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La educación armada
Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar
Durante años Estados Unidos ha tenido una explicación muy sencilla para sus problemas con México: nosotros ponemos los delincuentes, ellos ponen las víctimas. México exporta drogas, criminales y, según Donald Trump, probablemente también el mal tiempo. Ellos, en cambio, nos mandan democracia, hamburguesas y buenos deseos.
Hasta que apareció The New York Times con la incómoda costumbre del periodismo de averiguar cosas. La periodista Paulina Villegas se metió durante meses en un negocio que parece inventado por un guionista de humor negro: estudiantes de secundaria de Phoenix, Arizona, compran, roban y revenden armas que terminan en manos de los cárteles mexicanos.
No estamos hablando de muchachos que venden estampitas, chocolates para la fiesta de graduación o boletos para la rifa de un iPhone. Venden rifles. Uno de ellos, identificado como JM, empezó a los 16 años. Él y dos amigos reunieron 700 dólares para comprar un rifle estilo Kalashnikov, lo revendieron en 1,200 y descubrieron una de las primeras leyes del capitalismo: si hay demanda, hay negocio. Y vaya que había demanda.
Hoy, según contó al diario, coordina a decenas de estudiantes de unas 20 escuelas de Phoenix que consiguen armas por distintos medios. Me imagino una junta de padres de familia. —¿Cómo va JM en matemáticas? —Muy bien, señora. Ya domina perfectamente los márgenes de utilidad. —¿Y en geografía? —Excelente. Ubica Sinaloa sin necesidad de mapa.
Los muchachos utilizan WhatsApp para localizar armas, vendedores y compradores. Es decir, mientras unos adolescentes usan el teléfono para preguntar: “—¿qué dejaron de tarea?”; éstos pueden preguntar: —“¿quién tiene dos AR-15 y una Colt .38 Super?”
Uno de ellos, apodado El Flaco, aseguró que en un mes malo gana entre cuatro mil y cinco mil dólares. Ignoro cuánto gana su maestro de historia, pero sospecho que después de leer el reportaje va a solicitar cambio de actividad.
Otro de los jóvenes estudiantes, El Güero, encontró incluso la manera de mejorar los márgenes del negocio: comprar armas con dinero falso. Utilizaba billetes de utilería cinematográfica para pagar a vendedores que encontraba por Internet. El capitalismo llevado a su máxima expresión: comprar con dinero que no vale para vender armas que sí matan.
El asunto tendría únicamente categoría de disparate si no fuera porque esas armas cruzan hacia México y terminan en manos de organizaciones criminales que después las utilizan para enfrentarse entre ellas, contra policías, soldados o ciudadanos.
Y aquí comienza lo irónico. Durante años hemos escuchado desde Washington que México debe detener el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos. Y sí, México debe combatirlo. Pero resulta que mientras ellos vigilan lo que sube, alguien debería echarle un vistazo a lo que baja.
Porque las drogas mexicanas no cruzan caminando solas la frontera y las armas estadounidenses tampoco llegan a Sinaloa pidiendo aventones. Alguien las compra. Alguien las vende. Alguien gana dinero. Y algunos hasta tienen examen de química el lunes.
Lo extraordinario es que los muchachos ni siquiera parecen considerarse miembros de un cártel. Son proveedores. Empresarios independientes. Emprendedores, dirían en alguna universidad. Uno de ellos resumió su filosofía comercial diciendo que están disponibles para cualquier grupo. Libre mercado.
Así que quizá la próxima vez que algún político estadounidense explique que todos los males llegan desde el sur, habría que contarle la historia de estos estudiantes de Phoenix.
México tiene una gravísima responsabilidad por los cárteles, las drogas y la violencia. Pero Estados Unidos también tiene tarea. Y, por lo visto, algunos de sus alumnos ya la hicieron. Con rifle incluido.
Mientras que en nuestro país seguimos discutiendo sobre la mala educación, sobre si nuestros muchachos salen de la secundaria sabiendo matemáticas, historia o comprensión de lectura; allá algunos ya dominan el comercio electrónico, la logística internacionai, atención al cliente y exportaciones. Todo antes de graduarse.
Lo único preocupante es que el producto que exportan son armas. Pero no seamos exigentes. Son jóvenes emprendedores. Producto de la educación armada.