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Hacia la catástrofe climática
Lucía Melgar | Transmutaciones
Los devastadores incendios en Francia, España, Canadá son una evidencia más de que negar el calentamiento global es un camino seguro hacia la catástrofe climática. Pese a las advertencias de científicos y organizaciones ambientales desde los años 60 y sobre todo en este siglo, persiste una tendencia a negar o minimizar los peligros que conlleva la continua degradación de la naturaleza. La apatía de gobiernos, corporaciones y sociedades, la resistencia de intereses económicos asociados con los combustibles fósiles, la agricultura intensiva, actividades industriales y un modelo de desarrollo cortoplacista que ignora la sustentabilidad han frenado transformaciones urgentes para limitar el aumento de la temperatura global y la consecuente intensificación de fenómenos naturales extremos y del riesgo inherente a diversas actividades humanas.
Los costos humanos y materiales de los desastres climáticos son ya innegables. Si bien en un mundo plagado de guerras, éstas provocan la mayor parte de los desplazamientos forzados, con 68.6 millones de personas para diciembre de 2025, los desplazamientos climáticos sumaban entonces 13.6 millones. La intensificación de conflictos bélicos este año sólo contribuirá a mayor destrucción.
Los incendios que hoy arrasan los alrededores de Madrid y Burdeos, atizados por rachas de viento, sequía y muy altas temperaturas, han convertido en cenizas miles de hectáreas de bosques, pastizales y zonas verdes, y cientos de casas. En España unas 90,000 personas han sido evacuadas o confinadas, en Francia cerca de 250,000. Muchas han perdido su casa, autos, bienes y sobre todo un modo de vida, en particular en pueblos rurales. Aunque las ciudades escapen del fuego, sufren de aire irrespirable o tóxico; los transportes se han visto también afectados. La angustia se extiende más allá de los focos activos del fuego.
A mediano y largo plazos, los efectos son graves: la región pierde infraestructura, biodiversidad, ve afectadas sus actividades económicas y la salud de la población. Con los bosques se pierde capacidad de absorción de gases de efecto invernadero. Según la agencia meteorológica francesa (France Météo) si no se frena el calentamiento global y alcanza +2.7 C grados en 2050 en Francia, los riesgos de incendios forestales se extenderán a todo el país y se alargarán los periodos peligrosos. Entre las medidas contra el cambio climático se propone electrificar los transportes y la calefacción, tomar medidas en los sectores más contaminantes y evitar la degradación de bosques, suelos y mares.
En México hemos vivido incendios recurrentes en zonas aledañas a la capital y en numerosos estados. No han alcanzado la ferocidad (o visibilidad) de los que afectan a España pero no son menores. En 2025 hubo 7016 incendios pequeños y grandes, CONAFOR prevé una temporada peor en 2026 y subraya que los incendios se pueden prevenir. Tomar medidas efectivas con personal capacitado es fundamental. Así lo demuestra el incendio del 9 de julio en San José de Comondú, BCS, donde, por negligencia en el manejo de quema de desechos del palmar, según el alcalde, se perdieron casas que formaban parte del patrimonio histórico, palmares históricos y huertas.
Los incendios, como sabemos, no son el único signo del agravamiento del cambio climático. En México, por no ir más lejos, sufrimos inundaciones, huracanes y sequías. El Estado mexicano ha participado en Cumbres Climáticas (COP) y se ha comprometido a contribuir a la reducción del calentamiento global. Sin embargo, como en otros asuntos, firmar un acuerdo no implica cumplirlo responsablemente. Así, a la par que se anuncia un auto eléctrico mexicano y se cancelan por presión social algunos proyectos turísticos aberrantes en Cozumel, se mantienen políticas contrarias al equilibrio ecológico: se ocultan fallas de Pemex, se contempla la posibilidad del fracking, se permiten desarrollos inmobiliarios insostenibles, se planea “redensificar” la CDMX... La degradación de los arrecifes, la destrucción de humedales, los proyectos del” tren maya ” de carga, la deforestación y la urbanización desordenada son entre otros, amenazas al medio ambiente y a nuestra supervivencia.