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Opinión

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Favor de no golpear al piloto

Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

Uno sube a un avión dispuesto a soportar casi cualquier cosa. Que el pasajero de atrás le clave las rodillas en el respaldo; que el niño de adelante descubra durante cuatro horas que posee pulmones; que la señora de junto se quite los zapatos; que la charola donde viene servida la comida tenga mejor sabor que ésta.

Lo que uno no contempla al abrocharse el cinturón es que quienes terminen agarrándose a golpes sean los pilotos. Eso ocurrió en el vuelo de Flydubai que cubría la ruta entre Dubái y Tel Aviv. Un Boeing 737 MAX 8 que salió rumbo a Israel y terminó aterrizando de emergencia en Tabuk, Arabia Saudita, después de un violento incidente en la cabina de mando.

Hasta ahora las aerolíneas nos habían enseñado que, en caso de turbulencia, debíamos permanecer sentados y con el cinturón abrochado. Habrá que agregar una nueva instrucción: —En caso de que el capitán y el copiloto comiencen a darse de golpes, conserve la calma y absténgase de apostar.

Porque una cosa es que existan diferencias profesionales sobre la ruta, la altitud o la velocidad, y otra que el piloto automático tenga que convertirse en referee. Durante el incidente, el avión sufrió un descenso vertiginoso de unos 14,000 pies en cuestión de segundos. Para los pasajeros debió ser difícil determinar qué caía más rápido: el avión, la tranquilidad o la confianza en la aerolínea.

El aparato emitió primero el código 7700, utilizado para una emergencia general, y después el 7500, que señala posible interferencia ilícita y se desvió hacia Arabia Saudita. Todo ello mientras, según las versiones iniciales, en la cabina se desarrollaba una modalidad inédita de aviación: las artes marciales aeronáuticas.

Durante décadas se ha discutido quién debe tener mayor autoridad en un avión: el comandante o el primer oficial. Flydubai parece haber encontrado un procedimiento para resolverlo: dos de tres caídas, sin límite de tiempo y a 30,000 pies de altura. La compañía aérea, mucho menos imaginativa que los pasajeros, se limitó a informar que el vuelo había experimentado “un incidente durante el trayecto”.

Si el hecho de que dos hombres encargados de transportar a más de un centenar de personas protagonicen una pelea en la cabina mientras el avión pierde miles de pies de altura, para una aerolínea es sólo “un incidente”. Supongo que si hubieran salido a combatir sobre las alas habría sido “una pequeña alteración del servicio”.

Por fortuna, el avión aterrizó sin mayores consecuencias para los pasajeros. El aeropuerto saudí informó que tanto el capitán como el primer oficial fueron trasladados a un hospital, mientras las autoridades investigaban qué había sucedido realmente a bordo.

Y aquí conviene frenar la sátira durante treinta segundos —tampoco hay que perder completamente la licencia de conducir columnas— porque algunas informaciones difundidas después hablan de una agresión con arma blanca y hasta de un posible intento deliberado de apoderarse del aparato. Esos extremos todavía requieren confirmación oficial. Lo comprobado basta para el asombro: una emergencia grave, un descenso abrupto, señales de alarma y un aterrizaje imprevisto en Arabia Saudita.

“Atención pasajeros: los pilotos van a partirse la madre”

Lo ocurrido tiene, además, una involuntaria enseñanza sobre nuestra época. Vivimos convencidos de que la tecnología resolverá todos nuestros problemas: Inteligencia Artificial, navegación satelital, automatización, radares sofisticadísimos y computadoras capaces de mantener un avión en el aire.

Pero basta que dos seres humanos pierdan la cabeza para que toda esa maravilla tecnológica termine buscando dónde aterrizar. Los pasajeros compraron boleto de avión y, sin costo adicional, recibieron descenso extremo, aterrizaje de emergencia y función de lucha libre.

Después de semejante experiencia, Flydubai tendrá que modificar su tradicional anuncio de bienvenida. “Señoras y señores, abróchense los cinturones. Nuestro vuelo durará aproximadamente tres horas. Les recordamos que está prohibido fumar, bloquear los pasillos y golpear al capitán. (Sobre todo si es usted el copiloto)”.

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Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

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