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Disciplina, optimismo y volatilidad: tres fuerzas que marcarán el año
Irasema Andrés Dagnini | Sextante financiero
El Banco de México decidió mantener la tasa de referencia en 7.0% en su primera reunión de 2026, la semana pasada, realizando una pausa tras ocho recortes consecutivos durante 2025. La decisión fue unánime y refleja la prioridad de contener la inflación, que sigue mostrando resistencia en su componente subyacente, con riesgos negativos por la depreciación del peso, afectaciones climatológicas y disrupciones ligadas a conflictos geopolíticos.
Considerando los factores que pueden elevar la inflación, la Junta de Gobierno ajustó sus previsiones: ahora estima que la inflación convergerá a la meta de 3% hasta el segundo trimestre de 2027, un retraso frente a estimaciones previas.
El control de la inflación es más que un objetivo técnico; es la condición para sostener la demanda interna y preservar la estabilidad de la economía nacional. Una inflación elevada erosiona el poder adquisitivo, limita el consumo y encarece el financiamiento de las empresas. Por ello, la conducción de la política monetaria se convierte en un ancla de confianza.
La encuesta de expectativas de Banxico entre economistas del sector privado confirma esta visión: el consenso anticipa que la tasa de referencia cerrará 2026 en 6.50%, tras dos recortes adicionales en la segunda mitad del año, siempre que la inflación se ubique en torno a 3.88% anual.
Este enfoque cauteloso contrasta con la Reserva Federal de Estados Unidos, que ha señalado que los recortes de tasas serán más graduales de lo previsto, en respuesta a la persistencia de presiones inflacionarias y la debilidad en la generación de empleo. La comparación subraya que México no puede desligarse del contexto global, porque las decisiones de la Fed influyen directamente en el tipo de cambio y en los flujos de capital hacia mercados emergentes.
El IPC registra un nuevo máximo histórico
El índice S&P/BMV IPC ha mantenido un rally notable, alcanzando máximos históricos. Este desempeño está vinculado con los resultados corporativos de 2025, cuando varias empresas mexicanas reportaron utilidades récord gracias a la recuperación de la demanda interna y la resiliencia frente a un entorno externo complejo. El IPC, como termómetro del mercado accionario, reflejó la fortaleza de sectores estratégicos como telecomunicaciones, consumo y materiales.
La encuesta mensual de la AMIB de febrero elevó la proyección de cierre del IPC para 2026 a 70,778 unidades, superior a la estimación de enero (69,220), lo que confirma el optimismo de los analistas. No obstante, la previsión es inferior al nivel máximo que registró el principal indicador de la BMV el viernes, de 70,809.57 unidades, lo cual sugiere movimientos laterales hacia diciembre.
Lo prudente será conocer las expectativas de ventas de las empresas junto con la evolución de la economía en la primera mitad del año, para volver a revisar los objetivos del IPC en 2026. Este vínculo refuerza la percepción de crecimiento y atrae flujos de inversión.
En contraste, en Wall Street el sector tecnológico enfrenta una narrativa más ambivalente. La fiebre de la inteligencia artificial ha impulsado a Nvidia y otros fabricantes de chips, pero también ha generado correcciones en gigantes como Microsoft y Amazon, cuyos elevados gastos en infraestructura de IA despiertan dudas sobre la rentabilidad futura. Alphabet, por su parte, reportó un crecimiento de 18% en ingresos y un avance de casi 30% en utilidad neta, con Google Cloud creciendo 47.8%, aunque anunció inversiones masivas que generan nerviosismo entre los inversionistas.
La caída de Bitcoin y voces influyentes
El mercado digital vivió un ajuste brusco la semana pasada: Bitcoin cayó a 64,000 dólares, muy por debajo de los 125,000 alcanzados en octubre de 2025. La corrección responde a toma de utilidades, mayor regulación en mercados clave y un entorno de tasas altas que reduce el apetito por activos de riesgo.
La caída no pasó desapercibida entre líderes del sector. Larry Fink, CEO de BlackRock, advirtió que “la volatilidad en criptomonedas sigue siendo un recordatorio de que no pueden considerarse sustitutos de activos seguros”. Por su parte, Changpeng Zhao, fundador de Binance, señaló que “los ajustes regulatorios son necesarios, pero también limitan la liquidez en el corto plazo”.
Por mi parte, agregaría que el número finito de bitcoins en el mercado virtual seguirá jugando a favor de un precio más alto al actual, así como su participación entre activos financieros regulados, como los ETF's (IBIT), ETF's híbridos o temáticos (BLOK) y los instrumentos futuros (BITO).
Finalmente, las declaraciones influyen en la percepción de los inversionistas y amplifican los movimientos del mercado. El movimiento de la semana pasada se extendió a otras monedas digitales, como Ethereum y Solana, que también registraron descensos significativos, evidenciando la alta correlación que persiste en el sistema cripto, y un reajuste de Bitcoin conducirá a otro movimiento alcista entre los otros activos.
Conclusión
El inicio de 2026 muestra un panorama de contrastes: mientras Banxico insiste en la cautela para garantizar que la inflación no erosione la demanda y la estabilidad económica, la Bolsa Mexicana de Valores refleja optimismo sustentado en ganancias empresariales y expectativas de crecimiento; y el mundo digital recuerda que la volatilidad es inherente a las criptomonedas.
El reto para 2026 será discernir si la prudencia monetaria logra imponerse sobre la euforia bursátil y la fragilidad digital, o si la confianza de los mercados terminará dictando el rumbo de la economía.