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Dos siglos de una relación que mira hacia adelante
Opinión
Doscientos años de relación entre dos países no se explican solo por acuerdos o visitas de Estado. Se construyen con empresas, inversiones, ideas y generaciones de personas que han tendido puentes en ambos sentidos. En 2026, México y Francia conmemoramos un bicentenario de historias compartidas y, sobre todo, una oportunidad para mirar hacia adelante: transformar una relación sólida en una agenda económica, tecnológica y empresarial más ambiciosa.
Los datos muestran que existe una base real para hacerlo. Durante los primeros siete meses de 2026, las exportaciones mexicanas hacia Francia crecieron 60% respecto al mismo periodo de 2025; las importaciones aumentaron 22%. En paralelo, la inversión francesa en México alcanzó 620 millones de dólares durante el primer semestre del año y acumula más de 4,100 millones desde 2018.
A ello se suma una presencia empresarial consolidada: más de 700 compañías francesas generan alrededor de 215,000 empleos directos en México. Estas cifras importan por lo que representan. Detrás de ellas hay proveedores, talento, conocimiento y proyectos de largo plazo.
En un entorno internacional donde las empresas buscan diversificar mercados, fortalecer cadenas de suministro e incorporar nuevas tecnologías, México y Francia cuentan con una ventaja difícil de improvisar: confianza acumulada, capacidades complementarias y presencia empresarial consolidada. El reto es convertir ese capital en crecimiento compartido y en una relación con mayor contenido tecnológico.
El Plan de Acción Modernizado para la Asociación Estratégica México-Francia ofrece una ruta concreta. Su agenda incluye cooperación industrial, cadenas de suministro locales, innovación, capacitación, inteligencia artificial, semiconductores, movilidad eléctrica y formación de talento. Son capacidades que determinarán la competitividad de la próxima década. Para México, la oportunidad está en aprovechar esa cooperación para desarrollar proveedores y conectar a más empresas nacionales con proyectos de mayor valor agregado.
Pero identificar oportunidades no basta: hay que llevarlas a las empresas. Esa es una de las tareas del COMCE y de nuestro Comité Empresarial Bilateral México-Francia: acercar a compañías, autoridades e instituciones, generar confianza y convertir el diálogo en proyectos concretos. Queremos que más empresas mexicanas, especialmente pymes, puedan incorporarse a cadenas de valor, alianzas tecnológicas y nuevas inversiones vinculadas con Francia.
También debemos mirar esta relación en ambos sentidos. Francia puede ser para las empresas mexicanas una puerta de entrada a redes de innovación y al mercado europeo; México, por su parte, ofrece una plataforma industrial con talento y acceso privilegiado a América del Norte. Lo estratégico es convertir esa complementariedad en producción conjunta, innovación, desarrollo de proveedores y oportunidades comerciales.
Con esa visión llegamos a la Semana de Francia en México 2026, que se celebrará del 20 al 25 de octubre en la Ciudad de México. En ese marco, el 20 de octubre tendrá lugar el Foro Económico Francia-México, que reunirá a empresarios, directivos y autoridades. Más que una sucesión de conferencias y paneles, buscamos un espacio para conectar empresas, identificar proyectos y traducir afinidades en decisiones de comercio, inversión, innovación y cooperación.
Ese debe ser el sentido de este bicentenario: reconocer lo construido y usarlo como plataforma para lo que sigue. México y Francia tienen historia, confianza, empresas y talento. Hoy podemos transformar esas fortalezas en una relación más productiva, tecnológica e incluyente, capaz de abrir nuevas oportunidades. Las relaciones duraderas no se fortalecen solo por lo que han sido, sino por lo que todavía son capaces de construir juntas.
*Presidente del Comité Empresarial Bilateral México-Francia del COMCE