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Opinión

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Condenados a un bajo crecimiento

Federico Rubli Kaiser | Expectativa racional

Recientemente la Presidenta Sheinbaum sostuvo reuniones con un grupo selecto de economistas (seleccionados con quién sabe qué criterio) y luego con representantes de la banca a través de la Asociación de Bancos de México. Al margen de los pronunciamientos semioficiales, algunos participantes filtraron que a la Presidenta sí le preocupa el bajo crecimiento del PIB, la generación insuficiente de empleos y el estancamiento de la inversión. Al parecer, la reunión con los economistas fue más franca y crítica que con el gremio bancario. Sobresalen dos temas tratados en esa última reunión: primero, Sheinbaum pidió – no por primera vez – un firme compromiso del sector por financiar proyectos del Plan México y, segundo, incrementar el crédito a la micro, pequeña y mediana empresa.

La reacción del gremio fue la de “darle el avión”, pues reiteraron que están “listos, que la banca está bien capitalizada, que tienen muchos recursos para prestar”. Desafortunadamente, al Plan México le falta mucha información formal para realmente ser un verdadero “Plan”. También se comprometieron a que para 2030 la inversión total sería el 50% del PIB. Son buenos deseos sin viabilidad clara.

Acerca de proporcionar más créditos a la micro, pequeña y mediana empresa, la Presidenta peca de ingenua por desconocer la mecánica y operatividad del mercado de crédito. Cree que el crédito es una varita mágica de recursos que le sobran a la banca y que debe destinar para detonar inversiones, empleo y crecimiento prácticamente sin costo.

Alguien le debería de explicar a la Presidenta que el crédito es como cualquier mercado donde hay demanda y oferta. Ésta última son los fondos prestables que los bancos obtienen mediante su función primordial de la captación de ahorro del público. La demanda la determinan los entes productivos que requieren financiamientos para invertir en sus actividades y obtener utilidades por ello. Como en todo mercado, la organización industrial de éste es determinante para la interacción de la demanda y oferta. Esto es, influyen desde si hay condiciones de competencia intensa o monopólicas y oligopólicas, el grado de concentración del mercado, condiciones de colusión entre oferentes, grados de diferenciación de los productos crediticios, la presencia de economías a escala, la disponibilidad de tecnologías y el marco institucional y regulatorio. Dentro de ese último factor entran la confianza y certeza jurídica.

Si consideramos el lado de la demanda, la mayoría de esas características determinan el riesgo de un crédito, que se ve reflejado en su costo, es decir, en la tasa de interés. La demanda por crédito en México es baja debido precisamente a que la prima de riesgo en la tasa de interés es elevada. ¿Por qué? Principalmente por la incertidumbre institucional y política, y la ausencia de la garantía de un auténtico estado de derecho demolido por la reforma judicial. Si se quiere reactivar el crédito (i.e., su demanda), esas son las causas que deberían de corregirse. En la reunión con los economistas, al parecer se le dijo que el principal inhibidor del crédito para la inversión es la reforma judicial. Pero el daño ya está hecho y es de difícil reversa. Esa reforma, y la electoral que viene, condenarán a México a un bajo crecimiento y a una prosperidad fallida.

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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