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EU desembarca en Sinaloa... millones de dólares
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Para los que esperan una intervención: llegó, en forma de un paquete de 3,300 millones de dólares. Se convertirá en una enorme fábrica sinaloense de químicos. Ya iré a eso.
Primero es indispensable, a partir de ese ejemplo, hablar seriamente del tipo de relación que este año detonarán mexicanos y estadounidenses, cuando renegocien el tratado que tienen con los canadienses: la zona comercial más grande del mundo.
Entiendo que quizás no los vieron, pero dos textos publicados la semana pasada dibujan para México un mapa muy claro que debería estar en el escritorio de todos.
El primero es de Robert Lighthizer, el arquitecto arancelario de Trump y del equipo de negociación de ese país, publicado en Foreign Affairs. El segundo es de Suzanne P. Clark, presidenta de la US Chamber of Commerce, el club de las empresas más poderosas de ese país.
Uno habla de reescribir las reglas del comercio global. La otra, de atraer inversión al corazón del mundo de los negocios. Los dos, sin proponérselo, le están dibujando a México un mapa.
Lighthizer avisa que viene un nuevo orden comercial basado en el equilibrio. No en el libre mercado sin condiciones, sino en la balanza. Su foco es China, no se confundan.
Dice que los aranceles son el mecanismo más simple y flexible para lograrlo. Y que el sistema que viene premiará a quienes produzcan dentro del bloque, no a quienes exporten desde afuera hacia adentro. Eso, en plena renegociación del T-MEC, es crítico.
Clark, por su parte, escribe que la reunión de empresas del B20 de este año tiene un objetivo concreto: cerrar tratos y atraer inversión extranjera a Estados Unidos. Que la diferencia entre crecer al dos y al tres por ciento transforma vidas y que, para lograrlo, Estados Unidos necesita hacer negocios globalmente. Ahí está la ranura donde los mexicanos meten la mano.
Mientras Washington debate arquitecturas comerciales, en las fábricas ya ocurrió algo.
México se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos en el ensamblaje de productos de tecnología avanzada. Un tercio de las exportaciones superiores a 600 mil millones de dólares de este país ya viene de ese rubro.
¿Qué está fabricando? Servidores. Equipo para centros de datos. Hardware para la infraestructura de inteligencia artificial que Estados Unidos está construyendo aceleradamente.
Foxconn, Pegatron y Quanta, las tres grandes manufactureras taiwanesas, están moviendo producción de IA a territorio mexicano.
Las exportaciones de equipo solamente para centros de datos desde México hacia Estados Unidos superaron los 70,000 millones de dólares en 2025, según el Banco de la Reserva Federal de Dallas.
Piensen en lo que significa eso. No es ensamble de televisores. Es la columna vertebral del boom tecnológico más grande de la historia reciente de Estados Unidos.
Taiwán provee más del 70 por ciento de los insumos críticos del sector tecnológico mexicano. Y sus empresas siguen llegando.
El nuevo orden que describe Lighthizer premia el comercio dentro del bloque. México está dentro del bloque. Fabrica lo que el bloque más necesita ahora mismo. Y tiene un tratado que puede cambiar, pero no va a desaparecer.
Una empresa de Texas llamada Transition Industries, cuya dirección oficial está en Houston y es dirigida por Rommel Gallo –un ex banquero de inversión en energía en Citigroup y Wells Fargo– obtuvo financiamiento por 3,300 millones de dólares para construir Pacífico Mexinol en Sinaloa, un estado que no se caracteriza por ser el más seguro.
Capitalizará la ventaja competitiva del gas natural norteamericano y la infraestructura portuaria del Pacífico para alimentar una demanda global hambrienta de combustibles limpios.
Hay un negocio potencial abierto para quien se certifique como proveedor que cumpla con estándares globales de ESG —ambiental, social y gobierno corporativo—.
Ahí puede ayudar el Instituto Mexicano de Mejores Prácticas Corporativas, que desde este mes es dirigido por Sebastián Figueroa, líder de Fullgas. Luego hablaremos de eso.
Topolobampo, un puerto del que casi nadie habla, podría convertirse en el epicentro de un nuevo corredor industrial que defina la competitividad del continente en la era de la descarbonización.
Va para los que piensan que no hay un futuro comercial regional.