, permanece estancado desde hace tres años.
Desde el IMCO, de la mano de la Corporación Internacional Financiera (IFC) del Grupo Banco Mundial, llevamos varios meses profundizando en la raíz de este problema. El punto de partida es claro, para muchas empresas la igualdad de género aún no es una prioridad, pero el reto no se queda ahí. Reconocer y entender el rezago del país en esta materia es indispensable para la competitividad de un mercado laboral moderno.
Uno de los principales cuellos de botella está en la calidad de gobierno corporativo. Primero, porque existen pocos consejos de administración, menos de la mitad de las empresas cuentan con uno. Segundo, porque la permanencia en estos espacios es excesiva. En México, un consejero se mantiene en su cargo en promedio doce años, pero puede participar hasta tres décadas, frente a un estándar internacional cercano a cinco años y medio.
Tercero, porque son los mismos consejeros en distintas empresas. Los hombres llegan a participar hasta en diez consejos de manera simultánea, y las mujeres en cuatro. A nivel internacional, la Unión Europea, por ejemplo, limita a cuatro consejos en los que una misma persona puede participar dentro del sector financiero, argumentando que el exceso de cargos compromete la calidad de la supervisión y la toma de decisiones.
A esto se suma la falta de mecanismos formales de evaluación del desempeño de los consejeros. Se cuestiona con facilidad a las mujeres que llegan a estos espacios, pero casi nunca a los hombres que ya los ocupan. También persisten procesos de selección poco estructurados que, en la práctica, perpetúan redes cerradas. Sin reglas claras, estas dinámicas limitan la entrada de nuevos perfiles. El resultado es un sector empresarial con pocos espacios, baja rotación y barreras implícitas de entrada. En este contexto, la incorporación de más mujeres es estructuralmente limitada.
Una de las respuestas más comunes entre las empresas listadas ha sido ampliar el tamaño de los consejos para hacer espacio para las mujeres. Hoy, el tamaño promedio de un consejo en México es de 14 integrantes, con casos que llegan hasta 20. Cuando las mejores prácticas sugieren consejos más compactos, incluso de un solo dígito. Lejos de resolver el problema, esta estrategia diluye la participación de las mujeres y reduce la efectividad del órgano.
Si queremos consejos más diversos e inclusivos, el camino es otro. Implica profesionalizar su funcionamiento, establecer procesos de selección competitivos, definir periodos de permanencia, rotación periódica e implementar evaluaciones sistemáticas. Se necesitan reglas del juego que abran estos espacios y fomenten de manera sostenida que participen las mujeres.