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Opinión

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Encumbramiento de la política del odio en Estados Unidos

Lucía Melgar | Transmutaciones

El mismo día en que el presidente de Estados Unidos atacó el sistema electoral de su país por supuestas múltiples fallas y señaló a China como agente de supuesta injerencia en las elecciones del 2020 (que perdió), omitiendo la de Rusia en 2016, el Secretario de Estado Marco Rubio encabezó una cumbre internacional sobre el “resurgimiento del terrorismo político”, también plagada de falacias, y sumamente inquietante.  La definición del “terrorismo político”, la retórica  de Stephen Miller, principal consejero del presidente, y las obvias omisiones de ambos oradores  apuntan hacia una nueva cruzada contra el “terrorismo”, basada en la construcción de un nuevo “enemigo”  que permita justificar la represión abierta contra cualquier disidencia de izquierda, aun sólo ideológica, tachándola de “radical” y “violenta”.

¿A quiénes consideran “terroristas”  los principales oradores de esta reunión, a la que asistieron representantes de más de 60 países?  No a los grupos de extrema derecha que tomaron el Congreso en 2021, no a los grupos paramilitares que han cometido masacres en Colombia y otros países, no a supremacistas blancos que han perpetrado atentados en EE.UU., ni a grupos racistas y neonazis que persiguen y/o atacan a migrantes en territorio estadounidense y Europa.  Tampoco mencionaron el terrorismo de Estado bien conocido en América Latina. Sí nombraron la amenaza jihadista, que de hecho representa una amenaza real en EE.UU y otros países.  Su objetivo principal, sin embargo,  fue la “extrema izquierda” que, contra toda evidencia, configuraron como “el mayor  peligro” no sólo para su gobierno sino para la civilización.

Mezclando “extrema izquierda” e “izquierda”, Rubio  recordó los atentados cometidos por las Brigadas Rojas y otros grupos izquierdistas  extremistas y violentos de los años 70, mencionó a  Sendero Luminoso y a las guerrillas latinoamericanas,  a organizaciones como el Black Liberation Army en EU, como  antecedentes de “una nueva oleada de mal violento”, ahora  constituida por quienes “atacan a agentes de inmigración” o “han atentado contra la vida del presidente”,  o por gente como el asesino de Charlie Kirk (cuya orientación izquierdista no se ha probado).  Este batidillo de ejemplos ciertos  e interpretaciones sesgadas es típico del discurso autoritario en la configuración de un “Enemigo” omnipresente, mejor organizado que los gobiernos y alineado con el Mal.  Echando mano del discurso dictatorial, Rubio estigmatizó a personas y grupos antifascistas como “enemigos de la civilización”,  que conformarían “redes interconectadas” internacionales.

Si ya es alarmante el llamado a la coordinación internacional contra fantasmagóricos “enemigos del mundo civilizado”,  más incendiaria es la retórica maniquea de Miller, supremacista blanco impulsor de la política migratoria racista trumpiana.  En un amplio abanico de peligrosos “Antifas”  Miller incluyó a manifestantes pacíficos, retratados como entes violentos que merecen décadas de cárcel,  afirmó que  los izquierdistas sólo saben destruir y  apelan falsamente a los derechos civiles y a la igualdad. Recurriendo a estereotipos fascistas configuró a los  “grupos de izquierda”  como seres “feos, deformes y malos” que, por resentimiento y odio, recurren a la violencia contra  un “nosotros” idealizado,  “bueno, bello, normal”, con “lindas familias” y “preciosos niños que debemos proteger”. Basta con ver fotos de los manifestantes, dijo, para confirmar que “no son normales” y quieren destruir a quienes son “moralmente superiores, felices,  pacíficos” y viven con orden. Miller además presentó el Memorándum presidencial  NSPM-7,  contra “terroristas domésticos” , como medida legal en EU contra  estos “enemigos de la civilización” sin ideales ni Dios,  e instó a una coordinación internacional contra este “cáncer fatal”.  

Estas metáforas no son inocentes.  Cuando un Estado define así  la violencia, equiparando protesta pacífica y terrorismo, omitiendo la violencia de sus partidarios y agentes, demonizando a sus críticos, y pretende “salvar” a la humanidad de una “plaga” o  “cáncer”, lo que busca es atizar el miedo y el odio contra cualquier disidencia/ diferencia, justificar  la violencia extrema contra sus adversarios.

 La sombra del neofascimo amenaza con  expandirse  dentro y fuera de las fronteras de Estados Unidos.

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).

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