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Opinión

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Mas allá de cualquier frontera

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Cuando cotizan al alza el narcisismo y la arrogancia, se dispara la inflación de odio al diferente y al desamparado. Irene Vallejo

Las tentaciones y sensaciones están siempre ahí, al asecho ambas, en la lista casi interminable de ambiciones mezquinas, donde el poder político trae consigo, junto a la corrupción, esos placeres mundanos a un costo ridículo, pero a largo plazo las condenas y los pecados y penitencias suelen ser el castigo imperfecto.

Partidos políticos que intentarán limpiarse la cara un poco, porque la baraja es pobre, en ese universo de opciones, no hay estudios que sustenten cargos de alta relevancia ni en la Suprema Corte, se improvisa, se sale al paso, vaya manera de querer darnos una narrativa distinta, a menos de un año del relevo en la justicia mediática.

Tampoco será con examen de consciencia, no hay tal manifestación de un pensamiento mágico, porque distantes ya están los que al menos, dieron la lucha por ideales, en la naturalidad de las formas, en esos caminos de ida y vuelta, de perder ganando, de encontrar soluciones sin el dinero perverso de los impuestos del pueblo.

Cada día es uno menos, y las declaraciones y el discurso de Ricardo Monreal dan pena ajena, lo mismo el pleito de callejón de hace unas semanas, entre Luis Donaldo Colosio y el ex secretario particular de su padre, un Alfonso Durazo en la mezquindad y los excesos, en las negaciones y los enormes beneficios del poder con Fox y con Dante Delgado en su pasado; ya no digamos del PRI.

Están temerosos de perder los privilegios, y son capaces desde la dirigencia nacional del partido que presume obras de un siglo de excesos desde el poder, en probables alianzas, de las que no se salvan, porque la corrupción está ahí, no hay manera de explicar riquezas, terrenos, casas, negocios al amparo de la simulación y cero contribuciones al fisco.

El viejo PRI, nunca resurgirá de esas cenizas pasadas por agua, traicionó sus principios, lo mismo que el panismo tradicional, ese empresariado que sobrevive en algunos estados del país, porque son pocos los que dan resultados y hacen bien las cosas, sabedores que nada es gratis.

Y el cinismo del desencanto, las platicas e intercambios de impresiones, de lo que se cocina en el Senado de la República, después de pasar la aduana de San Lázaro, tan soberbios, dueños de un aura en la invisibilidad, pero además mostrando y demostrando su pequeñez ridícula quienes asoman la cabeza en la tribuna, que no son tantos, son los mismos de siempre, que gritan y vociferan más de lo de antaño, porque les urge recuperar sus excesos. 

Se requerirán más votos y más votantes, más de los que han sido retórica, cuestionamientos en algunos estados del país, por la “ayuda” de los malosos, por llamarles de alguna manera, y antes el carrusel y el ratón loco; tantas y tantas prácticas que nos hacían creer en una democracia participativa y ejemplar, no dejando dudas hoy de no querer incluir a esa sociedad civil que está por encima de la duda; en la certeza de su honestidad a prueba de principios. 

Por supuesto que habrá competencia en las próximas elecciones, y se hará el ridículo, porque no hay imaginación ni innovación, hay charlatanería y exabruptos, cobijados por la negativa de sus afirmaciones cinco minutos después, dando ejemplos de lo que no debe estar más, porque los dineros no alcanzan para pagar los improperios de una clase política en la vagancia y la auto destrucción. 

ENTRE LÍNEAS

Ayuntamientos en quiebra, hay algunos que no tienen para pagar la nómina a los empleados, no hay prestamos ante el Congreso local, menos aún soluciones mágicas a la vista o a la carta; porque todo exceso cobra factura; y es desde el poder legislativo donde se aprueban las cuentas públicas de los viajes y las viandas de los políticos de ocasión y no de vocación.

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