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Opinión

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La Fed cambió el manual

Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Durante años, los usos y costumbres de los mercados financieros funcionaban como un reloj suizo: una nómina no agrícola débil en Estados Unidos, con menos empleos creados de los previstos, una revisión a la baja de los empleos del mes anterior y un aumento en la tasa de desocupación era el detonante inmediato para un desplome en el rendimiento de los bonos y un debilitamiento automático del dólar. Era una lógica muy lineal: si el mercado laboral se enfría, la Reserva Federal (Fed) –con su mandato dual– levanta de inmediato el pie del acelerador de las tasas de interés o, incluso, acelera los recortes para evitar una recesión.

Sin embargo, ahora que conocimos los poco alentadores datos del mercado laboral estadounidense, la reacción de los mercados duró lo que un suspiro. El índice dólar (DXY) mostró una leve baja momentánea; la cotización del peso frente al dólar tuvo una ligera recuperación, solo para que a los pocos minutos siguiera con su depreciación acelerada. ¿Dónde quedó todo ese entusiasmo de otros tiempos no tan lejanos?

El mundo es hoy una combinación de temas geopolíticos complejos, no hay duda; pero la respuesta está en esa metamorfosis de las prioridades del banco central estadounidense bajo la gestión de Kevin Warsh. Quien supuestamente llegó a la Fed para ser la paloma de Donald Trump ha mostrado su convicción decidida de volcarse hacia la contención de las presiones inflacionarias persistentemente altas y ha relegado la desaceleración económica, y con ella la laboral, a un segundo plano.

El mercado ya entendió el mensaje: bajo la batuta de Warsh, la Fed mantendrá una postura restrictiva mientras la inflación no ceda con claridad. A diferencia de lo que Donald Trump quisiera ver a un mes de las elecciones intermedias, parece que para el Presidente de la Fed el enfriamiento de las nóminas es un costo aceptable con tal de garantizar que las expectativas de los precios no se desanclen.

Esta intransigencia que ahora profesa la Fed ante las presiones inflacionarias toma a México en una posición particularmente vulnerable. Mientras la Fed reafirma su prioridad antiinflacionaria, Banxico pretende argumentar que México está en una etapa distinta del ciclo económico y se postra en una inmovilidad que termina por alimentar la volatilidad cambiaria. Ya lo hemos comentado: el problema no es ver la relación peso-dólar por arriba de los 18.30, sino la velocidad a la que se ha depreciado la moneda y el terreno libre que esto le otorga a la especulación.

México, totalmente dependiente de Estados Unidos en lo financiero y en lo comercial, no puede cerrar los ojos a la prioridad de la Fed. Si el Banco de México insiste en cruzarse de brazos para no apretar más la economía local, corre el riesgo de caer en el peor de los mundos: una moneda desanclada que reactive la inflación y que, tarde o temprano, lo obligue a encarecer el crédito a la fuerza.

Los mercados no dan espacio a la pasividad y la lección es clara: la Fed de Kevin Warsh decidió asumir el costo social y político con tal de aplastar la inflación; la inmovilidad de Banxico puede verse, no como prudencia monetaria, sino como un peligroso vacío de timón.

A diferencia de lo que Donald Trump quisiera ver a un mes de las elecciones intermedias, parece que para el Presidente de la Fed el enfriamiento de las nóminas es un costo aceptable con tal de garantizar que las expectativas de los precios no se desanclen.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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