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Frenen ustedes primero
Amodei propone frenar el desarrollo de IA mediante controles externos, coordinación empresarial y diálogo con China, pero intereses económicos y geopolíticos dificultan limitar una tecnología estratégica cuyo control definirá poder futuro.
Jorge A. Castañeda | Columna invitada
El sábado, Dario Amodei (Anthropic) publicó “We Must Pace the Frontier”, un plan de tres pasos: evaluadores externos en los laboratorios, coordinación entre empresas para pausar el ritmo —que requiere, advierte, una dispensa antimonopolio— y negociar con China. Musk, Altman y Hassabis se sumaron de inmediato. La propuesta llega dos semanas después del episodio de Hugging Face y tres días después de que la propia Anthropic admitiera que uno de sus modelos subió un paquete malicioso a PyPI, el principal repositorio de Python. El aviso alerta: en seis a 12 meses, un enjambre de agentes podría tomar internet.
El punto crítico no es el freno, sino la dispensa. Ford y General Motors no pueden pactar producción; eso es un cártel en sentido estricto. De ahí la reacción en el Senado. Ted Cruz cuestionó: “si están a punto de destruir el mundo, ¿qué tal si no lo hacen?”; Hawley se negó a exentar a “tres o cuatro de las empresas más poderosas de la historia para, ¿qué?, coludirse”. Mientras tanto, el evaluador incrustado aún no tiene nombre ni fecha. Sacks, exzar de IA de Trump, dio la lectura más incómoda: al ser un duopolio, no requieren permiso para frenar; pedirlo “parecerá chantaje”.
Trump contestó con seis mensajes. Calificó el riesgo de «HOAX» —como la trama rusa o el cambio climático—, se proclamó “Hoax Buster”; tachó a Amodei de fingir ser “un angelito perfecto” y dijo: “QUIEN GANE LA IA, GANA”. El presidente de la Cámara confía en la autorregulación y citó a los CEOs a la Casa Blanca, por lo que nadie espera una ley antes del 3 de noviembre. Así, un gobierno que revocó la orden de Biden el primer día ahora presume de un “tremendo poder regulatorio”. La objeción real no es filosófica: Alphabet, Microsoft, Amazon y Meta invertirán unos 724,000 millones de dólares este año. “No maten a la gallina de los huevos de oro” resumió Trump.
China replicó que “el alarmismo, la confrontación y la competencia viciosa solo entorpecen la gobernanza global de la IA”. Leyó bien: el ensayo busca ampliar la ventaja de Estados Unidos. Aunque Amodei cita los tratados SALT, el precedente correcto es el Plan Baruch de 1946, cuando Estados Unidos, con el monopolio de la bomba, propuso control internacional y la URSS lo rechazó. El control de armas solo llegó con la paridad, un cuarto de siglo después. Ningún Estado frena por voluntad propia la tecnología que define quién manda. La prueba: Xi visita la Casa Blanca el 24.
Bloomberg reportó que la OPV de Anthropic sigue en pie: dos billones de dólares de valuación y hasta 100,000 millones a levantar. Altman dijo a Fortune que OpenAI no saldrá en 2026 por ser “desaconsejable”. Pedir freno con una mano y firmar con Goldman con la otra admite dos lecturas. Si la carta es sincera, la OPV es temeraria; si no, fija expectativas. Anthropic publicó tres escenarios a 2030: solo en el extremo la economía estadounidense crece 15% al año; en el modesto queda 1.6% arriba de un mundo sin IA. “Frenamos por responsabilidad” suena mejor que admitir “no creció lo que dijimos”.
Para el lector: el ChatGPT o Claude que paga seguirá ahí; lo que se disputa no se vende por suscripción. Lo que está en juego: el S&P 500, donde las 10 mayores pesan 40%; el primer empleo de sus hijos; la electricidad que disputarán los centros de datos; y las redes que agentes autónomos ya probaron alterar. El futuro lo decidirán 50 personas que nadie eligió mientras en México, como siempre, vemos pasar el mundo. Frenar jamás estuvo en la mesa. Lo que realmente se negocia es quién se queda con el control de la mesa. Al tiempo.